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La clave de la información

Una licencia “gratis” para Julia

Anunciado con bombo, platillo y fanfarrias, la entrega gratuita de licencias de conducir para jóvenes entre 18 y 20 años resulta un verdadero viacrucis para quienes las solicitan. Desmañanados, deben esperar largas horas y si les va bien los atienden el mismo día. ¿Programa electorero?, Bah, por supuesto que no.

Ramón Santoyo

Llevo una semana y media y por fin me encuentro en la fila para recibir mi licencia de manejo, cabe destacar que solo dan 50 diarias y por suerte soy la número 47. Gracias a que tuve la iniciativa de llegar a las 7:00 de la mañana. La gente se vuelve loca por una licencia de manejo, hay personas haciendo fila desde las 5:00 de la mañana. Debo informar que la secretaria entra a las 8:00 horas. Sí, en efecto, hay personas que prácticamente vinieron a acampar a este lugar para poder obtener su licencia de manejo, digo, para no estar de ilegales al volante, ya mínimo para que los policías tengan una identificación para poderte multar, digo, estamos en la administración de los valores, hay que tenerlos hasta para recibir una multa ¿no?

Tengo 21 años, por pura mala suerte no alcancé a entrar a la promoción que el nuevo Sonora se aventuró con los de 18 a 20 años al darles licencias de manejo “gratis”, -como si los 261 pesos que tienes que pagarle de impuesto al ayuntamiento no existieran, como si de eso te fueras salvar. 

Bueno, el estado anunció con bombo y platillo que todos los jóvenes (para los de Acción Juvenil, esa es la manera correcta de escribir jóvenes, no ‘jóvenes’, fíjense en sus instalaciones) tendrían la licencia de conducir gratis. Pero jamás anunció que lo barato sale caro. Y que tendrías que aventarte una semana y media en conseguirla, mientras, obviamente, yo iba en mi auto a las instalaciones de los trámites y papeleos donde la secretaria brilla por su incompetencia, sin licencia de manejar, y jamás me detuvieron, porque, obviamente, conduzco muy bien.

Pero eso no lo consideró el policía de prominente barriga quien me reprobó en mi examen de manejo, que ni siquiera es de manejo, sino un examen de 6 hojas con no sé cuántas preguntas, en donde solo saqué tres malas. Y por eso, el hombre decidió mandarme a un “curso” el fin de semana, sobre accidentes de manejo el cual aparte de durar dos horas, solo se trató de ver videos de accidentes vehiculares, o sea, putazos en la carretera de gente inconsciente al volante, reproducidos en Youtube. Sí, a una mujer le pagan por darle play a videos de accidentes de coches subidos por morbosos a Youtube, que ni siquiera son en carreteras mexicanas, es más, las personas que sufren los accidentes están más cerca de ser arios a ser latinos. En el cual, obviamente te tratan de generar algún tipo de trauma para que seas considerado cuando manejes. Lo cual no tiene nada de malo, la bronca, es que te reprueben por tener tres malas, en un examen de 6 páginas y que a las chicas que llevan el escote pronunciado, el oficial don barriga sí las pasa sin siquiera contestarlo. Y pues una que es más recatada se tiene que fregar. Obviamente.

Sales de la plática-curso-taller de concientización sobre el uso de un coche, a las 11 de la mañana aquel sábado 10 de enero, porque entraste a las 9 y tienes que irte al ayuntamiento por una hoja para llenarla, porque la reproducción de videos de Youtube fue en la comandancia -gracias. Y ya, te regresas bien feliz con todo tu papeleo, ya ahora solo te falta lo de la fotografía. Pues ya que tardaste mucho, pues te aventuras a hacerlo para el día siguiente, porque, obviamente ya no alcanzaste. Entonces llegas a las oficinas y ¡bam!, de la nada se sacan de la manga que solo atienden a 50 personas por día. O sea, en pocas palabras, que solo dan 50 fichas por día, mejor explicado, que solo dan 50 licencias diarias. Obviamente no alcancé ese día porque pues no. Entonces decido volver al día siguiente y hacer fila a las 7:00 horas, según yo temprano y que me topo con un fila increíble, gente haciendo fila desde las 5 de la mañana, por suerte yo fui la número 47, porque al cuarto que llegó después que yo lo regresaron.

En verdad, los regresan por llegar a las 7:02 hora, no pueden hacerle el paro por levantarse temprano, venga, no están viendo cómo se encuentra el centro, es una travesía poderte estacionar sin caer en un bache gigantesco de tierra mojada, háganle un favor a ese pobre hombre que solo quiere renovar su licencia que se le venció hace dos semanas. Pero no, no lo hacen, mejor suerte para la próxima, chico, a levantarse a las 4:00 horas, porque la secretaria obviamente llegará hasta las 8:00 si bien te va, entonces tendrás que competir con los otros 20 que fueron regresados.

Y eso no es todo, como solo dan 50 fichas por día, el hombre de frenos y delgado fue casi linchado por las personas que pues no tuvieron la decencia de levantarse a las 3:00 de la mañana. No obstante eso, las secretarias no llegaron a las 8, sino hasta las 8:30, como si fueran qué, como si no hubieran 50 personas histéricas esperando por ellas para poder obtener la licencia, como si no tuviera ya una semana y media en vueltas y las 46 personas frente a mí se encontraran muy gratas de estar esperando por esa señora de voz agudamente molesta para el oído.

Y ya, después de hacer la fila durante unos 20 minutos milagrosamente alguien te sede un lugar en una de las sillas blancas, entonces estás ahí esperando, y esperando, y esperando, y esperando. 20 minutos, 30 minutos, una hora, dos horas, la fila parece que jamás avanza, pues obviamente, soy la número 47, y apenas van en el número 16, es en serio: llevo dos horas haciendo una fila y apenas han atendido a 16 personas. Si yo me encuentro desesperada no quiero ni imaginar lo que ocurre con el pobre hombre que está en el lugar 50. No ha de tener ya esperanza de vida, toda su semana está destrozada, de su trabajo lo más probable es que ya lo hayan corrido, su esposa lo ha de haber cambiado por alguien más porque, pues nadie espera tanto tiempo a nadie, digo, solo Forrest Gump a Jenny, pero Forrest era un poco lento de mente, y muy bueno. En fin, veo el rostro del hombre, y en efecto, no posee ninguna otra expresión que no sea la de la miseria, gris toda su aura, sin energía, de hecho pareciera que no respira, milagrosamente acaba de estornudar, ah qué alivio, sigue vivo, por poco creí que se trataba de un cadáver. 

Regreso la vista a la secretaria, no puede creer que ya falten tres personas para mi turno. En verdad duré cerca de 1 hora contemplando al hombre de la ficha del número 50. Pobre infeliz, igual su tortura como la mía está por acabar.

Es mi turno. Entrego los papeles, me toman la fotografía, me siento a esperar, son las 14:25 horas (para los de Acción Juvenil quiere decir que son las 2:25 de la tarde), por fin me dan mi licencia azul con blanco. Es en serio, este martirio ha finalizado después de esperar 7 horas a que me atendieran y después de una semana y media de vueltas. 

Me levanto para irme, el morbo no me deja, ya estuve 7 horas aquí desperdiciando mi mañana, así que volteo a ver cuándo al hombre del número 50 le toca pasar para entregar los papeles, parece que una sonrisa se está dibujando cuando estira los brazos y deja el fólder tamaño carta sobre el pequeño escritorio de la secretaria. A lo lejos alcanzo a escuchar: “Señor, ¿dónde está su comprobante de pago al municipio..?”. @

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