BC: 30 años después

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El Eslabón Perdido

 

Humberto Melgoza Vega

Como dice López Obrador en su arenga para promover la revocación de mandato “el pueblo pone… y el pueblo quita”, aunque en el caso de Baja California nada más se tardaron 30 años en quitar al Partido Acción Nacional (PAN) del gobierno en esta nueva era morenista que se expande por todo el país.

Y no es que Jaime Bonilla haya sido un extraordinario candidato, porque no lo fue y menos con desplantes como rechazar su participación en los debates oficiales del IEE, para evitar el golpeteo de sus contrincantes y perder algunos puntos porcentuales en las encuestas.

De todas maneras se mantendría como puntero, gracias al efecto López Obrador que desbordó en las elecciones de 2018, en la que compitió y ganó por amplio margen la senaduría, siguió y lo arrastró en 2019 hasta la gubernatura y se proyecta al morenismo como una fuerza arrolladora aun en las elecciones del cada vez más cercano 2021.

A Bonilla le tocó agarrar al PAN ya de bajada, con un severo desgaste por el ejercicio de gobierno durante tres largas décadas, en las que Baja California pasó de ser un laboratorio de la democracia en México, símbolo de la alternancia y del desarrollo, a convertirse en una fábrica de ricos y los que ya eran ricos se hicieron millonarios al amparo del poder político.

El efecto arrollador de la ola AMLO más la cuestionada administración de Kiko Vega, que tropezó con la ley del agua, la Constellation Brands, los adeudos a los maestros, jubilados, universitarios más su insultante riqueza encontraron campo fértil en las redes sociales, desde donde se gestó la rebelión electoral que llevó a Jaime Bonilla a ser el primer gobernador emanado de un partido de izquierda.

Aunque sea por solo 2 años –o por 5, si es que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se avienta el tiro de avalar la entelequia en la que se ha convertido la “Ley Bonilla”–, de cualquier manera nuestro cabecita de algodón tijuanense ya hizo historia al sacar al PAN del Palacio, ahora es deseable que trascienda haciendo un buen gobierno.

Ruffomanía

En 1989 el ensenadense Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador emanado de un partido distinto al PRI, en este caso del PAN; era la época cuando el PRI si no ganaba, arrebataba, haciendo uso de toda suerte de fraudes electorales.

A Ruffo le convino que Carlos Salinas quisiera reivindicarse como presidente luego de haber llegado a través de un escandaloso fraude, operado por Manuel Bartlett desde la Secretaría de Gobernación con la famosa “caída del sistema”, en la que le hicieron de agua la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas.

La supuesta “concertacesión” nunca existió, lo único que hizo Salinas, con la intercesión del influyente Diego Fernández de Cevallos, es reconocer el triunfo que Ernesto Ruffo había obtenido de manera clara en las urnas; si acaso el acuerdo se hizo antes al designar a Margarita Ortega Villa como candidata del PRI, campaña que no despertó el entusiasmo de nadie y que culminó con la célebre frase acuñada por Luis Donaldo Colosio: “La tendencia electoral no nos es favorable”.  Meses después Margarita moriría de tristeza y de cáncer.

Del gabinete armado por Ernesto Ruffo, una especie de “dream team”, saldrían posteriormente varios gobernadores, el primero su secretario General de Gobierno, Don Héctor Terán Terán, quien lo relevó en el cargo en 1995 hasta su intempestiva muerte en octubre de 1998; el mexicalense Eugenio Elorduy Walther, secretario de Finanzas, gobernador de 2001 al 2007 y Francisco Vega de la Madrid, quien fue director de la Inmobiliaria del Estado –desde entonces “se hizo de mulas Pedro”—y que gobernó, por decir algo, de 2013 a 2019.

El senador tijuanense Alejandro González Alcocer entró como gobernador sustituto de 1998 a 2001 y su paisano José Guadalupe Osuna Millán fue gobernador de 2007 a 2013.

Ahora le corresponde al morenista Jaime Bonilla ser gobernador de 2019 ¿al …?

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