“Todos entran y todos salimos”: Travesía 2019

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Eduardo Lugo Félix

SAN LUIS RÍO COLORADO.-Año tras año es costumbre sanluisina que en finales de noviembre y en febrero se hagan las travesías por el desierto.

Cada año nuestro desierto acoge a cientos -casi miles- de vehículos especializados para atravesar las dunas con destino al Golfo de Santa Clara, partiendo de San Luis. No es de extrañar que se vean extranjeros de ciudades como San Diego o Phoenix aprovechando la experiencia expedicionaria en caravana.

Según estimaciones de Fernando Peña, el presidente de Los Mojosos -el team que será organizador de la travesía de este año-, desde hace algunos 5 años, un aproximado de 20% de los participantes son personas que vienen de fuera de la ciudad, lo que se traduce en una derrama benéfica para la economía local.

Para el actual organizador de la travesía, el trabajo comienza desde la publicidad, siguiendo con el evento de “contingencia”, en el que muestran los vehículos en exhibición un día antes de partir, finalizando con lo más difícil: ser el guía de la caravana.

Como guía, Peña considera que es necesario que todos los vehículos cuenten con cinturones de cinco puntos y tener el carro entubado, además de tener por team un extinguidor a la mano, al menos dos chalecos de extracción y un equipo de primeros auxilios; esto con la intención de evitar algún tipo de percance.

Estas medidas se deben a causa de que en años anteriores han ocurrido ya accidentes que incluso han costado la vida a travesilleros “pues el camino es un lugar impredecible, no es un terreno parejo, y las llantas no están al nivel necesario cuando entran a la arena.”

Para el guía de este año, el número al alza de accidentes tiene una obvia relación con el mayor número de participantes en la travesía, y a su vez consideró que el número de los participantes comenzó a elevarse desde la creación del Grupo de Travesilleros Organizados (GTO), que ya tiene desde el 2011.

Algunas de las preocupaciones del GTO es no perturbar la flora y fauna de la región, por lo que se fomenta el no tirar basura, y en la travesía todos siguen el paso de las llantas del conductor de enfrente, esto con el fin de evitar dañar las plantas desérticas.

Francisco Hernández del team de Los Mojosos, comenta que durante las noches de convivio se siente en la atmósfera un ambiente de camaradería muy fuerte, pues entre las carnes asadas, las cervezas y las pláticas, está la impactante vista de las estrellas y los paisajes desérticos en medio de la nada. Mientras que en el día se realizan juegos de competición entre los diferentes equipos.

Hernández recuerda que cuando ellos iniciaron como team había alrededor de unos 20 equipos, equivalente a un aproximado a 200 carros, por allá en el 2010; mientras que en años recientes el número llega hasta los casi mil.

*Pioneros

Una tradición ya de la ciudad, que tiene sus raíces históricas en las antiguas travesías que realizaban las diligencias que venían del sur del país. Así lo relató el primer guía de la primera travesía moderna, Irineo Campa Robles.

“Comenzó el 20 de noviembre de 1976, salimos 23 carros y pasamos por una odisea porque íbamos 100% a lo desconocido”, comentó Campa, refiriéndose a que, en su momento, habían pasado varias décadas ya desde los viajes de las antiguas diligencias.

“El reto fue las historias de los primeros que atravesaron el desierto de Sonoyta para acá, por allá en las primeras décadas del pasado siglo, porque lo atravesaban en carros grandes como Buicks o Cadillacs, donde venía gente agarrada de los estribos y de donde pudieran, se venían copados de gente esos carros.”

“Fue en los 60s por ahí cuando salió el libro ‘Por las rutas del desierto’ de Matrecitos, y en base a eso y a las historias de los cazadores y de las vivencias en el camino nos inspiró en gran parte a revivir esto”, continuó el legendario primer guía.

Las ya tradicionales travesías iniciaron entre amistades cercanas, siendo el Taller México, por la avenida Libertad entre calle Tercera y Cuarta, el lugar donde se planificó aquella primera travesía.

“Nos apoyamos por ser la primera vez con unas personas de Yuma, americanos que supuestamente conocían ya el desierto de Altar, pero el asunto es que éstos se perdieron y tuvieron que ponerme a mí de guía aquella ocasión, así que con mucho miedo fui guiando la caravana.”

Comentó Campa que algo curioso de aquella primera travesía, fue que varios autos cayeron en un hoyo, un banco de arena más bien, donde tuvieron que pasar casi toda la noche sacando los vehículos.

“Desde las primeras veces que fuimos, comenzamos a nombrar dunas que aún conservan el mismo nombre, esto lo hacíamos para identificarlas en los mapas, porque antes no teníamos GPS, solo una brújula sencilla; por ejemplo, en una de las primeras ocasiones, hicimos la travesía al revés desde el Golfo hasta San Luis, y de repente en una duna miramos un avión clavado desde la punta, y de ahí le llamamos ‘el avión’, donde ha sido una zona para acampar a lo largo del tiempo.”

En los 26 años que Campa estuvo guiando la travesía, siempre contaban con ingenieros, mecánicos y vehículos preparados para jalar a otros atascados, pues no podían permitir que ningún auto se quedará atrás.

El mecánico que acompaño por varios años a Campa, Rodolfo “Fito” Tovar -dueño del Taller México- fue una parte fundamental en dar forma a las travesías como hoy las conocemos.

“Mientras Irineo se iba enfrente siendo el guía, yo me iba hasta atrás cuidando que nadie se quedara o se saliera de la fila, porque si se quedaba alguien atrás era muy probable que se perdiera; y llevábamos siempre comunicación por radio por si ocurría cualquier cosa pararnos hasta que todos volviéramos a la caravana.”

“Quisimos atravesar el desierto porque nadie de los conocidos había ido para allá, básicamente quisimos hacer algo que nadie había hecho y en ese momento hasta parecía imposible, pero lo logramos”, recordó Tovar. @

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