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La clave de la información

Inseguridad y campañas políticas

El Eslabón Perdido

Humberto Melgoza Vega

Como siempre, pero hoy más que nunca, el tema de la seguridad pública, o inseguridad, según como se le quiera ver, estará en el primer lugar del debate en las campañas políticas, un fenómeno muy delicado que debemos tratar con mucho cuidado, por el peligro que representa.

Uno de los caidos esta semana.

A pesar de los esfuerzos del gobierno federal, con la creación de la Guardia Nacional y la creciente militarización en todos los ámbitos de la administración pública, en primer lugar en el rubro de la seguridad, el crimen organizado no ha podido ser controlado y por el contrario cada vez se exhibe con mayor desfachatez.

Basta con ver algunos videos que han circulado en medios y redes sociales donde algunos grupos, en particular del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) graban videos donde muestran su poderío bélico y desfilan en caravana sin ningún pudor en algunas zonas otrora pacíficas como Guanajuato y no se diga en el siempre candente Michoacán.

La estrategia presidencial de “abrazos no balazos” no ha funcionado –y por lo visto tampoco la de “becarios, no sicarios”—y por el contrario ha sido tomada como un signo de debilidad por los cárteles que cada día avanzan más en su expansión por todo el territorio nacional, incluso más allá de nuestras fronteras.

Se trata de una administración que no ha detenido a ningún capo importante, porque no es su prioridad y cuando tenían a Ovidio Guzmán, con el que se hubieran colgado una medallita, ya que es reclamado por la justicia de los Estados Unidos, como diría el Perro Bermúdez, lo tenían, era suyo y lo dejaron ir.

La cruenta batalla entre organizaciones de la delincuencia organizada que históricamente se ha dado en Sonora actualmente se encuentra exacerbada por la nueva ruptura en el Cártel de Sinaloa, quizás la más violenta y que dejará un reguerete de cuerpos por todo el noroeste del país.

La primer gran ruptura se dio en los noventa cuando los Arellano Félix se transaron al Mayo y mataron a un compadre del Chapo en Tijuana; la otra gran ruptura se dio cuando detuvieron al Mochomo Beltrán en Culiacán, Arturo se alió con el Cártel de Juárez y hasta con Los Zetas para cebarse en su primo político.

Por culpa de Dámaso López y su hijo el Mini Lic el cártel se volvió a partir en dos y luego de la cadena perpetua contra el Chapo Guzmán, quien fue hundido entre otros por el testimonio de Vicentillo Zambada,  actualmente la pelea es a muerte entre la facción de Los Chapitos, herederos naturales por parte de su padre Joaquín Guzmán, y del señor Mayo Zambada, contemporáneo y socio de Rafael Caro Quintero.

La guerra entre los antes aliados se ha centrado particularmente en Sinaloa y en Baja California, donde también pelean con el CJNG, pero se ha sentido especialmente en Sonora, desde Ciudad Obregón, pasando por Guaymas, Empalme, con especial énfasis en la región entre Caborca y Sonoyta –donde hace un par de días dejaron cinco cuerpos sin vida tendidos sobre la carretera–,  la cual se extiende hasta San Luis Río Colorado y Mexicali, Baja California.

En esta región, limítrofe además con Arizona y con el estado de California, las células de los Salazar, con origen en Navojoa, operadores y brazo militar de los menores; y la de Los Rusos y Omegas, con línea directa con el Mayo Zambada, están en guerra por controlar el corredor entre San Luis y Mexicali, incluidos sus extensos valles agrícolas.

La pugna entre estos grupos, que ajustan cuentas y se aniquilan entre sí al que no se alínea o se pasa de… listo, han generado un ambiente de intranquilidad, atizado de manera perversa con intereses políticos desde algunas cuentas en redes sociales.

Aunque toda la crítica se centra sobre el gobierno municipal, porque son los principales responsables de lo que pasa en su ciudad, al final se trata de una responsabilidad compartida, donde no se ha visto una participación decidida por parte del gobierno estatal (priista) y tampoco del gobierno federal (morenista) a través de sus cuerpos operativos donde prevalece la sospecha de la complicidad y la corrupción.

Así nunca vamos a progresar.     

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