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La clave de la información

Noches de lujuria en San Luis

Ramón Santoyo
 

Ella se desliza suavemente por un tubo que se conecta con la pared y el piso, se contonea al ritmo de la canción “La chica de humo” de Emmanuel y lentamente se despoja el brasier. El público, en su mayoría hombres, aplauden, sacan unos billetes, le dan un trago a su cerveza. Un chico rapado se muerde los labios, le habla, le deja un billete en su diminuto atuendo…Así son las noches de sexo y lujuria en esta ciudad de la furia.

table girls…Ella continúa paseándose, billetes de un dólar regados por toda la pista que se han caído por el movimiento que la mujer realiza, en una danza ritual deslizándose por el tubo. La canción finaliza. Sweet child o’ mine de Guns n’ Roses comienza a sonar estridentemente con el intro de guitarra característica de Slash. “Mary” -el nombre artístico de la chica- imprime mayor intensidad a sus movimientos felinos, los hombres aplauden como focas, pretenden comérsela con la mirada, no pierden detalle, en sus ojos proyectan un eufórico deseo.

Entro al bar en compañía de un amigo, entre ambos pagamos 60 pesos en taquilla. A lo lejos se miran las mujeres en diminutas ropas, apenas lo indispensable para no andar desnudas, quienes se pasean por toda la planta mientras Rammstein suena a todo volumen. 

Mi amigo y yo nos acercamos a la barra, pedimos dos cervezas, de mi cartera saco 50 pesos, al momento de pagar el gerente se acerca, intercepta al cantinero y dice “la casa invita”, el acto me sorprende puesto que no conocía a nadie en aquel bar para hombres; le platico que me gustaría entrevistar a alguna de las chicas para conocer un poco sobre su vida, él con un sonrisa accede, nos pide tomar asiento mientras un mesero nos lleva limones con sal y servilletas.

Dos tragos de la cerveza me tomó a mí y cuatro a mi amigo para que el gerente llegara en compañía de una chica, nos levantamos, la saludamos y nos presentamos, nada fuera de lo normal, ella se sienta con una sonrisa en su rostro que deja ver sus brakets con ligas azules que extrañamente combinan con su vaporoso atuendo.

“Será esto breve para no quitarte tu tiempo”, le comento mientras ella ríe y dice, “descuida, tómate el tiempo que quieras”. A lo lejos veo a un reportero de larga trayectoria quien platica con el gerente, sin duda él fue quien le comentó de mi presencia al encargado del lugar. La chica dice ser de Hermosillo, que comenzó en el ambiente a los 20 años debido a problemas económicos “como todas aquí”. Después hace un gesto en su rostro que sin decir una palabra se entiende que es lo normal. Ahora tiene 28.

“Una amiga me dijo que qué hacía batallando, ‘si estás guapa, anda, vente, yo te ayudo’. Pues así comencé, al principio me daba pena en Hermosillo porque era muy habitual que me encontrara con algún familiar, conocido, amigo… y me daba mucha vergüenza, no podía, digamos, desenvolverme como en otra ciudad donde nadie te conoce… entonces me mudé para acá, a San Luis”.

Con un pago fijo de 500 pesos al día, más las propinas de los clientes, privados y herraduras, sin contar algún otro servicio que ofrecen por voluntad propia, las chicas que se dedican a esta área del entretenimiento masculino podrían estarse llevando a su bolsa por lo menos mil 500 pesos diarios, por los seis días que laboran de 8:00 de la noche hasta poco antes de las 03:00 de la mañana, hacen que este trabajo luzca más atractivo que partirse el lomo en una maquiladora. 

“No todas las temporadas son buenas en las ciudades fronterizas”, matiza Mary, al percatarse de mi estupor ante sus ingresos, en una sola noche gana lo que una empleada de maquila en dos semanas. “Es a partir de septiembre y octubre, cuando comienza la temporada del campo en Estados Unidos –la cosecha de la lechuga, por ejemplo- cuando nos va mejor… la gente ya tiene feria, entonces viene aquí y recibimos muy buen dinero”.

