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La clave de la información

Comunidad LGBT, avanza en campo minado

El 28 de junio de 1969 se dio ese primer enfrentamiento entre miembros de la comunidad LGBT y policías de Nueva York que realizaron una redada en un bar. Ese hecho se toma como el inicio histórico del movimiento para lograr la igualdad y la tolerancia hacia la diversidad sexual. A 57 años de los disturbios de Stonewall: ¿Ha avanzado el respeto por los derechos homosexuales?

Juan José Razzo

México es un país tradicionalmente intolerante. Desde su constitución histórica fue y es xenófobo, y ahora resulta sumamente misógino y particularmente homofóbico. En Sonora, la intolerancia hacia las preferencias sexuales distintas es terriblemente profunda. Esa homofobia nace en el hogar. Los padres siembran en sus hijos la animadversión a lo distinto; la ignorancia generalizada sobre cómo se desarrolla la orientación sexual en los seres humanos la incuba, y el rechazo clerical la alimenta, de acuerdo con estudios del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

La opinión condensada sobre la homosexualidad está tejida por el catolicismo. No es novedad: para la Iglesia católica la homosexualidad es un pecado mortal que busca combatir, erradicar o, en su defecto, deslegitimar. El homosexual, en consecuencia, aparece como un ser que carece de todas las virtudes y valores morales y éticos que la Iglesia —sólo en discursos— suele presumir, y acumula en él todos los antivalores que dice querer suprimir.

La experiencia de una integrante de la comunidad Yoko Divine, cantante y presentadora de espectáculos artísticos de San Luis Río Colorado, relató su experiencia como mujer trans: “Soy una chica trans y he llevado solicitudes a tiendas, comercios y diferentes lugares para empleada de mostrador o caja. Sólo reciben mi solicitud y nunca me llaman”. Incluso, contó, al llegar a las oficinas la ven y le dicen que ya no hay vacantes, aunque el letrero pidiendo personal siga afuera.

Gay Parade en la CDMX. Foto Osvaldo Palazuelos.

Aun en 2026, estimó que las cosas siguen lentas en cuestión de inclusión. “Yo trabajo haciendo labor social y he solicitado apoyo a los grupos con los que colaboro o colaboré para que asistan apoyando las marchas LGBT que se llevan a cabo cada año y no recibí apoyo de ninguno”.

Colaboró con grupos que defienden los derechos humanos de manera independiente y tampoco recibió respaldo. “Por el contrario, recibí discriminación por parte de integrantes de grupos de ayuda a derechos humanos. Imagínate”.

La invitaron a participar en la defensa de los derechos de la comunidad LGBT y ahí mismo recibió discriminación de hombres y mujeres. “Solicité ayuda y no se me apoyó”. Decidió salirse de esos grupos porque sólo la invitaron “para ocupar una silla” y optó por trabajar por su cuenta.

Sobre las fuerzas del orden, apuntó que los policías ahora los tratan un poco mejor. Antes bastaba con vestirse de mujer para ser detenida y llevada a las celdas municipales. “Ahora eso ya no es posible; tampoco nos pueden discriminar ni portarse groseros, pero siempre las personas trans somos un punto fijo para detenernos con cualquier pretexto. Sí cambió un poco: antes sólo te subían sin avisar”.

En hospitales y lugares como el INE ya hay más consideraciones. “Al llamarnos para pasar a solicitar algo se nos llama por nuestros apellidos y no con nuestro nombre de pila, que originalmente es nombre de hombre”. Valoró que, en la mayoría de los lugares de atención al público de las instituciones, sí se respetan más las diversidades de las personas trans gracias a que existe más información que antes.

Contexto histórico

Para hablar de los avances de la comunidad LGBT en Sonora es necesario ubicarse en el contexto histórico que arranca el 28 de junio de 1969, cuando por primera vez se luchó contra el sistema que perseguía a quienes transgredían lo establecido en género y sexualidad, explicó Andrea Zatarain Olivas, egresada de la maestría del Posgrado Integral de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora.

