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SAN LUIS RÍO COLORADO, DE LA GUERRA SIN CUARTEL A LA PAX NARCA

Como parte de la estadística que refiere la considerable reducción del homicidio doloso en el país, San Luis se mantiene con una tendencia sostenida a la baja, ya sea por la coordinación entre corporaciones, como también por la tregua pactada entre grupos del crimen organizado (CO), quienes se repartieron y ahora comparten la plaza. Además, el ejército de sicarios se fue a pelear la guerra en Culiacán, donde comparten un enemigo en común que son Los Chapitos, hijos del legendario capo El Chapo Guzmán.

Humberto Melgoza Vega

SAN LUIS RÍO COLORADO, 18 de mayo de 2026.-
 Como parte de la estadística que refiere la considerable reducción del homicidio doloso en el país, San Luis se mantiene con una tendencia sostenida a la baja, ya sea por la coordinación entre corporaciones, como también por la tregua pactada entre grupos del crimen organizado (CO), quienes se repartieron y ahora comparten la plaza. 


Además, el ejército de sicarios se fue a pelear la guerra en Culiacán, donde comparten un enemigo en común que son Los Chapitos, hijos del legendario capo El Chapo Guzmán.
Hasta hace un par de años, quizás poco menos, la nota roja era el pan nuestro de cada día: balaceras en la noche y a plena luz del día, ejecutados por aquí, levantones por allá, cuando la guerra por la plaza se encontraba en todo su apogeo.

Escenas que parecen lejanas.


Más que pelearse la plaza de San Luis, frontera estratégica por su entrada al estado de Arizona, la principal ruta de entrada de drogas hacia los Estados Unidos, la guerra se extendió hasta el Golfo de Santa Clara, punto de desembarque de cargamentos que llegan vía marítima desde Sinaloa, y el valle de Mexicali, gigantesca pista clandestina donde aterrizan avionetas cargadas de puro ambiente, con el brinco a tiro de piedra hacia California.


El pleito a muerte entre el clan de Los Salazar, entonces aliados con el cártel de Los Chapitos, y Los Rusos, comandados por Juan José Ponce Félix o Jesús Alexander Sánchez Félix, quienes tienen línea ascendente con La Mayiza, la familia del capo Mayo Zambada preso en los Estados Unidos, dejó alrededor de mil muertos durante esos años aciagos.


Hoy en día, la novedad es que el número de homicidios dolosos ha caído a un mínimo histórico. 
Las autoridades federales y estatales lo atribuyen a la efectiva coordinación entre corporaciones, al fin de la política de “abrazos, no balazos” y la llegada al mando de Omar García Harfuch, aunque en esta frontera donde prevalece la figura del Mando Único Policial influye de sobremanera otro factor del que poco se habla —y menos se publica—, pero que es un secreto a voces.


La tregua o cese de hostilidades entre el grupo de Los Salazar, ahora llamados Cártel Independiente de Sonora luego que salieron mal y se desligaron de Los Menores, y de Los Rusos, quienes prácticamente borraron del mapa a otros actores locales como Los Garibay, ha servido para que San Luis Río Colorado haya dejado de ser un foco rojo intermitente y volverse una ciudad tranquila, relativamente segura.


Antes de izar la bandera blanca, quizás una de las medidas más pragmáticas entre grupos de la mafia, antes de que terminaran exterminándose entre sí, la región era considerada literalmente una zona de conflicto armado. El triángulo formado entre San Luis, Golfo de Santa Clara y los valles era un sangriento campo de batalla que mantenía en vilo a toda la sociedad.


Mientras que los grupos del crimen organizado hacían una limpia sistemática de rivales, narcomenudistas que no se alineaban, operadores históricos que se resistían a la nueva realidad, policías en activo, empresarios y “daños colaterales”, los residentes se autoimpusieron un estado de sitio.


En San Luis, la gente dejó de hacer su vida nocturna, los padres de familia no permitían que sus hijos anduvieran solos en la calle, la gente de Mexicali dejó de visitar la ciudad o lo hacían con el Jesús en la boca, mientras que los residentes del otro lado simplemente dejaron de cruzar la frontera, causando una severa afectación económica entre el sector turístico y de prestadores de servicios.


Si la gente no venía a San Luis, menos se atrevían a visitar el Golfo de Santa Clara, donde ocurrieron sucesos como el ingreso del convoy de más de 30 unidades con gente armada para asesinar a los operadores locales, y el intento de despojo a punta de bala a turistas que miraban con camionetas nuevas y placas americanas.


Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública y reportes del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Sonora, tan solo en esta frontera se registraron alrededor de mil homicidios dolosos en ese periodo, sin contar los que se perpetraban en el Golfo y las comunidades de ambos valles.


