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Lo que mal comienza, mal acaba

[vc_row parallax=”” parallax_image=”” hide_border_bottom=”” dark_section=”” no_bottom_padding=””][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Rafael Torres

Y es que para la mala suerte de Mexicali, el encargado de encaminar la “buena” administración de la ciudad, no ha podido ni siquiera mantener a una base tan importante de trabajadores, como lo es su gabinete.

Son más de 22 los cambios que se han realizado en el XXI ayuntamiento de Mexicali. El único mensaje que esto manda, es la inestabilidad e incapacidad política que tiene el alcalde de Mexicali, el panista, añorante a la gubernatura (Dios nos libre) del estado, Jaime Rafael Díaz Ochoa.

Siempre comienza en sus discursos agradeciendo a Dios y a la Vida por estar vivo…

Un ritual que a mi punto de vista es hipócrita y carente de espiritualidad, siempre con la actitud “conservadora” del panista que conforme al “librito” debe de ser “mocho” persignado y conservador. No provoca más que la sensación de un retortijón de asco por el insulto al dogma religioso.

Y es que, cómo puede vivir en paz espiritual o cómo duerme por la noche, cuando aún casado por las “tres leyes” sostiene una relación con la que hasta hace algunas semanas fue su secretaria particular, misma que requirió de favores del ex presidente municipal, Francisco Pérez Tejada Padilla, para cambiarla de los diferentes departamentos del ayuntamiento, cuando la situación lo ameritaba.

Cómo puede haber congruencia cuando en casa del ex diputado suplente, Rosendo “Chendo” Colorado, se maquilaba el apoyo a la campaña de Pérez Tejada Padilla, por parte de Díaz Ochoa tan solo por (a palabras textuales de la fuente) “chingar” a Fernando del Rayo, como si por puro capricho y enfermedad de poder se pueden traicionar los cánones de su propio partido. El interés personal se antepone ante todo…

Es también increíble cómo se atrevió a desobedecer un mandato de la Suprema Corte de Justicia, tan solo por un reclamo del obispo de Mexicali, José Isidro Guerrero Macías.

Allí es cuando le llega el miedo.

Desobedecer una orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no le conviene a nadie en su sano juicio. Por eso la desesperación del Ayuntamiento por acercarse a la pareja del mismo sexo que quiere contraer matrimonio. A la cual ya por fin le fijaron una fecha pero para poder llegar a esa fecha fue necesario una serie de artimañas que parecían sacadas de un guión peliculesco de Chris Gerolmo.

El encargado del Jurídico y el mismo Secretario General del XXI Ayuntamiento de Mexicali, José Félix Arango se prestaron a representar y defender lo indefendible, con la cobertura de medios internacionales, los cuales sin problema alguno, hablaron de una ciudad homofóbica y retrógrada.

Y de allí en adelante el miedo es evidente en el rostro y lenguaje corporal del edil.

Jaime Díaz tuvo miedo a dar la cara por los ciudadanos del municipio, tuvo miedo a defender a capa y espada a los ciudadanos que no tienen para comprar un automóvil y que necesitan del transporte público para poder ir a trabajar y regresar a su casa. Algunos de los cuales lo favorecieron con su voto para poder posicionarlo en donde está. No tuvo los arrestos suficientes, la capacidad política que se requiere en estos días  para velar por los intereses del pueblo. Una vez más los intereses personales y el dinero fue más importante que la sociedad.

Algunos reporteros le preguntan si se sacó la “rifa del tigre”, a lo cual él  contesta: “No me la saqué, la busqué y la gané”…, nada más alejado de la realidad, como si un ejercicio de programación neurolingüística le hubiera lavado el cerebro para pensar tal cosa, pues antes de contender por la presidencia municipal, en reuniones que sostuvo con algunos conductores de televisión local en el restaurante que por cierto ya cerró llamado La Regional, renegaba del Partido Acción Nacional por lanzarlo como candidato, él no quería contender, no deseaba estar en el lugar en el que actualmente se encuentra.

Ahora ese “tigre” se lo come a él.

Son tantos los miedos de este alcalde que hasta a su amasia tuvo que remover como su secretaria particular. Ya no queda casi nadie del equipo original que emprendió la aventura por llevar a buen puerto el destino de una ciudad tan compleja como lo es Mexicali. Y es en esta misma complejidad donde se denota la capacidad que debe de tener un presidente municipal. A esta ciudad no la puede manejar cualquiera. Requiere de un personaje cabal, inteligente, digno, con sentido común

*El presente texto le valió al autor el Premio México 2015 en la categoría de columna.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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