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La clave de la información

El viaje a la Punta Chueca: Seris, Claudilleros y el Komander

Ramón Santoyo Valenzuela

 seris 4El teléfono sonó a las 7:00 de la mañana, era un jueves por la mañana, mi cuerpo se sentía en un domingo después del trabajo y la farra típica del sábado. Aquel jueves 9 de abril saldría junto con mi equipo de investigadores a Hermosillo,  la capital cuadro, como la bautizamos cuando llegamos a las 3:00 de la tarde, a esa hora no hacía calor, cosa rara, no hacía frío, cosa normal. El tráfico, lento como tortuga. Solo decíamos, “aparte de cuadrada, aburrida”, ¿qué pensaríamos de regreso sobre nuestro hermoso San Luis y su casi terminado centro? Nada, lo mismo. Pero antes de llegar a la capital del estado líder del bacanora, rumbo en la carretera, donde el CD de Vicentico, Último Acto, sonaba incontables veces a petición del conductor del Sentra blanco, nos deteníamos en cada gasolinera que veíamos, con la idea en mente de “si baja del medio tanque, necesitas gasolina”.

Y así continuábamos arribando a cada gasolinera hasta que ya no aceptaron los vales que el ayuntamiento dio en apoyo para el certamen de Nuestra Belleza 2015. Pero eso no es lo interesante de aquella gasolinera en Caborca, lo interesante es que en el momento que tomábamos la desviación para poder cargar gasolina apareció como por arte de magia un espectacular del sonriente y lleno de esperanzas Everardo López. El coche blanco se estacionó justo a un lado de la bomba, la despachadora jaló de la roja mientras que una entrevista del candidato panista sonaba en la radio, en compañía de un locutor aburrido, de esos de antaño. El candidato a diputado federal por el distrito que llega hasta Santa Ana, hablaba, y decía que todos los ciudadanos están cansados del político que no da resultados, del que solo busca el voto pero no trabaja, de aquel que cobra los súper sueldos y pierde el piso, de esos de los que tanto protestan los universitarios. Como si los #claudilleros no fueran ciudadanos, o los reinistas, pero va, nosotros sabíamos que no todos, que a muchos les encantan esos políticos. Chido.

Ya saben, el joven político hacía uso de las típicas citas que utilizan para quedar bien ante un pueblo harto de lo mismo, harto de escuchar y ver campañas que solo se encarguen de desacreditar al oponente en lugar de proponer. Ya saben, “todos proponemos”, pero ¿qué proponen? “pues el Sonora que queremos”, sí, ¿pero qué me puedes decir al respecto? Nada, lo sé, aquella imaginación se queda perdida en recordar las firmas de la guardería ABC, el llanto de los padres, los cuerpos de los pequeños, el PRI manchado por la muerte de los 49 niños, mientras que por el otro lado tenemos una presa, el Isssteson, el acueducto independencia, en fin. Ahí estábamos mis compañeros y yo escuchando al candidato emanado del partido Acción Nacional, al sanluisino hablando de honestidad, de trabajo, de lealtades, haciendo uso de su jovialidad, de su acento norteño, de sus convicciones, la entrevista terminó, no sé bien qué quiso decir Luisa pero manifestó, “él es chido”, todos afirmamos. Y como si fuera el 2004 o aquellos años en los que usar discos era la onda, retiré el CD de Vicentico y puse el de Hozier.

Avanzamos, seguíamos en carretera, el camino parecía interminable, llegaríamos a dormir a casa de un amigo químico biólogo que de emergencia me confirmó pues un joven priísta nos quedaría mal por teléfono, ya saben, prometió techo, cama y agua y al final no contestó las llamadas: político, se les olvida a veces que prometen tantas cosas que no pueden cumplir ni la mitad de ellas. Va por buen camino. El coche se comportó de manera excelente, recorría un promedio de 15 kilómetros por litro de gasolina roja. Esa que acá pasa por poco los 10 pesos, y que solo tocando Hermosillo oscila a los 14. Odiamos el centro, amamos la franja fronteriza.

Estábamos en un Comicx, un restaurant altamente nerd, en donde todos los súper héroes desde Gokú hasta Iron Manse encuentran inmortalizados en esculturas o posters. Una pizza, dos pizzas, una burla, 200 pesos por las dos, cada una era del tamaño de un plato de tacos. Maldita sea, maldito capitalismo, maldito sistema en donde el lugar solo por ser chévere es más caro que el producto en sí. Ya aprenderíamos para la otra a no volver a comer en aquel lugar en donde los ñoños se masturban viendo las piernas de Chun Lee y el cuerpo de Batgirl.

