Los verdaderos jefes del narco: el diario secreto de Vicente Zambada

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Con el nuevo libro de Anabel Hernández no queda ninguna duda que el verdadero jefe de jefes del narco en México, al menos en los últimos 40 años, ha sido El Mayo Zambada, apoyado por el gobierno a cambio de millones de dólares. También, gracias a los escritos entregados por Vicente Zambada, se confirma que Mexicali es plaza estratégica para el Cártel de Sinaloa y que en Sonora “El Macho Prieto” se paseaba como en su casa.

Humberto Melgoza Vega

Todavía no se secaba la tinta de El Traidor, el nuevo libro de la periodista Anabel Hernández, cuando en Texas estaba siendo detenido Genaro García Luna, el súper policía durante los sexenios de Fox y Calderón,  acusado de proteger a prominentes capos mexicanos a cambio de sumas millonarias en dólares.

Anabel Hernández fue una de las primeras periodistas que documentó la complicidad del ex secretario de Seguridad Pública federal y sus principales colaboradores con el Cártel de Sinaloa y sus jefes Ismael Zambada y Joaquín Guzmán.

Luego de la publicación de su volumen Los  Señores del Narco en noviembre de 2010, un prolijo documento de casi 600 páginas,  García Luna ordenó que la mataran, según le confirmaron agentes de la DEA, quienes la pusieron en alerta y desde entonces vive con protección oficial entre México y Estados Unidos.

En El Traidor, el diario secreto del hijo del Mayo Zambada, la escritora se adentra a las entrañas de la organización criminal más añeja y poderosa de México, pero enfocada en Ismael Zambada García, el ranchero sinaloense quien, contrario  a la creencia popular, en los años setenta inició su carrera delictiva en Los Ángeles, California y que en los 80 se instaló con todo y su familia en Tijuana, desde donde traficó toneladas hasta que estalló la guerra con los Arellano Félix.

En 1991 yo estudiaba en la ciudad de Tijuana, estaba en primer grado de preparatoria, tenía 15 año. Un día saliendo de mi casa iba a recoger a mi novia (Zynthia Borboa Zazueta) la que ahora es mi esposa. Ella vivía en Los Ángeles.

Cuando salí de mi casa, como a seis cuadras, se me cierra una van y se baja una persona que me quiere abrir la puerta y me ordenó a gritos que me bajara. Yo cerré con seguro la puerta y aceleré el carro y cuando arranqué escuché un balazo y el vidrio vi que se astilló, porque el carro en el que iba era blindado. Quince días atrás mi papá me mandó el auto y me mandó decir que no saliera a la calle si no andaba en ese carro. Era un Shadow chico, de dos puertas. No sé si era un secuestro o si en realidad me querían matar…”.

De la mano del hijo consentido de El Mayo, quien de su puño y letra narra con lujo de detalles la protección de los generales y de las policías federales, estatales y municipales, la autora nos cuenta de las guerras intestinas de lo que al inicio fue una Federación, primero con los Arellano Félix, luego con los Beltrán Leyva y los Carrillo Fuentes; y de cómo funciona la maquinaria bien aceitada de la industria de la droga a nivel internacional.

Al igual que hicieron su padre y su compadre Chapo, Vicentillo terminó negociando su entrega con la DEA para brindar información que llevara a la captura de capos enemigos a cambio de una reducción de su sentencia, aunque finalmente terminó por hundir a Joaquín Guzmán durante el juicio del siglo que se llevó el año pasado en Nueva York y de paso reafirmó que El Mayo Zambada es el rey del narcotráfico en México, veterano de 72 años que nunca ha pisado una cárcel.

La historia fue reconstruida a partir del diario escrito desde la cárcel por Vicente Zambada y entregado en enero de 2011 por el abogado del cártel Fernando Gaxiola junto con el dibujo del reo con el uniforme naranja reglamentario, con la cara pintada de payaso y que asemeja un auto-retrato.

Por su cuenta, Anabel Hernández consiguió documentos y realizó una serie de entrevistas para contrastar los datos y 9 años después publicó El Traidor, edición que está volando de los estantes de las librerías porque arroja nuevos datos de la histórica alianza entre el gobierno y fuerzas del orden con los principales narcos del país.

Soy el hijo del Mayo Zambada

Mi papá es Ismael Zambada García. El Mayo es su sobrenombre más común, pero también le dicen el Padrino, la Doctora, la Señora y las personas más cercanas, como mi compadre Chapo, lo llaman la Cocina, era un código que se usaba en el teléfono para hacer referencia a mi padre. Mi padre es el líder del Cártel de Sinaloa…”.

Así inicia su relato Vicente Zambada Niebla, quien a los 22 años ya estaba convertido en un joven capo con línea directa al mero jefe, que era su padre El Mayo Zambada, y con el tiempo, aun sin desearlo, en su brazo derecho y hábil negociador político.

