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El verano de Mexicali no perdona

MEXICALI, 26 de julio de 2026.- El caloron termonuclear marca cifras que rozan o superan los 50 grados centígrados, según registros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Servicio Meteorológico Nacional. 

En las calles, el asfalto parece derretirse y en los techos de los vehículos se puede freír un huevo con solo agregarle algo de aceite comestible. 

Dentro de las casas, el aire acondicionado —cuando hay luz— se convierte en un lujo de supervivencia. Pero la luz se va durante horas, a veces hasta 15 consecutivas. 

Y con ella se esfuma cualquier posibilidad de alivio en una de las ciudades más calurosas del país, sino es la que más, título nada honroso que se disputa con la hermana república de San Luis Río Colorado. Sin exagerar, es como vivir en el infierno.

El fin de semana pasado, colonias enteras como Haro Barnett, González Ortega Norte, Pedregal, Roma, Vallarta, Hípico e Hidalgo reportaron interrupciones prolongadas. En Haro Barnett, vecinos documentaron más de 15 horas sin suministro en pleno pico de calor de casi 50 °C. Un tráiler derribó un poste en el Valle de Mexicali y dejó sin electricidad a unas 600 personas en ejidos como Cuernavaca, Hechicera, Sinaloa e Islas Agrarias B, mientras el mercurio subía sin piedad. No son casos aislados. Es el patrón de cada verano, intensificado este 2026.

Pero en las colonias, cuando se va la luz y el termómetro trepa a los 48, 49 o 50 grados, la sensación es de desasosiego y abandono. 

La Red de Residenciales Unidos de BC lo resume con claridad: no basta con reconocer el problema cada verano. Se necesitan soluciones estructurales, inversión real en distribución y canales de diálogo que no se queden en el discurso.Mientras tanto, los mexicalenses siguen resistiendo. Con ventiladores que no giran, con neveras que se calientan, con la incertidumbre de cuándo regresará la luz. En una ciudad donde el calor extremo ya no es noticia, sino rutina mortal, los apagones se han convertido en el enemigo invisible que multiplica el riesgo. Y el verano, apenas en su punto más álgido, todavía no termina.