La víbora chillando

El Eslabón Perdido

Humberto Melgoza Vega

En una verdadera encrucijada se encuentra metido el alcalde Leonardo Guillén, junto con sus funcionarios y principales colaboradores.

La que pintaba para ser la obra cumbre de su administración al último no salió como la tenían planeada, causando la inconformidad y rechazo en un importante sector de la comunidad.

La ambiciosa como necesaria obra, también es celebrada por mucha gente, personas que están a favor de que San Luis se modernice y tenga espacios nuevos, que sean atractivos para quienes aquí vivimos y para los que nos visitan de vez en cuando.

Todo iba saliendo más o menos bien, la introducción de nueva tubería de drenaje, sanitario y pluvial, la pavimentación de la calles del primer cuadro de la ciudad y la construcción de guarniciones y banquetas amplias –demasiado para el gusto de algunos—no podían menos que ser aplaudidas.

Luego la cosa se comenzó a complicar con la construcción de las famosas “orejas”, la instalación de los cajones de estacionamiento en el centro de las avenidas, la estrechez de los carriles de circulación.

Ahí comenzaron las primeras inconformidades y no solo de los priistas, como mañosamente se ha intentado manipular a la opinión pública, hay muchos inconformes, algunos militantes panistas o al menos simpatizantes que han expresado abiertamente su rechazo, tal es el caso de Yasodhara Romero, esposa de Chito Díaz, a quien dejaron sin estacionamiento frente a su negocio sobre la calle Juárez y Sexta, el doctor Ricardo Díaz Armenta, uno de los más activos opositores, no se diga Mario Guevara y los regidores Víctor Acosta y Víctor Hugo Galarza y de manera más discreta aunque no por eso menos firme, Chabelita y Humberto Cota, solo por mencionar algunos.

Pero donde la puerca torció el rabo, como dirían en mi tierra, fue con la intención de construir un andador turístico, que luego se volvió también comercial sobre la calle Tercera, lo que implicaba el cierre de esa vialidad entre las avenidas Madero e Hidalgo.

Los comerciantes inconformes, quienes sintieron que se verían afectados en su economía por el cierre de la calle, entablaron una serie de diálogos con la autoridad municipal pero al no llegar a ningún acuerdo tomaron la drástica decisión de instalar un plantón sobre la calle Tercera, paralizando de tajo la magna obra, con un avance del 90 por ciento a la fecha, que ya estaba a punto de ser concluida y que el alcalde pensaba entregar antes de que finalice su trienio el 16 de septiembre próximo.

Asesorados por el regidor Acosta Cid, un verdadero costal de mañas, muy vago en cuestiones del derecho, el cual tuerce cuando así conviene a sus intereses, los inconformes iniciaron un plantón, el cual mantienen día y noche y no se les ven intenciones de levantarse, al menos no por su voluntad.

Los inconformes están exigiendo la presencia en el lugar del alcalde Leonardo Guillén, cosa que vemos difícil que suceda y si así fuera, sería inútil porque ninguna de las dos partes está dispuesta a dar su brazo a torcer.

Ante este complicado panorama se cierran las posibilidades de llegar a una salida airosa. El 26 Ayuntamiento está en todo su derecho de interponer una demanda por la obstrucción de la vía pública, por impedir que se continúen con los trabajos de una obra que ya está presupuestada y licitada.

Es innegable que los inconformes le están causando un quebranto importante tanto a la comuna como a los constructores, quienes tienen su maquinaria paralizada y alguien tendrá que hacerse responsable de esas afectaciones.

Si el gobierno llegara a presentar la denuncia y ganarla, aunque tienen en frente a un especialista en materia de amparo, lo que procedería sería ordenar el desalojo con el apoyo de la fuerza pública.

Aunque ganas no le faltarían, si no lo creen pregúntele al Buchanan, difícilmente Leonardo se aventaría el tiro de ordenar un desalojo, para qué, no tendría caso, la administración está por llegar a su fin, y lo que menos le gustaría sería dejar un amargo sabor de boca como un gobernante autoritario, a pesar que desde el inicio de su administración pregonó que todas sus acciones las ejecutaría “juntos, sociedad y gobierno”.

La única salida viable que le queda al joven Leonardo sería heredarle el problema a su amigo Enrique Reina, lo bueno es que él ya se va, y al cabo que el alcalde electo, sin mucho tacto político, ni sentido social, ya dijo que estaba de acuerdo en todos los términos de la obra, que la respaldaba al 100 y pasadito porque era la tendencia de las grandes ciudades de Europa y del mundo, privilegiar a los peatones por encima de los automovilistas.

Estamos por ver la madurez política que ha alcanzado el aún diputado federal, si deja que el problema siga creciendo o se atreve a ceder un poco ante la inconformidad de los “enemigos del progreso”.

Discussion about this page

Platique con nosotros