Pablo, el químico, pasó por nosotros en plaza Galerías, nos guió hacia su departamento que se encontraba justo detrás de una tienda Ley, en donde al día siguiente nos llenaríamos de mandado incluyendo la tan afamada Bolonia Rosarito, la cosa más mala que pudiera crear alguna vez el hombre.

Como buenos sonorenses, al día siguiente y antes de partir rumbo a Kino, fuimos y desayunamos un burrito “persheron”, 95 pesos. Parvada de cabrones, ¿por qué todo es tan caro en Hermosillo? Acá cuesta 45 uno del mismo tamaño. Pasamos por Emili, nuestra guía y contacto con la etnia de los seris, los Conca’ac, allá en Punta Chueca,  la pequeña apéndice de tierra que abraza el Mar de Cortés, antes llegamos a Bahía de Kino a recargar gasolina, incluso ésta era poco más cara que en Hermosillo, en serio ¿qué le pasa al centro del estado y sus costos? Un paisaje divino, hermoso, nos detuvimos un buen rato a contemplar el mar azul turquesa, nos hincamos en la arena, fotografiamos, 30 minutos después, ya estábamos en Punta.

Los hombres de arena

Urska Sêfic, nos recibió en su casa, es una eslovena que se casó con Francisco Barnett, un seri, uno de los chamanes del pueblo, ella de estatura baja, blanca y ojos verdes como los saguaros del desierto, habla español, también italiano, esloveno, cheno e inglés. Una ex jipi que llegó a esta tierra a echar sus raíces. A descansar del mundo capitalista, llegó ahí por una globalización a la inversa.

Estamos trabajando en un documental sobre su vida, la vida de Urshca Shefitz, como se pronuncia su nombre en esloveno. Va. Interesante, el hecho de saber cómo un europeo clasemediero, rico acá en México, se desprende de todo y viaja a nuestro país por la motivación de los libros de Carlos Castañeda, aquel peruano naturalizado gringo, con conocimientos sobre el nahualismo tradicional mesoamericano. Algún tipo de guía espiritual para todas aquellas almas perdidas que rondan por el mundo globalizado.

Ahí estábamos, frente a la isla tiburón, tres kilómetros de mar –el Estrecho de Infiernillo– nos separaba del antiguo hogar de los 405 seris que viven en punta chueca, según el censo de población del 2005 del INEGI. Ahora dicen que son cerca de mil. “900 y garra”, dice Pancho Largo, el líder espiritual y moral de la tribu, no el gobernador. El gobernador dicen que no ayuda a la gente, que el dinero es solo para él y que puso una tienda para abastecer a la comunidad, donde los productos los vende al doble de precio que en Kino. No sé, pero nada alejado de nuestras tradiciones. Al final de cuentas ellos también son mexicanos.

“Huele a lluvia”, le dije a Urska, “no sé, Pancho –su esposo– es el que sabe de eso”. Después llovería mientras nosotros practicábamos el senderismo y la escalada en un cerro plagado de saguaros, choyas, espinas y rocas no firmes que aplastarían mi pulgar izquierdo. Pero a eso no íbamos Christian Milán, Luisa Bravo y yo a la tierra seri. Nosotros íbamos de investigadores, éramos entrevistadores y ocupábamos saber la historia de Úrsula, ocupábamos conocer los nombres de los dos hijos que tiene con Francisco Barnet, necesitábamos convivir con el pequeño Zaah Vincent Barnett Sêfic de dos años , y con Francisco Antone de 5. Ocupábamos entender la razón del escape de su país de origen, de su familia, de su trabajo, de su casa, el amor por México, ocupamos comprender aquel recorrido que realizó en nuestro país, ocupábamos toda esa información para seguir adelante con el proyecto, necesitábamos inspiración, conocer esa espiritualidad, ocupábamos todo eso. Y claro, según Luisa, y Francisco, ocupábamos del sapito.

De nombre Bufo alvarius, o sapito, también entre los jipis más espirituales se le conoce como “la molécula de Dios”, es una droga psicodélica, según esto, es la más fuerte que se conoce hasta hoy en día. Segregada de las glándulas parótidas del animal para “apendejar” a sus presas, el líquido viscoso se coge con una pequeña espátula, se deja secar al sol y después, cual si se tratara de una roca de crack o cristal, es hervido con un encendedor y después fumado con una pipa. El viaje, por lo regular es acompañado por cánticos de los seris más espirituales, utilizan sus instrumentos tradicionales y tocan tus manos y espalda para que no te pierdas entre el universo extraño que se abre a los pocos segundos de inhalar aquella sustancia.

