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Alerta general por amenaza de “El Niño”

El Niño se fortalece y pone en alerta a Baja California y Sonora de cara al último trimestre de 2026. Autoridades se preparan para evitar catástrofes como las de los años noventa, que dejaron muerte y devastación, sobre todo en Tijuana.

Humberto Melgoza Vega

MEXICALI.- Un fenómeno de El Niño de intensidad excepcional se consolida en el Pacífico y se perfila como uno de los más potentes de las últimas décadas. Según los más recientes diagnósticos del Centro de Predicción Climática de la NOAA (Estados Unidos) y del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de México, existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance la categoría de “muy fuerte” durante el otoño e invierno de 2026-2027.

Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026 se estima incluso un 69 % de probabilidad de que supere los registros históricos desde 1950, con anomalías de temperatura superficial del mar que podrían superar los +2.5 °C en la región Niño 3.4.

El Niño consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental. Esta alteración modifica la circulación atmosférica global: el chorro subtropical se desplaza hacia el sur y favorece el ingreso de sistemas de humedad hacia el noroeste de México.

Las inundaciones de 1993 y 1998 en Tijuana. Fotos Archivo.

En la práctica, para Baja California y la franja costera y norte de Sonora esto se traduce históricamente en lluvias invernales por encima del promedio, a menudo concentradas en periodos cortos e intensos, acompañadas de un mayor número de frentes fríos.

Los modelos y las perspectivas estacionales coinciden en que el último trimestre de 2026 y el inicio de 2027 podrían traer precipitaciones significativamente superiores a la media en Baja California y parte de Sonora.

El SMN ha señalado que, a partir de octubre, la interacción de El Niño con la temporada de frentes fríos generaría condiciones más lluviosas en el noroeste del país. Estados como Baja California, Sonora, Chihuahua y la frontera norte aparecen entre los más expuestos a aguaceros por encima de lo normal.

En el caso de Baja California, verano seco e invierno moderadamente lluvioso, un evento de esta magnitud puede duplicar o triplicar los acumulados anuales en periodos cortos. En Sonora, especialmente en la costa y el norte, también se anticipan lluvias invernales más abundantes, aunque con mayor variabilidad espacial.

Al mismo tiempo, se esperan oscilaciones térmicas marcadas: periodos de calor residual al inicio del otoño, seguidos de descensos más pronunciados por el paso de masas de aire frío. Científicos de la UNAM han advertido que la combinación de El Niño con el calentamiento global de fondo eleva la probabilidad de registros térmicos extremos en distintas regiones del país.

El recuerdo de 1993 y 1997-98 en Tijuana

La memoria colectiva de Baja California está marcada por dos episodios previos asociados a El Niño. En enero de 1993, durante un evento moderado, lluvias intensas acumularon alrededor de 210 milímetros en dos semanas en la zona de Tijuana. Un solo día llegó a registrar 87 mm.

Las inundaciones y deslaves afectaron sobre todo colonias asentadas en cañones y laderas. Las cifras oficiales y periodísticas de la época sitúan el saldo en al menos 30 muertes, miles de damnificados y daños materiales millonarios.

Zonas como el Cañón Johnson, colonias populares y áreas cercanas al río Tijuana quedaron devastadas; el drenaje insuficiente y la ocupación de cauces agravaron la tragedia. Cinco años después, El Niño volvió recargado en 1997-98 generando otra temporada de tormentas invernales.

En febrero de 1998, las lluvias intensas y deslaves provocaron al menos 13 muertes en Tijuana y Rosarito, cientos de evacuados y daños generalizados en barrios marginales. Los estudios posteriores documentaron que las cuencas urbanas saturadas y la falta de infraestructura de contención multiplicaron los efectos.

Estos antecedentes explican por qué las autoridades actuales mantienen una vigilancia especial sobre el desarrollo de El Niño 2026-2027.

Preparativos de gobierno y Protección Civil

En Baja California, la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC), encabezada por Salvador Cervantes Hernández, ha intensificado el monitoreo desde meses atrás. En julio de 2026 se instaló un Puesto de Comando Interinstitucional con participación de la Coordinación Nacional de Protección Civil y la gobernadora Marina del Pilar Ávila.

La estrategia incluye la revisión permanente de mapas de riesgo, priorización de zonas vulnerables a inundaciones e inestabilidad de laderas, y el exhorto a los municipios para activar sus consejos de Protección Civil y conformar reservas estratégicas de insumos.

Las autoridades estatales han señalado explícitamente la necesidad de prepararse ante escenarios similares a los de 1992-1993. Se mantiene vigilancia sobre el comportamiento de El Niño y se refuerzan protocolos para la temporada invernal, incluyendo la verificación de refugios temporales y el seguimiento de cauces de ríos y arroyos.

En Sonora, la Coordinación Estatal de Protección Civil mantiene alertas preventivas ante lluvias intensas, especialmente en el sur del estado, donde se han identificado puntos críticos de inundación en municipios como Bácum, Empalme, Guaymas, Huatabampo y Navojoa.

El gobierno estatal y federal han activado operativos coordinados para la temporada de lluvias y ciclones, con pre-posicionamiento de equipo de rescate, víveres y personal especializado.

Aunque gran parte de la atención actual se centra en el monzón de verano, las autoridades ya contemplan el escenario de un otoño-invierno más lluvioso por efecto de El Niño, con impacto potencial en la agricultura de ciclo otoño-invierno.

Tanto a nivel federal como estatal se insiste en la cultura de la prevención: evitar el cruce de corrientes, no arrojar basura a cauces, mantener limpios los drenajes y atender los avisos oficiales.

El Atlas de Riesgos y los sistemas de alerta temprana constituyen herramientas centrales para reducir la vulnerabilidad de la población asentada en zonas de alto riesgo.

El desarrollo de este posible “Súper Niño” aún tiene meses por delante. Los modelos siguen actualizándose y la incertidumbre propia de los pronósticos estacionales obliga a un seguimiento constante.

Lo que sí parece claro es que Baja California y Sonora enfrentarán un último trimestre de 2026 con mayor probabilidad de lluvias atípicas y condiciones meteorológicas extremas, y que las lecciones de 1993 y 1997-98 siguen presentes en la planeación de las autoridades de protección civil. @