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El Eslabón Perdido

 

Humberto Melgoza Vega

Luego de un mes de espanto, en el que murieron de manera violenta 9 personas, al parecer como resultado de una lucha por el control de la “plaza” en materia de narcotráfico, habíamos empezado muy bien julio hasta que mataron al oficial de la Policía Municipal, Daniel Armenta Santos.

Y otra vez resurge el tema de la inseguridad.

Cuando los grupos de narcos se andan matando entre ellos, ajustando cuentas, haciendo sus típicas limpias, no hay mucha bronca porque a eso se dedican, son kamikazes y saben a lo que se arriesgan al meterse al peligroso submundo del narco.

Pero cuando el crimen toca a la sociedad civil, o gente inocente que ni la debía ni la temía, ahí es cuando el pueblo respinga y exige vivir en paz y castigo para los responsables.

El pasado martes, para amanecer el miércoles, la violencia alcanzó a la Dirección de Seguridad Pública Municipal en la persona de uno de sus elementos más queridos y respetados, policía egresado de la primera generación del Cecap, cuando ingresó a las filas de la corporación en 1998.

Discreto, serio y reservado, Daniel Armenta era considerado un buen policía, incluso entre sus mismos compañeros de profesión.

No se sabía que anduviera enredado en asuntos turbios o pasándose de listo, jugando con fuego. Por eso causó extrañeza que lo hayan escogido para sacrificarlo.

Quizás la intención era mandar un mensaje a toda la corporación, de que nadie está a salvo y que si se lo proponen pueden atacar donde más te duele, matando a alguien de los tuyos, de los cercanos.

En radio-pasillo de la comandancia se comenta que los altos mandos recibieron una amenaza para que “sacaran” a uno de los grupos que llegó para quedarse en la plaza o se atuvieran a las consecuencias.

Ya estamos viendo las consecuencias.

En las mismas filas de la corporación existe temor y precaución, por eso no se quitan el chaleco antibalas ni para dormir, por eso los agentes no andan solos, los jefes escoltados, porque al final quedan en medio del fuego cruzado, porque no pueden estar bien con Dios y con el diablo.

Uno de los altos mandos de la Policía comentó a este columnista que quienes hayan sido, cruzaron una peligrosa raya que cambia todo el panorama.

Dicen que es momento de hacer sentir quién es la autoridad, sin contemplaciones.

El problema es que no todas las corporaciones están en la misma frecuencia, nos dice la misma fuente, los militares son los que más o menos le atoran, los marinos andan en otro nivel, la Gendarmería depende de lo que les digan los marinos y los de la Policía Federal “nomás van para salir en la foto”.

¿Y la Guardia Nacional? Bien, gracias.

La misma madrugada del crimen del oficial Armenta sus compañeros policías armaron un operativo para tratar de dar con los responsables, se dice que “reventaron” algunos domicilios que tienen ubicados como refugio de malandros, pero no consiguieron dar con los responsables.

Desgraciadamente la experiencia nos dice que si no es en flagrancia, o los minutos u horas después de cometido el crimen, difícilmente podrán ser llevados ante la justicia los agresores de este alevoso homicidio al igual que otros tantos de su tipo.

Ya no queremos seguir dando este tipo de (malas) noticias. Descanse en paz el oficial de policía, Daniel Armenta Santos.

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