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La clave de la información

Emigrar o morir de hambre, he ahí el dilema

*Ya sea antes de cruzar o una vez que son deportados por la Migra, paisanos que buscan alcanzar el llamado “sueño americano” son recibidos en el albergue Divina Providencia donde les ofrecen de manera temporal un techo, cama limpia y algo de comida caliente. Puras historias de sobrevivencia.

Ramón Santoyo Valenzuela

migrantes casa delEs una noche fresca de febrero, hay 12 ilegales en la Casa del Migrante La Divina Providencia, todos ellos esperan ansiosos la cena que se les preparó. Sentados ven cómo frente a ellos se sirven los 12 platos de caldo de pollo con arroz rojo. 4 de ellos cargan con gorras, se la quitan para comenzar a comer. Antes de eso, Oscar pregunta si alguien desea hacer una oración. Un hombre se levanta, se para frente a todos: “Gracias Señor te damos esta tarde por esto que nos has ayudado, bendice las manos, Señor, que nos dieron esta comida, Señor, bendice a todas estas personas que nos apoyan de esta manera, también te pido por aquellos que no tienen, bendícelos padre mío, bendice esta casa para que sigan apoyando a todos aquellos que venimos de fuera, bendice a todas estas personas que están atentos con nosotros…amén”. Comienzan a comer.

Son alrededor de las 19:00 horas, a esa hora sirven la cena, terminan su plato de caldo en menos de 15 minutos, esto es acompañado con un jugo de color azul, “el jugo no es azul, solo es la botella, el jugo es de naranja”. Suena lógico. De los 12 inmigrantes deportados que llegaron a pasar la noche a la Divina Providencia, cuatro de ellos son jóvenes de entre 19 a 22 años. Uno de ellos viene desde Michoacán, duró 2 días en llegar a San Luis, creyó que con solo usar el poder de sus piernas cortas y morenas iba poder burlar la seguridad de la Border Patrol, pensó que por el cauce del Río Colorado, donde no corre nada más que arena, sería cuestión de segundos el pisar el pavimento estadounidense. Duró máximo 5 minutos corriendo en zig-zag con dirección al norte, cuando una camioneta blanca con franjas verdes lo detuvo, “no puse resistencia, inmediatamente me atraparon, ni el viaje de dos días. No lo volveré a hacer, mejor me regreso pa’ Michoacán.”

La franja fronteriza tiene un aproximado de 18 mil guardianes de la frontera, todos ellos enlistados en la Border Patrol. Por lo regular ellos prefieren detener a un pollero que transporte droga en lugar de los indocumentados. Como cita un reportaje publicado en la revista emeequis en marzo del 2013, titulado “El juego del gato y el ratón en Arizona”.

Tratar de saber el dato duro de a cuánto asciende la población ilegal en Estados Unidos es prácticamente imposible, sin embargo, se estima que por lo mínimo la cifra llegue a 11.7 millones, datos arrojados por el Census Bureau en el 2012. De igual manera el mismo INEGI gringo, manifiesta que en el periodo del 2009 al 2012, aproximadamente se han realizado 400 mil deportaciones anuales.

De igual manera se informa entre todo el mar de datos que el 59 % de la población ilegal que vive en Estados Unidos son provenientes de México, es decir 6.72 millones de personas, y que el 25 % de todo ese gran número vive en el estado de California, mientras que el segundo lugar con mayor número de inmigrantes ilegales lo tiene Texas con un 16 %, mientras que Arizona, únicamente posee el 3 %.

Su nombre es Eduardo Cano, él viene desde Guanajuato, ha cruzado a Estados Unidos desde el ’87, cerca de 15 veces. La primera vez que tocó el suelo estadounidense lo hizo por Tijuana. “Llegué a San Ysidro, miré los edificios, avancé un poco más y ya estaba en San Diego, no, pues una chulada… estaba tan emocionado, claro que no sabía ni que hacer… entonces me llevaron a la pizca de uva allá en Fresno, California, yo jamás había entrado a un campo, a un “field”, es más, yo ni siquiera sabía lo que significaba ‘field’… terminé cansadísimo, no hice mucho dinero pero en menos del mes yo ya había pagado a mi coyote, que era lo que me interesaba.”

En ese entonces, cuenta Eduardo, un coyote “o pollero, como le quieras llamar”, cobraba 250 dólares, “ahora yo ando pagándole los 3 mil 500 dólares pa’ que me cruce”. Sus razones para cada año estar yendo de mojado al vecino país son fáciles de comprender: la falta de trabajo en su ciudad. “No sé, aquí cómo funcione la cosa, pero allá no te dan trabajo si eres mayor de 36 años, y ganas a lo mucho por semana 820 pesos, cuando allá en un día te vengo ganando más del doble”.

“El campo no es lo mío, yo hago roofing, techo pues, en eso me especializo y me va muy bien”. En el año 2008 se arrojó que aproximadamente el 31 % del trabajo realizado por los inmigrantes ilegales en Estados Unidos es el ‘roofing industry’ (techado) mientras que el ‘farming’ (trabajo de campo) llega al 25 %. el 12 % trabaja en la elaboración de comida o atención en restaurantes, y el 7 % trabaja en mudanzas y transportación de objetos.

“Esta vez que traté de cruzar me hicieron caminar 7 noches, nos atraparon a todos, me encarcelaron durante dos meses, me acaban de soltar, el grupo Beta nos recogió de la línea y nos trajo para acá… lo bueno es que hablé a mi casa para que depositaran el dinero que habíamos sacado del banco, los 3 mil 500 dólares que me cobro el pollero, tons ya no debo nada al banco”.

Pese a los más de 20 años que lleva cruzando Eduardo para Estados Unidos, reconoce que no saber hablar inglés, “yo decía, ‘pa qué, si vengo a trabajar no a estudiar’, si ‘vieras qué falta me hace a veces, lo bueno es que allá trato con puro latino, si no qué chinga”. El 35 % de la población de inmigrantes tanto ilegales como legales en Estados Unidos desconocen el idioma inglés.

No todos los atendidos por la Casa del Migrante la Divina Providencia desean hablar, solo son dos de entre los 12, los demás quieren descansar, solo desean ir a dormir y esperar por el nuevo día. No se sabe si todos ellos desean cruzar nuevamente, por lo menos, el joven de Michoacán manifiesta no querer hacerlo. Sin embargo Eduardo Cano, quien presume a sus tres hijas de 14, 8 y 4 años dice que lo volverá a intentar “si no mi gente de allá se me muere de hambre”. @

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