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Los Arellano Félix… y la narcoviolencia en San Luis

EL ESLABON PERDIDO

 Humberto Melgoza Vega

En la década de los noventa, la organización criminal de los hermanos Arellano Félix, que en su época de esplendor se conoció como el Cártel de Tijuana, era la más poderosa y peligrosa de México y del Continente Americano.

Desde Baja California, donde levantaron un imperio merced a la estratégica vecindad con San Diego, Los Ángeles y en general el Golden State, de las economías más dinámicas del mundo, llegaron a controlar la mitad del país con las millonarias ganancias que les dejaba el tráfico de cocaína que les proveía directamente las FARC colombianas.

Eduardo Arellano. Fin de una leyenda.

A base de cañonazos en dólares o literalmente a balazos, trajeron asolado al Estado mexicano y lo mismo compraban gobernadores, procuradores, jueces, ministerios públicos, comandantes, policías y los que no se alineaban sencillamente los desaparecían del mapa.

“Fueron los Arellano”, llegó a convertirse en una frase que se repetía de manera frecuente cuando trascendían los homicidios más atroces, aunque no siempre eran de su autoría. Como dijera el dicho, cría fama y échate a dormir.

De ser unos juniors acomodados en Guadalajara, a donde emigraron temporalmente de su natal Sinaloa, en los ochenta se movieron a Tijuana y ahí fue donde comenzaron a escribir su impactante historia.

En 1989, cuando los viejos capos ya habían caído en desgracia por el asesinato del agente de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena, como Don Neto y Rafael Caro Quintero, desde la carcel Miguel Ángel Félix Gallardo organizó una narco-cumbre en Acapulco en donde repartió las principales plazas en el territorio nacional.

Aunque el veterano periodista Pepe Reveles apunta que el reparto fue autorizado por Guillermo Gonzalez Calderoni, poderoso comandante de la Judicial Federal, asesinado en McAllen en 2003.

De acuerdo a la versión más difundida, Miguel Angel heredó a sus sobrinos los Arellano  la joya de la corona, Tijuana, la frontera con más cruces del mundo; Tecate, donde comenzaron los primeros pasadizos subterráneos, le tocó al Chapo Guzman.

Mexicali fue para el ex miembro de la Dirección Federal de Seguridad –la temible DFS–, Rafael Chao López; San Luis Río Colorado le correspondió al Güero Palma; Nogales y Hermosillo para Emilio Quintero Payán, Ciudad Juárez para los Carrillo Fuentes, sobrinos de Don Neto y a Ismael “El Mayo” Zambada se le asignó Sinaloa.

Aun en su época de esplendor, cuando eran la organización criminal más famosa y poderosa del mundo, los Arellano Felix tenían vedado meterse a San Luis Río Colorado, donde siempre ha reinado el cartel de Sinaloa, porque estaban muy bien pertrechados la gente del Güero, El Chapo y Amado Carrillo.

Primero con el magnicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas en 1993 y luego con la emboscada contra el periodista Jesus Blancornelas en noviembre del 97, comenzo el declive del Cartel de Tijuana, que para no estigmatizar aún más a la ciudad del pecado las autoridades cambiaron su nombre a Cartel Arellano Felix CAF, –AFO, para los gringos.

Primero mataron a Ramón Arellano en febrero de 2002 en pleno carnaval de Mazatlán, un mes después Benjamin Arellano fue detenido en Puebla, luego cayó el Tigrillo en Baja Sur, Eduardo Arellano en Tijuana… y cuando había recobrado su libertad Francisco Rafael fue asesinado en Los Cabos por un sicario que llegó a la fiesta disfrazado de payaso.

La imagen de Eduardo Arellano Félix, detenido por la FGR luego de ser deportado a México tras cumplir su condena en Estados Unidos, ilustra de manera gráfica el ocaso de los capos que un tiempo se sintieron intocables. 

*Doble crimen contra municipales

Al filo de la medianoche se registró un ataque armado en contra de un agente de la policía municipal de San Luis Río Colorado, quien había salido de su turno y viajaba en su carro particular.

En la agresión, donde perdió la vida el uniformado Marin Estrada, también falleció otra agente de policía del sexo femenino, Griselda Barraza, a quien le estaba dando raite luego de que ambos salieron de trabajar. 

El atentado dirigido contra Marin Estrada se registró en la avenida Libertad y 42 y participaron al menos dos vehículos con gente armada.

Autoridades de los tres niveles de gobierno activaron el código rojo en la ciudad para ir en busca de los agresores, sin que hasta el momento hayan detenido a los implicados.

  

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