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La clave de la información

Mejor risa que tristeza

El Eslabón Perdido

Humberto Melgoza Vega

Siempre ha habido modas controversiales, algunas son pasajeras y hasta inofensivas, como las de los hippies y la música disco; y otras perduran con el paso del tiempo y que pueden llegar a ser nocivas y hasta nefastas, como las de las buchonas y los narcocorridos.

Al menos en la última década hemos pasado del movimiento alterado, canciones que hacían verdaderas apologías del crimen, en donde resaltaban las “hazañas” de convoyes con gentes armadas, ejecuciones y decapitados; a los corridos “tumbados”, interpretados por cantantes con pinta de cholos que narran un mundo violento lleno de drogas.

Santa Fe Klan.

En la radio los narcocorridos llegaron a ser censurados por el mensaje negativo que mandan e incluso algunos grupos fueron vetados como Los Tucanes, quienes fueron desterrados de Tijuana por el entonces secretario de Seguridad Pública, el polémico teniente Julián Leyzaola.

Primero la culpa era de la televisión, la llamada caja idiota de resonancia, reproductora de estereotipos y de productos chatarra, luego vino el internet con acceso ilimitado a todo tipo de contenidos pero el acabose llegó de la mano de las redes sociales.

Ahora resulta que las “buchonas” están de moda, mujeres voluptuosas, entre naturales y operadas, quienes gustan de vivir la vida loca, aunque a menudo sean utilizadas como objetos y en el peor de los casos desaparecidas o asesinadas, a manos de sus galanes ocasionales o en medio de un fuego cruzado, por estar en el lugar y con las personas equivocadas.

Tristemente vemos que nuestros jóvenes –y no tanto– se enganchan con series basura como El Señor de los Cielos, Sin tetas no hay paraíso y La Reina del Sur, por citar algunas, y cargan en sus iTunes y Spotify corridos con temática de mafiosos en donde romantizan la narcoviolencia.

Desgraciadamente somos un reflejo de lo que consumimos.

Los morros de ahora, muchos –qué bueno que no todos–, alucinan creyéndose los hijos del Chapo Guzmán; con ropita de marca y toda la indumentaria, adoptan hasta el modito de andar y la terminología de los “viejones”; mientras que las chicas, buscan ser la imagen y semejanza de Emma Coronel, con una vida excéntrica llena de lujos, aunque sea efímera.

Estos chamacos, menores de edad, algunos que apenas frisan los 18 años, son presa fácil del crimen organizado, omnipresente en nuestra sociedad, con sus troconas de modelo reciente, aunque sean robadas o con placas de la onapafa.

Final feliz.

Deslumbrados por el poder de las armas y el dinero fácil ni cuenta se dan cuando ya pasaron de escuchar la música y mirar las series a vivirlo en carne propia como personajes de la vida real.

Hace unos días todo el pueblo se mantuvo en vilo por la desaparición de un joven quinceañero, de quien se creía había sido “levantado” por integrantes de la delincuencia organizada.

En base al testimonio de testigos presenciales, al chico se lo llevaron por la fuerza un grupo de hombres armados, quienes viajaban en vehículos oscuros como la noche, con vidrios polarizados hasta el parabrisas.

Luego de varios días, en los que tenía rezando, al borde de un ataque de nervios y con lágrimas en los ojos tanto a familiares, amigos y hasta desconocidos, sensibilizados por el clima de inseguridad que se vive a lo largo y ancho del país, el mozalbete apareció sano y salvo al sur de la ciudad y de acuerdo a la versión de la autoridad, se encontraba en estado de ebriedad.

“Da risa, pero es mejor que dé risa y no tristeza a una familia y a todos, porque a todos nos duele el sufrimiento de un padre y una madre”, escribió en Facebook Elvira Flores Jiménez, cuando se conoció el desenlace que pudo haber terminado en tragedia.

“Es preferible un susto a una pérdida irreparable…”, comentó Marina Montiel y así por el estilo fueron la mayoría de los comentarios en donde también hubo consenso de que el chamaco se merecía un castigo equivalente al sufrimiento que provocó a sus seres queridos.

Al final todo quedó como una simple anécdota, porque hay muchas madres que ya no vuelven a ver a sus hij@s y la moraleja que nos deja es que ya no miren tantas películas y a los padres de familia, que cuiden mejor esas “amistades”.

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