Luto en la ciudad

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El Eslabón Perdido

Humberto Melgoza Vega

Entre la noche del jueves de la semana pasada y la madrugada del lunes ocurrieron dos  hechos, a cual más de trágicos y lamentables, que llenaron de luto a la sociedad sanluisina; la muerte violenta de dos jóvenes con vocación de servicio, víctimas de la locura que nos envuelve en estos tiempos violentos.

Uno, el agente de la Policía Municipal, Alex Iván Gámez Navarro, de 27 años; dos, el joven bombero voluntario, Juan José Vargas Castañeda, quien apenas comenzaba a vivir a sus 18 años. Demasiado dolor en tan pocos días

En el caso del agente Iván Gámez, la línea de investigación apunta hacia el Golfo de Santa Clara.

La noche del martes junto con otros elementos de la corporación había participado en un enfrentamiento a balazos donde resultó muerto un residente del poblado que andaba en malos pasos conocido como Pancholín.

Producto de este enfrentamiento, la policía aseguró una Suburban blindada que resintió los impactos de las armas largas que se utilizaron en la refriega.

Dos días después, Alex Iván fue emboscado sobre la calzada Constitución después de las 10:00 de la noche, cuando había salido del turno en la caseta de Campamento, ubicada en la curva de la salida de San Luis, la más cercana al Golfo de Santa Clara.

La falta de protocolos de seguridad para salvaguardar a los elementos cuya vida esté en riesgo, o que recién haya participado en eventos de alto impacto, junto con la inmadurez del agente, quien se dice anduvo alardeando que él había disparado, arrojaron un saldo negativo.

Si la muerte de Alex Iván causó conmoción entre la comunidad sanluisina –una siniestra coincidencia con los rumores desatados los días previos–, el crimen del joven bombero voluntario Juan José Vargas Castañeda le echó más sal a la herida.

Reportado como desaparecido desde el miércoles de la semana pasada, las primeras horas del lunes fue encontrado semienterrado en las inmediaciones del ejido Luis Encinas Johnson, en la zona desértica, el cuerpo de JJ, con una herida punzo-cortante a la altura del pecho y con huellas de violencia en el rostro.

Con el macabro hallazgo terminaba la desesperada búsqueda que habían emprendido sus compañeros traga-humo junto con policías municipales y de la Agencia de Investigación Criminal (AMIC) adscritos a Luis B. Sánchez, e iniciaba otro drama, el de los servicios funerarios, que acaparó la atención de toda la población, y el de la investigación para dar con los responsables de tan abominable crimen.

Todos los que conocieron a Juan José, compañeros de la escuela y de los Bomberos Rurales (Verdes), así como sus familiares, coinciden en su calidad como persona, la disposición para ayudar a los demás, amigable, solidario, juguetón, dispuesto a arriesgar su vida por la de los demás.

En la investigación que está llevando con un gran hermetismo la AMIC quedan muchos cabos sueltos respecto al móvil del crimen, donde aparece como punto de controversia un teléfono celular, pero nadie mata por un simple aparato, así fuera iPhone 20, ni siquiera los tecolines, a solo que traiga fotos o videos comprometedores.

La principal sospechosa es una mujer que ha sido exhibida en redes sociales, de nombre Laura, quien habría involucrado a otro bombero de Luis B. Sánchez, seduciéndolo con sus encantos, aunque el morro nada tiene que ver con el crimen.

La mujer, quien se dice huyó para esconderse en los Estados Unidos, donde tiene residencia legal, habría participado en una golpiza previa propinada junto con otros sujetos que viajaban en un Jeep, quienes habrían sido grabados con una cámara de seguridad de esas que hay distribuidas por toda la ciudad.

Qué había en ese celular, que supuestamente Laura le regaló a “Goyito” y que después le reclamó de mala manera, eso tendrán que dilucidarlo los agentes de la AMIC con el fin de esclarecer y castigar a los culpables de este homicidio contra un chico que no merecía morir.

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