En un artículo titulado “La actual lucha del gobierno mexicano contra la delincuencia en la frontera con Estados Unidos”, el investigador Vicente Sánchez Munguía indica que, a partir de la mitad del siglo XX el estereotipo de la frontera como showcenter se endureció en la visión de los estadounidenses, esto gracias a que distintos medios como el cine y la literatura han vendido al exterior dicha imagen creando consigo cierto misticismo en cuanto a estas zonas para realizar negocios ligados con el juego, el consumo de alcohol y la prostitución.

Además de Hermosillo y San Luis, Mary ha estado en muchos bares y “teibols” del país como en Guadalajara, Zapopan, Saltillo, Mazatlán, Nogales, Tijuana… De estas ciudades prefiere las fronterizas pues hay más “dólares”, pero al comparar entre Tijuana, Nogales y San Luis dice preferir esta ciudad vecina de Yuma, Arizona.

-Aquí está muy tranquilo, aquí no pasa nada, en Tijuana prácticamente te obligan a tener sexo con el cliente y aquí solo bailas y uno que otro privado, pero es muy tranquilo.

-Entonces ¿aquí no pasa nada?

-No, en verdad, aquí no pasa nada- y se retira para ir a hacer un “table dance”.

De noche todos los gatos son pardos 

teibols 2De noche, la luz mercurial que apenas alumbra forma una sombra extraña en el rostro de un solitario transeúnte quien luce una camiseta blanca, shorts de mezclilla y trae una cachucha de los Medias Rojas de Boston. Mientras camina el tipo voltea hacia todos lados. Son cerca de la 1:00 de la mañana, muy extraño para que un hombre camine por la calle Sexta en dirección hacia el norte de la ciudad. Voltea, vigila su caminar como si tratara de proteger su identidad, voy en compañía de un amigo quien maneja una PT Cruiser, nos le acercamos, le preguntamos por un poco de diversión, él voltea para todos lados, hace una mueca y realiza un chasquido con los dedos de su mano derecha.

“¿Qué tipo de diversión buscan?”, pregunta el fulano, midiendo el terreno. “Emociones fuertes”, le respondo realizando un guiño. 

Al tipo se le dibuja una sonrisa en el rostro y nos pide que lo sigamos. Cruza la banqueta y entra a un callejón, no supe bien si era Guadalupe Victoria o Félix Contreras. Mientras lo seguimos mi amigo y yo extremamos precauciones, no podemos confiar en nadie de esa manera. La situación se pone más tensa cuando vemos que regresa el hombre que sostiene del brazo a una mujer, platicando de no sé qué enfrente de unas cuarterías.

Nos estacionamos frente a ellos, bajo la ventana del coche del lado del copiloto, él se acerca, le pregunto que sí cuánto será, me responde que 300 pesos mientras me presenta a la mujer con quien platicaba, le calculo unos 35 años de edad, morena, delgada. “Se hace”, le respondo, mi amigo me observa con incertidumbre, le guiño el ojo.

“¿De cuánto es el paquete de 300 pesos?”, le pregunto para mostrarle que ya he estado en situaciones similares, solo para disimular mi novatez y temor, “la chica y un preservativo”, gruñe con un acento que pretende ser norteño. Los miro fijamente, saben que lo que hacen no es legal, y yo ya soy parte de aquello. Entonces le pago, me da el condón, entro al cuarto con la mujer, ella me dice que lo hagamos rápido, le pregunto que si por qué tanta prisa, “no quiero que llegue mi esposo y nos vea”. 

-Entonces ¿él quién es?

-Mi jefe.

Es un pequeño cuarto con una televisión vieja que transmite una señal en blanco y negro o por lo menos así la veo yo, con una antena en forma de ‘V’ encima, hay un colchón sin base cubierto por una cobija de jerga, el piso sin loseta, puro cemento, y un pequeño refrigerador en una esquina. 

-¿Qué tiene el refri? 

-Leche.

-¿Qué más?

-Unos cuantos huevos… ¿por qué? 

-Solo pregunto.

Se comienza a desnudar, yo no lo hago, solo me siento en su colchón, se me acerca mientras baja su sostén, le miro el cuerpo, le pido que se siente y que se vista, no entiende porque le pido eso, solo se recarga al colchón y me mira la cara, le pregunto que si cuántos hijos tiene.