Cada mente absorbe distinto la droga, Urska contó que ella estaba en exceso feliz, se sentía jugando en un bosque, se rencontró con su niña interna, mientras que por fuera, era una loca más corriendo por la playa que fue interceptada por los mismos seris para que no “cometiera alguna locura”. Nuestros casos fueron distintos, tal vez la mentalidad cerrada y fría del cronista hicieron que no sintiera nada más que una relajación extrema y una alta necesidad de ir a dormir, que se convertirían en 12 horas de sueño. O como a su compañera, quien pensó en arrancarse la piel, no de manera violenta, sino de una manera hermosamente poética; o el uso excesivo de clichés como Christian: “Estuve tratando de encontrarme, pero me di cuenta que nunca estuve perdido”, no sé de qué guión de película de “arte” sacó esa frase tan trillada, pero en aquel momento no me importó, yo quería dormir. O matarlo por ridículo, pero solo dormí, ellos después hicieron lo mismo.

La preparación  exprés

 Acababa de llegar de dos semanas del D.F., supuestamente había ido con unos amigos a trabajar unos proyectos y a conseguir contactos, aparentemente fue todo un éxito, el avión llegó a Mexicali un martes 7 de abril por la mañana y mi cuerpo necesitaba descansar. Dormir todo el día por ejemplo era la mejor manera de recargar energías, esa misma tarde recordé que ocupábamos algo para agradecerle a los seris que nos  recibirían con las puertas abiertas. Luisa publicó en Facebook que se necesitaban despensas que quien quisiera apoyar, le hablaran a ella, después yo hice lo mismo, también le marqué a Dorana Mojardín, quien funge como directora de comunicación en el DIF San Luis. “Dooora, tengo un problema, ocupo unas despensas, para dar a los seris y andamos bien cortos de tiempo…” .“¿Para cuándo las ocupas?”. Como buen mexicano le contesté que para mañana, ella solo dijo, “mmm, deja veo qué puedo hacer, mañana temprano te confirmo”. Pues me confirmó en la mañana, fui al DIF y me otorgaron 10 bolsas retacadas de alimentos. “Gracias, Dora…”. “Me largué de ahí antes de que se arrepintieran y me pidieran condiciones como por ejemplo ceder los derechos de mis fotos y videos a los reporteros que viven de los partidos. Eternamente gracias. Ana Cristina Guillén y Dorana Mojardín.

Llegamos a Punta Chueca, descargamos las 25 bolsas de despensas que conseguimos entre Luisa y yo, se las otorgamos a Pancho Largo, a Ursula y su familia, a Antonieta, y de la nada, ya no habían más, es un pueblo con hambre. Pescadores y espirituales, pero con hambre de comida. “Ocupamos también ropa”. “Más comida”. “Ocupamos apoyos”. “No sé, creo que también ocupan trabajar un poco”, les decía a mis amigos, Luisa me regañaba.

Nos agradecieron el gesto regalándonos collares de conchas marinas, piedras talladas a mano en forma de lobos marinos, mucha salvia, su planta medicinal por excelencia, claro, eso nos lo dieron a Luisa y a mí, a Christian le dijeron que le harían un descuento del 50% si compraba algo. “Mira qué cabrones”, me decía Christian mientras Luisa y yo reíamos a carcajadas y unos niños seris le decían ballena. Sí, creo que no lo querían por tener reservas de comida en su cuerpo.

Las #claudilleras

Ellas llegaron en una camioneta roja, acompañadas de despensas, carne asada, burritos de chilorio, muchos zig-zags, no precisamente para fumar tabaco, ganas de despejarse de la capital del estado, una mentalidad chavo-ruca, y sus dos 30 de coors-light que opacaron nuestro humilde 12 de barrilitos para tres días.  Eran 4 mujeres, ya amigas de Urska y de Francisco, en cuanto bajaron del vehículo, y las miramos, Christian mencionó que ellas parecían #claudilleras, mote que se le da a la mujer priísta que solo piensa en ella y dice luchar contra el machismo, mientras el solo hecho de pensar en ello la hace machista, borracha y bronca por ser sonorense, cabellos teñidos a güeros falsos, extremadamente blancas y siempre viajadas. “Sería mucha tristeza que hasta acá nos siguieran las campañas”. “Solo dije que parecían, no necesariamente tienen que serlo”. Pues en efecto, tras una hora de escucharlas hablar, de verlas cómo fumaban sin parar la mariguana que traían consigo desde Hermosillo, y de cómo le pedían a Francisco que les forjara los “gallos”, caímos en cuenta que estaban encampañadas, no por el hecho de las drogas, sino por el, “entonces el miércoles vendrá la güera Pavlovich para el convivió que habíamos quedado, pa’ que nos apoyen”. Solo reíamos en silencio y sentíamos lástima por esas cuatro almas sumidas en el priísmo que andaban por los 36 a 42 años, Urska les sonreía y Francisco se mofaba. La carne asada nunca la probamos, nos fuimos horas antes de que prendieran el asador, pero ahora sí que nos quedamos queriendo.