El inicio de las hostilidades coincidió con el cambio de gobierno y el ingreso pleno de un nuevo grupo que tenía años operando en el resto de Sonora. 
“Son muy bélicos”, así los describió entonces a este reportero un veterano policía que ya se encuentra en retiro.


Conforme pasaban los años, las hostilidades y el número de muertes violentas fueron escalando, de solo 30 en 2018, la calma antes de que iniciara la tormenta, a 98 en 2019, cuando estalló la guerra y que representó un 227 por ciento de incremento.


Para 2020 la cifra de homicidios dolosos se redujo a 61, una baja temporal marcada por el inicio del confinamiento por la pandemia del Covid-19, pero en 2021 se recrudeció la batalla, al subir a 125 crímenes en ese año.


De ahí en adelante se desató la crisis de inseguridad con 159 crímenes en 2022; para 2023 la cifra ascendió a 189 homicidios con el sello de la mafia y para 2024, año electoral, se rompieron todos los récords al llegar a 238 asesinatos.


En ese año, San Luis concentró más del 21 por ciento de todos los homicidios violentos que se cometieron en Sonora, a niveles de zona de conflicto bélico, tan solo por debajo de Ciudad Obregón y Caborca. 


Quizás el de mayor impacto fue el crimen del comandante Gerardo Camacho, jefe de la Policía Municipal junto con su escolta Jesús Ortiz, perpetrado al mediodía del 3 de junio, justo un día después de las elecciones.


La tregua pactada


El reportaje publicado por Semanario CONTRASEÑA en octubre de 2025 sobre la supuesta tregua entre los grupos del narco que se disputaban la plaza y ahora la comparten se mantiene vigente hasta la fecha, pero con mayores detalles.


Fuentes ligadas al ámbito policiaco que comparten esta información de manera extraoficial, bajo estrictas condiciones de confidencialidad, revelan que la tregua incluye la repartición de la ciudad en dos grandes sectores.

El cese al fuego se ha respetado.


La ausencia de gente armada en las calles o cometiendo ejecuciones y levantones también obedece a que los pistoleros se concentraron en Culiacán, Sinaloa, para participar en la guerra que se libra contra Los Chapitos, y en Durango, contra el cártel de Los Cabrera.


“La calma que se vive en la ciudad es porque la tregua se mantiene, se ha respetado el acuerdo entre ellos y eso nos beneficia a todos”, manifestó una de las fuentes consultadas para la elaboración de esta pieza periodística.


Lejos de los homicidios violentos, que es prácticamente imposible ocultarlos, ya ni siquiera se sabe que se cometan “levantones”, que por su naturaleza son más discretos y las familias muchas veces tienen miedo de denunciarlos.


El último evento de este tipo se registró el primer día de abril de este año cuando un comando de hombres armados con el rostro cubierto llegaron hasta un domicilio de la avenida Quintana Roo y calle 15 donde acribillaron al “Charlie”, supuesto narcomenudista. En la misma operación los sicarios se llevaron por la fuerza a un joven de 17 años a quien posteriormente soltaron.


Además de la labor que realiza el Mando Único, formado por la Policía Estatal y la Policía Municipal, apoyados por patrullajes e inteligencia del Ejército Mexicano (Defensa), la Guardia Nacional, que ya se ve menos en las calles con la llegada de la Policía Federal de Harfuch, al igual que de la Marina, el alto al fuego y la repartición del territorio les ha facilitado el trabajo.


Lo que antes corría a nivel de rumor, con el paso del tiempo se confirma que los dos cárteles que operan en esta zona del país comparten la “plaza”: de la calle 28 hasta el Golfo y los valles de San Luis y de Mexicali controla la clica de Los Rusos, y de esa misma calle hacia el este operan Los Salazares, incluyendo la zona del Nuevo San Luis, Chulavistas, Adelitas y la salida a Sonoyta.


Esta división tiene sentido ya que la mancha urbana de San Luis llega hasta la calle 56 y con base a la información disponible el acuerdo solo incluye narcomenudeo, la venta de droga, cigarros, vapeadores y “plumas”; los mini-casinos clandestinos prácticamente dejaron de funcionar y el “brinco” hacia los Estados Unidos está libre, tanto por el corredor del Valle Imperial como por el Condado de Yuma, en donde participan algunos actores que tienen toda la vida operando en esta frontera pero que manejan bajo perfil.


Además, el tráfico de personas se ha reducido a su mínima expresión, ya que está muy difícil el cruce, con una gran vigilancia de la frontera y la instalación de un muro fortificado más otros dos cercos con alambres de navajas, por lo que el negocio se ha movido para Sonoyta y en la Baja, hacia Los Algodones, la zona de El Centinela y hasta Tecate.