CÉSAR CHÁVEZ, EL DERRUMBE DE UN MITO
Desde la tierra donde nació y murió César Chávez, ícono del movimiento chicano por los derechos civiles de los trabajadores indocumentados en los Estados Unidos, los residentes aún no salen de su estupor: tras el escándalo detonado por el New York Times que entrevistó a varias mujeres, víctimas de violación y abuso sexual, se suspendieron los festejos en su honor y las calles, bulevares, plazas y edificios públicos que llevan su nombre podrían ser cancelados.
Redacción / CONTRASEÑA
SAN LUIS, Arizona.- El condado de Yuma y la ciudad de San Luis, Arizona, cuna de nacimiento y muerte de César Chávez, viven estos días un duelo colectivo. Lo que durante décadas fue veneración absoluta al líder campesino —nacido el 31 de marzo de 1927 en el Condado de Yuma y fallecido en San Luis, Arizona el 23 de abril de 1993— se ha convertido en dolor, rabia y un profundo replanteamiento.
Una investigación del New York Times publicada el 18 de marzo de 2026 destapó acusaciones de abusos sexuales sistemáticos contra mujeres y menores durante su liderazgo en el United Farm Workers (UFW).

Las reacciones locales fueron inmediatas: cancelaciones de eventos conmemorativos, debates sobre retirar su nombre de calles, monumentos y escuelas, y el quiebre definitivo del mito del “defensor de los trabajadores indocumentados”.
Cancelado
En San Luis, donde Chávez vivió sus últimos años y donde su imagen está grabada en el paisaje urbano, el golpe fue directo. La alcaldesa Nieves Riedel canceló de inmediato el acto de inauguración de obras del “César Chávez Boulevard Multimodal Improvements Project”, programado para el lunes siguiente a las revelaciones.
“Estoy heartbroken por lo que les pasó a estas niñas y mujeres. Él era una figura icónica… pero todo era una mentira”, declaró Riedel a medios locales.
La ciudad, que honra a Chávez con un salón comunitario, el bulevar César Chávez, una calle, un centro cultural, un monumento y escuelas, ahora discute remover su nombre de todos estos sitios.
La oficial de información pública, Francia Alonso, resumió el sentimiento: “Las acusaciones son profundamente preocupantes para la ciudad y sus funcionarios electos”. La historia “es mucha aquí”, agregó, reconociendo que San Luis es “tierra de César Chávez”.
En el condado de Yuma —donde Chávez nació y donde el movimiento campesino tuvo sus raíces más profundas— también se cancelaron marchas, cenas y misas anuales.
En Somerton, el alcalde Jerry Anaya confirmó que no hay eventos programados y que el Concejo evaluará cambiar el nombre del bulevar César Chávez.
La respuesta comunitaria fue rápida y cargada de emociones: sorpresa, enojo y tristeza. Un referente de comunidades rurales en Yuma y San Luis, citado en reportes locales, describió: “Hay una ola de muchísima sorpresa, coraje, enojo… En San Luis y Yuma se cancelaron los eventos donde eran muy fuertes las marchas, las celebraciones”.
Testimonios que rompen el silencio
El escándalo no es solo rumor: son testimonios documentados, respaldados por registros sindicales, correos y entrevistas. Dos mujeres, Ana Murguía y Debra Rojas —hijas de organizadores de confianza del UFW—, hoy de 66 años, revelaron que Chávez las abusó sexualmente entre 1972 y 1977, cuando eran niñas. Ambas vivían en La Paz, el complejo sindical en California, donde Chávez las conocía desde pequeñas. Murguía dijo que comenzó a molestarla a los 13 años y le exigió silencio.
La más impactante: Dolores Huerta, cofundadora del UFW y su aliada histórica de 96 años, rompió su silencio después de casi 60 años. En una carta pública y entrevistas, Huerta confirmó que Chávez la agredió sexualmente y que fue padre de dos de sus hijos, a quienes envió a vivir con otras familias.
“Guardé silencio porque temía que nadie me creyera y no quería dañar el movimiento”, explicó. Huerta también fue una de las primeras en apoyar la investigación del New York Times, que consultó a más de 60 personas.

En Yuma, Antonio Bustamante —abogado local que marchó con Chávez, formó parte de su equipo de seguridad y conserva desde hace 35 años un retrato al agua de él en su oficina— representa el dolor de toda una generación: “Estoy tratando de entender emocional e intelectualmente mi percepción de él como un hombre extremadamente bueno, comparado con estas cosas que se dice que hizo”.
Para Bustamante, Chávez “nos dio valor” a los mexicanos que éramos mirados con desprecio. Hoy, algunos amigos ya quitaron sus imágenes. “Es como denunciar el catolicismo y quitar la foto del Papa”, comparó.
Surgen más grietas
El escándalo sexual no sólo derribó la imagen del santo laico del movimiento chicano. Resurgió otro capítulo silenciado durante décadas: el profundo desprecio de Chávez hacia los trabajadores indocumentados mexicanos, a quienes llamó despectivamente “espaldas mojadas” y vio como rompehuelgas.
Precisamente en la frontera entre Yuma y San Luis, Arizona, frontera con San Luis Río Colorado, México, Chávez impulsó en los años 70 la “Campaña de los Ilegales”.
Su primo Manuel Chávez organizó patrullas privadas (“wet lines”) con hasta 300 personas, financiadas por el sindicato a un costo semanal de hasta 80 mil dólares. Estas patrullas interceptaban, amenazaban, golpeaban y robaban a inmigrantes que cruzaban ilegalmente para reportarlos a las autoridades federales.
Chávez mismo denunciaba públicamente la llegada de “220 ilegales de México” y alentaba a delatarlos. “Era alguien abiertamente racista hacia los trabajadores indocumentados.
Subvencionó las patrullas fronterizas y alentó a la gente a denunciar activamente a los trabajadores indocumentados ante el gobierno federal”, resume la biógrafa Miriam Pawel.
Este lado oscuro —que fracturó el movimiento chicano y dividió a la clase trabajadora latina— ahora se ve bajo nueva luz. El mito del Chávez universal defensor de todos los trabajadores del campo se derrumba aquí, en su tierra natal, donde la frontera era el epicentro de sus acciones antiinmigrantes.
Legado colectivo
La comunidad de Yuma y San Luis está dividida, pero coincide en algo: el movimiento campesino no fue obra de un solo hombre. “El movimiento es lo que inspiró a miles de personas”, dijo la organizadora Gretchen Laue.
Mario Bustamante, líder sindical, lloró al decir: “Estoy muy triste… y también por los trabajadores”. La presidenta del UFW, Teresa Romero, lo resumió: “Tenemos en una mano a César Chávez, el hombre que cometió actos horribles que no vamos a justificar; en la otra, al organizador que unió a miles”.
En San Luis y Yuma, donde el sol quema los campos como siempre, los trabajadores agrícolas —muchos indocumentados hoy— siguen luchando.
El escándalo obliga a separar al hombre de la causa. El mito cayó. Queda la verdad incómoda y la lucha que, como siempre, es colectiva. @