-Dos.

-Edad.

-5 y 7.

-¿Dónde están?

-Con mi mamá…

-¿Cuáles son sus nombres?

-Por qué quieres saber…

-Curiosidad.

-¿Cuánto tiempo tienes haciendo esto?

-Ya muchos años, no te sabría decir con exactitud… ¿Tú no vas a coger verdad?

-No.

-¿¡Por qué chingados pagaste entonces!?

Apresurada se viste y se levanta del colchón, me dice que me vaya, me disculpo por dejarla “desvestida y alborotada” mientras me acerco a la puerta, giro la perilla y me dice con ojos vidriosos y voz quebrada, “no tengo otra opción…”, en eso entra el “jefe” o “padrote” con su cachucha de los medias rojas de Boston…

-Bien, ¿ya terminaron?

Subo al PT Cruiser con mi amigo, le digo que nos larguemos de ahí lo antes posible.

Unos datos

Los miembros de la ONU aprobaron el 8 de septiembre del 2000 la Declaración del Milenio, en donde los 193 países decidieron intensificar la lucha contra la delincuencia transnacional en todas sus dimensiones, incluyendo, claro, la trata de personas como se llama elegantemente a la prostitución.

Según los datos que arroja el Plan de Acción Mundial de las Naciones Unidas para Combatir la Trata de Personas, 134 países han empezado a penalizar el delito de la trata de personas, en el cual del 55 al 60 por ciento de las víctimas son mujeres y el 17 por ciento son niñas. El mismo documento indica que el 16 por ciento de los países que firmaron dicho plan no han registrado ni una sola condena de trata de personas entre el 2007 y el 2010.

El mismo documento arroja que dos tercios de los responsables penados son hombres y que las mujeres participan más cuando se trata de víctimas menores de edad, en América 58 por ciento son hombres frente al 42 por ciento que representan las mujeres.

En México la iniciación en este mundo por parte de los infantes bajó de los 15 a los 11 años, las personas que son prostituidas por cada “sesión” reciben menos de 50 pesos. El 67 por ciento de las prostitutas son explotadas desde niñas, el 95 por ciento de las personas tienen antecedentes de haber sido agredidos física, sexual y mentalmente, más de 20 mil niños en el país sufren del comercio sexual, 90 por ciento de ellos no concluyen la primaria y el 88 por ciento son madres de por lo menos tres niños. En México los principales consumidores de prostitución son los militares y los policías, según asegura la directora para América Latina y el Caribe de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas.

Este comercio afecta a 2.4 millones de personas y es conocido como el tercer negocio más redituable en el mundo, después del narcotráfico y las armas. Según la Organización Mundial del Trabajo se estima que anualmente  el ingreso por dicha actividad es de 32 millones de dólares.

La periodista Lydia Cacho señala como factores de riesgo “la pobreza y pobreza extrema, la educación sexual, la falta de oportunidades de educación y empleo, la promoción de la prostitución dentro del ámbito familiar o social, el traslado de mujeres y niñas procedentes de países subdesarrollados a países desarrollados, las adicciones, aislamiento y discriminación o haber sufrido abuso sexual o maltrato en la infancia”.

De igual manera sostiene que la trata de personas “es un fenómeno que se ha incrementado por la globalización en donde las organizaciones dentro del crimen organizado ya sea desde los Yakuzas en Japón, las Triadas en China y Camboya, el ejército en Birmania o empresarios y políticos en México, crean colaboración directa estableciendo redes de corrupción y complicidades en beneficio de la trata de personas”.

En el estado de Sonora dicho delito se penaliza a quien induzca, procure, reclute, mantenga, capte la privación de la libertad al aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios; la explotación mediante la prostitución ajena u otras formas de aprovechamiento sexual, la esclavitud o la mendicidad ajena. Y se paga con 6 a 18 años de cárcel, más las penas que resulten de las penas anteriores, que incluye una multa que va desde los 500 hasta los 3 mil 375 salarios mínimos.

Pura letra muerta. @

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