El Komander de Sonoyta

Tras haber recorrido 2 horas más de carretera por tomar una desviación mal habida que nos llevó directo a la “fábrica” de sal en Hermosillo, misma que no dejaba el pase para seguir avanzando, pero el utilísimo GPS decía que sí seguía camino y después se juntaba con la estatal. Después de haber platicado durante 8 largas horas, de comer burritos de asada, porque “nomás tocas el norte de México y ya la creatividad en la comida se acaba: pura pinche carne”, como me lo mencionaría un tío chilango en Cuajimalpa. Después de recargar gasolina por todos los municipios por los que pasábamos, después de haber avanzado y escuchar a Limp Bizkit, Aerosmith, Elefante, Vicentico, Calle 13, Fito Páez, Robbie Williams, Jet, Greenday, Blink 182, AC-DC, y luego a Reyli y su álbum “bien acompañado”, raro, pero el más cantado de todos los que escuchamos en la carretera. Ahí, justo cuando entramos a Sonoita, a recargar por última vez gasolina en el Circulo K, ahí mismo, donde por fin nos hicieron validos los vales de gasolina, ahí exactamente donde crucé vistas con Rubén Espino ex alcalde de San Luis en el baño del autoservicio. Ahí, donde le puse 300 pesos de la roja al tanque. Ahí mismo donde me paré durante 40 segundos en zona azul con el motor encendido en lo que Christian agarraba una mochila de la cajuela, ahí, exactamente, justo cuando di reversa para largarnos de aquella ciudad, y Luisa yacía dormida, caí en cuenta que tenía a un oficial de transito que se acercaba a mi ventana y me pedía que apagara el motor.

Solo miré con ojos fulminantes a Christian por la inútil necesidad de querer agarrar un folleto de la mochila de la cajuela, y después le contesté al oficial con el mejor tono de una persona que estaría a punto de recibir una multa, “¿qué pasó oficial?”. “Estás estacionado en área para discapacitados”. “Técnicamente solo me paré durante 30 segundos para bajar una mochila porque no había espacio, pero ya nos vamos”. “Miré, no fueron 30 segundos, casi llegabas al minuto”. “¿Perdón?”. “Tu licencia”. “Aquí está, oficial, pero háganos el paro, solo nos paramos con el motor encendido ya nos íbamos, no duramos nada”. Al tipo no le importó, igual, solo cumplía con la ley, igual me lo merecía por creer que con infringir solo “poquito” las leyes, ya podías salvarte, no es como, “oficial, no me meta a la cárcel, yo no lo maté, lo mandé matar. Es distinto”. En fin, ahí estaba yo, escuchando el sermón del oficial de quien colgaba una cruz gigantesca y adiamantada, quien poseía una camisa abierta del pecho y podíamos ver su falta de vello corporal, traía consigo una gorra de iguales tonos que bien parecía que nos cantaría un corrido sobre Sonoyta, sus botas, y su pistola, de no haber tenido la estrella de policía municipal, bien lo hubiéramos podido confundir con algún sicario norteño. Equis. Yo ya estaba encabronado, ya me habían quitado mi licencia, ya me habían llevado a la comandancia, ya me estaba bajando mientras sacaba mi cartera e iba resignado a la ventanilla a pagar la multa que según esto, “ésas no tienen descuento y te saldrá en 900 pesos”. Llegué con la cajera, igual, una señora que parecía la esposa de algún buchón. “Usted tiene mi licencia y la quiero de vuelta” . “Pagarás primero”. “Lo sé, ¿cuánto es?”. “150”. “El oficial me dijo que sería más cara”. “Si quieres, paga más, pero creo que te hizo el paro al no poner que te estacionaste en área azul”. “OK”.

Salí, ya era de noche, el reloj daba las 20:00 horas, mis compañeros me preguntaban que si que había pasado: silencio sepulcral. Solo encendí el motor, puse las canciones más encabronadas de Limp Bizkit, maldije el nombre del oficial, maldije el auto servicio, maldije a Sonoyta por quitarme 150 pesos, maldije a Christian por querer un folleto inútil, y después, a los minutos me maldije a mí mismo por haberme estacionado ahí, o sea, para los de Acción Juvenil, pagar 150 pesos de multa equivale a 5 caguamas. @

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