La organización sinaloense, agrupada desde la década de los setenta, vivió su esplendor en los noventa, cuando todo funcionaba como una gran familia del crimen, con lazos familiares y de compadrazgo.

En la primera línea estaban Ismael Zambada García, Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Juan José Esparragoza Moreno, ”El Azul”, Amado Carrillo Fuentes, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, Jesús Héctor “El Güero” Palma Salazar, Ignacio Coronel Villarreal, los hermanos Arellano Félix y los Beltrán Leyva… hasta que estalló la guerra.

De los atentados en el Bail Hai, en la discoteca Christine, de Puerto Vallarta y en la balacera del aeropuerto de Guadalajara, donde murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo –un ataque directo disfrazado de confusión–, vinieron una serie de ajustes de cuentas y venganzas:  mataron a Ramón Arellano en Mazatlán, luego en Almoloya a Arturo “El Pollo” Guzmán Loera, hermano menor del Chapo, luego a Rodolfo Carrillo Fuentes “El Niño de Oro” en Culiacán y así sucesivamente.

Uno de los personajes que aparece en la trama es Gonzalo Inzunza Inzunza, el temible “Macho Prieto, quien puso al servicio del cártel su infraestructura y capacidad de fuego, además de un ingenioso método para traficar importantes cantidades de droga que importaba desde Colombia y las pasaba por todo el territorio nacional hasta llegar a los Estados Unidos.

Vicente Zambada  refiere que en 1999, por órdenes de su padre buscó a Gonzalo Inzunza. Ante el Mayo estuvo de acuerdo en bajarle a los niveles de violencia que se estaban generando en los alrededores de Culiacán y le ofreció sus servicios.

Gonzalo ofreció usar su infraestructura  de transporte para mover drogas y dinero a través de México y ofreció luchar con mi padre en contra de los Arellano Félix con quienes el Cártel de Sinaloa estaba en guerra desde hace tiempo…”.

El Macho Prieto comandaba dos grandes grupos, uno encargado del transporte y almacenamiento de drogas, dinero y armas a través de México y en los Estados Unidos; y el otro formado por sicarios, el ala armada de la organización que protegían los bienes, territorio y personas y hacían la guerra a los enemigos.

El novedoso método implementado por el Macho y que le encantó al Mayo Zambada era a través de pipas de gasolina con el logo y papeleo oficial de Pemex, a las que les hacían un compartimento secreto donde cabían hasta 2 toneladas de cocaína, luego las escoltaban por todo el territorio nacional pagando a policías corruptos para facilitar su tránsito.

 “Gonzalo tenía un equipo especial encargado de abrir y cerrar los compartimentos secretos. Gonzalo trasladaba en avión a su equipo de un lugar a otro porque eran los únicos que sabían dónde estaban y cómo abrirlos. Los compartimentos debían ser abiertos con soplete y soldados de nuevo. En consecuencia, el proceso para abrir y cerrar los compartimentos era muy peligroso cuando los tanques estaban cargados de gasolina….”.

Zambada Niebla narró que las pipas con gasolina que eran cargadas en Culiacán eran recibidas en Mexicali por Cenobio Flores Pacheco, quien “también es conocido como Checo o Seis. Era el lugarteniente principal de Gonzalo en el equipo de transportación”.

Vicente cuenta que conoció a Cenobio desde 2000 o 2001, primero como pistolero,  chofer y mensajero general de Gonzalo hasta convertirse en su operador estrella en 2006, cuando el Mayo los mandó a establecerse en Mexicali.

“…Pacheco tenía el rol  de supervisar la recepción de las pipas cargadas de droga de Culiacán a Mexicali. Después Pacheco supervisaba el cruce de la carga a los Estados Unidos…fue promovido y comenzó a ser el responsable de recibir el dinero  y las armas que venían de Estados Unidos…algunas veces Pacheco tenía aproximadamente hasta cinco o seis toneladas de cocaína en Mexicali en espera de ser trasladadas a Estados Unidos…”.

Un par de años después, El Mayo y el Chapo, que habían comprado un enorme cargamento de mariguana y no hallaban cómo deshacerse de ella antes de que se echara a perder, mandaron a Gonzalo Inzunza a establecerse en Sonoyta, frontera con Luckeville, Arizona.

Mi padre dio a Gonzalo aproximadamente tres millones de dólares para comprar la infraestructura necesaria para cruzar la droga. Adicionalmente a la típica infraestructura de bodegas, casas de seguridad, carros, camiones, etc, Gonzalo también adquiría rampas transportables para superar rápidamente las vallas de la frontera… y así anduvo el Macho, moviéndose entre Sonoyta, San Luis Río Colorado y Mexicali hasta que en diciembre de 2013 murió abatido en Puerto Peñasco en un operativo montado por la Policía Federal y la DEA, aunque su cuerpo desapareció de la escena del crimen…@

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