A ese acontecimiento se le conoce como los disturbios de Stonewall, en Nueva York. Esa manifestación dio lugar a que a principios de los años setenta naciera en México y en otros países de Latinoamérica el Frente de Liberación Homosexual. “Consecuentemente, aparecieron agrupaciones lésbicas como Ákratas, Lesbos, Oikabeth, y gays como Sexpol y el FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria), por mencionar algunas de nuestro país”.

Así, el movimiento LGBT gestó un activismo de lucha política sin precedentes que disparó la conciencia política en busca de la plena ciudadanía, el respeto a los derechos humanos, la no discriminación, la inclusión y la transformación social.

El origen. Foto: Getty Images

En Sonora, las personas que viajaban a Estados Unidos comenzaron a enterarse del movimiento y surgió la noción de formar parte de una comunidad internacional. “Éste fue uno de los primeros efectos que tuvo el movimiento en la región: la conciencia de pertenecer a una comunidad mundial. Sin embargo, el paso hacia la formación de organizaciones civiles tomó mayor tiempo y se vio afectado por la epidemia del SIDA en los ochenta”.

No fue extraño, agregó, que se fortaleciera un ala conservadora y homofóbica de la sociedad que dificultó la auto-organización.

Aun así, aparecieron organizaciones como Acción Ciudadana contra el SIDA (Acsida) y De Ciertos Amigos, la primera organización de hombres gays en Sonora, impulsada por el antropólogo norteamericano David Eyne.

A finales de esa década, la conciencia sobre la diversidad sexual se vio estimulada por la obra de escritores como Darío Galaviz y Abigael Bojórquez, por grupos de danza contemporánea y por la producción académica, que en conjunto construyeron un lenguaje distinto y público.

En los años noventa hubo esfuerzos de instituciones como El Colegio de Sonora, la Red Fronteriza de Salud y Ambiente y la propia Universidad de Sonora. En 1992 se presentó públicamente en la Sociedad Sonorense de Historia la tesis de licenciatura en Sociología de Guillermo Núñez, Sexo entre varones, que abrió la conciencia sobre la homosexualidad y el campo sexual en Hermosillo.

Otra mirada hacia el respeto de todos

Alejandra Calvo Fonseca, ecóloga, activista LGBT y reina del orgullo gay, expresó que la lucha por los derechos de la comunidad todavía no termina, aunque ya se han logrado grandes avances en todo el mundo. “Hoy en día hay mucha más visibilidad que antes, y eso se nota en cambios reales: por ejemplo, ya se permite el matrimonio igualitario en muchos países, y personas de la comunidad han llegado a ocupar cargos públicos importantes, demostrando que tienen mucho que aportar a la sociedad”.

Pero a pesar de estos logros, siguen ocurriendo actos de violencia y discriminación. Muchas veces esto nace por falta de comunicación y de entendimiento: no se comprende que la orientación sexual y la identidad de género son una parte natural de la personalidad humana, igual que la forma de pensar o el carácter.

“Gran parte de los prejuicios vienen de creencias equivocadas sobre lo que significa ser parte de la comunidad. En mi opinión, también influyen mucho algunas interpretaciones religiosas y la idea rígida de lo que se considera ‘normal’. Pero lo ‘normal’ no debe ser una regla que excluya a nadie: lo verdaderamente humano es respetar y valorar a cada persona tal como es”.

Lo que desea es “que construyamos una sociedad basada en el respeto mutuo, donde pongamos en práctica valores fundamentales como la empatía y la tolerancia. Que entendamos que todos merecen los mismos derechos, las mismas oportunidades y vivir sin miedo ni rechazo”.

“Todavía hay mucho por hacer, es cierto. Pero vamos avanzando, paso a paso, por el buen camino”.

En San Luis, dijo, no ha tenido eventos de discriminación, al contrario, siempre se han referido a ella con respeto. Sin embargo, ha sido testigo de comentarios homófobos en redes sociales y sabe que para muchas chicas y chicos trans todavía hay mucho por hacer.

“Creo que todo depende de cultivar valores como la empatía y el respeto por las diferencias: aceptar a cada quien como es, y centrarnos mejor en lo que cada uno puede hacer por nuestra sociedad, más que en juzgar cómo es”. @