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Axan. Y los bueyes de mi compadre

[vc_row parallax=”” parallax_image=”” hide_border_bottom=”” dark_section=”” no_bottom_padding=””][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Arturo Soto Munguía

Hermosillo vuelve a ser sede de un debate que de vez en vez, se reedita para refrendar su condición de rancho grande con fallidas pretensiones cosmopolitas, sobre todo cuando se ponen a discusión temas que laceran el conservadurismo ranchero del tipo: “yo respeto mucho a los homosexuales, siempre y cuando no se metan conmigo”.

El caso de un pequeño a quien le fue negado el acceso a su escuela (una institución de educación privada, el IMARC) por traer el cabello largo, desató un fuerte debate en redes sociales y en medios tradicionales, donde se pusieron a consideración temas como el respeto a la diversidad, los derechos de los niños, las garantías constitucionales, desde diferentes enfoques.

Hubo quienes abordaron el asunto desde una perspectiva seria, y también quienes al mejor estilo troleador, pretendieron desviar el tema hacia las preferencias sexuales de la madre del menor, satanizándolas.

El tema creció demasiado. Al grado de que se crearon dos solicitudes de firmas en Change.org. Una para apoyar a la escuela y “Votar para que el niño Axan se corte el cabello en cumplimiento con las reglas y disciplina de su escuela”.

“Que no se cumpla el capricho de una madre y su hijo a costa de las reglas y disciplina establecidas”, dice el llamado.

La página tiene 250 simpatizantes, le faltaban hasta ayer 112 firmas para alcanzar las 500 y en ella se incluyen comentarios como:

“Ni que estuviera en la Raúl Isidro Burgos (Ayotzinapa) para hacer lo que quiera”, firmado por un valiente, nada alburero y muy conservador firmante como “Rosa Melcacho”.

Del otro lado, se creó una página de peticiones de firmas llamada #AxanDecide ¡No a los estereotipos de género en las escuelas!

Esta tiene 13 mil 356 simpatizantes y hasta ayer le faltaban mil 444 firmas para alcanzar las 15 mil.

En esa página, la madre del menor hace el relato de lo que ocurrió con la expulsión de su hijo, y da sus razones para lanzarse a esta colecta de firmas.

Y de pronto, el debate no versó sobre el largo de los cabellos en niñas y niños, sino sobre la reglamentación en las instituciones de educación a todos los niveles. Una reglamentación que quizá fue funcional durante muchos años, pero que en estos tiempos debe ser revisada.

Los argumentos para descalificar a la madre se parecen mucho a los que usaban los memozombies no hace muchos días, para descalificar las críticas que terminaron pasándoles por encima con los votos.

No sé a dónde vaya a parar esto. He visto a líderes de opinión replegarse y guardar distancia; he visto a personas que presumen grados académicos y mucho mundo recorrido, reivindicar premisas como “los hombres deben traer el pelo corto y las mujeres largo; los hombres pantalones y las mujeres faldas”.

He visto posiciones francamente medievales sobre el respeto a la ley por encima de todas las cosas, del tipo: “la ley es la ley y se tiene que respetar”, a manera de mandato divino.

Creo, desde esta humilde trinchera, que ni siquiera los constituyentes de 1857 estaban pensando en que su redacción estaba hecha sobre piedra.

Toda ley o reglamento tiene un principio autoritario y norma las relaciones sociales en momentos históricos muy específicos, pero eso no significa que deban permanecer así. Es la sociedad la que se va dando nuevas leyes y no al revés, y generalmente eso sucede a contrapelo del Estado y los grupos de poder, fácticos o reales, que históricamente pujan por mantener el estado de cosas.

Hoy la sociedad está cambiando rápidamente y cuestionando leyes y reglamentos, pero especialmente las costumbres que suelen volverse leyes. Quizá ese sea el fondo del debate que desató el caso Axan, como se llama el niño que abrió esta polémica.

Cierto que la escuela donde se dio el caso tiene sus reglamentos. Cierto que éstos son validados por instituciones del Estado. Cierto que el Estado norma las relaciones sociales. Y cierto que, llegado el momento, el Estado y sus leyes son una camisa de fuerza para una sociedad que independientemente de ellos, se está dando a sí misma la prerrogativa de opinar y decidir sobre la vigencia de esas normas.

Si en los años 50 del siglo pasado la mujer no tenía derecho al voto, por ejemplo, porque así lo mandataban las leyes, y no hubiera mujeres y hombres que entonces pugnaran por el reconocimiento a ese derecho, hoy, simplemente, las mujeres no votarían.

Pero hubo quienes cuestionaron esas leyes y propusieron reformas. Y ganaron. Particularmente en Sonora, donde hoy gobierna una mujer, eso cobra especial relevancia a la hora de discutir sobre la vigencia eterna de las leyes.

Quizá el asunto no sea el largo de los cabellos en los niños, ni la preferencia sexual de sus padres. Quizá el asunto sea más serio, y tenga que ver con las pretensiones de una clase gobernante y una buena parte de la sociedad, de seguir viviendo en el pasado. Aunque eso sólo aplique ‘para los bueyes de mi compadre’, porque en el ámbito privado, muchos y muchas cometan peores delitos que ponerle un ‘brocho de mujer’ en el cabello a un varón.

Cualquier encuesta en Sonora arroja un resultado contra la legalización del aborto, por ejemplo, pero en las clínicas y hospitales de Tucson y Phoenix, hay tarjetas de clientes distinguidos para atender esos casos. Y ni qué decir de quienes van a abortar al DF porque allá sí es legal.

Con el caso Axan, me quedo con eso. La apertura de un debate ciertamente espinoso, en una sociedad como la de Sonora, de un conservadurismo tan pueblerino que es capaz de perdonarle todos los pecados a cierta gente, siempre y cuando esa cierta gente sea la que le pueda dar chamba y la oportunidad de aparecer a su lado en las páginas de Sociales de el imparcial (minúsculas deliberadas).

II

Gusto enorme reencontrar a compañeros y compañeras de la universidad durante la exposición de fotografía que ayer inauguraron en el Aeropuerto Internacional Ignacio L. Pesqueira de Hermosillo, los colegas y amigos Epifanio “Fano” Campoy y Guillermo Vázquez, junto con Enrique Vizcarra.

Es la primera vez que me toca presenciar en el aeropuerto de Hermosillo una exposición de arte, pero además me pareció una excelente idea considerando la temática.

“Viajes y Miradas” es un paseo por los paisajes y los rostros de Sonora y el mundo, que convoca las miradas de los viajeros, invitando a buscarse en los ojos de los niños y niñas seris, rarámuri, guarijíos, yaquis; a conocer esos rincones del planeta que los fotógrafos nos regalan desde su ojo tras el lente.

Por cierto, en la inauguración estuvo el director del Instituto Sonorense de Cultura, Mario Welfo Álvarez, con quien tuvimos oportunidad de charlar unos instantes. El tema, desde luego, los desencuentros con un sector de los protagonistas del quehacer cultural en Sonora.

Welfo dice que ya sostuvo varios encuentros con ellos, incluso con quienes de manera más insistente impugnaron su designación al frente del ISC. Que se han abierto canales de diálogo y que hay buenas expectativas para integrarlos al trabajo de la institución, me dijo.

En los próximos días veremos si la ‘mano zurda’ de Welfo da resultados, porque ese sector es particularmente crítico y participativo.

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