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El Eslabón Perdido / Políticos y periodistas

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Humberto Melgoza Vega

La amistad es uno de los principales valores que tiene el ser humano, sentimiento de afecto cercano solo superado por la familia de sangre, o por la pareja, ya sea esposa, novia o amante.

Este valor inherente a las personas –los animales se relacionan y conviven de otra manera—puede ser tan intenso que nos podemos llegar a quitar la camisa por un buen amigo, como dice la canción, incluso meter las manos al fuego en su defensa, dicho esto en sentido figurado.

Los principales amigos son aquellos que conservas desde la infancia, que se conocen desde que andaban todos chamagosos jugando a las canicas, o quienes compartimos el aula de estudios, no tanto en la secundaria y en la prepa, sino sobre todo en la Universidad, quizás porque son los más inmediatos.

Dicho esto con todo respeto, y con especial orgullo, por quienes tuvimos la oportunidad y la dicha de cursar estudios universitarios; quienes por algún motivo o razón se quedaron hasta la prepa o aun la secundaria o que ni siquiera fueron a la escuela tienen el mismo valor como personas y seguramente su propio círculo de amistades.

En lo personal, mis mejores amigos y que aún conservo desde que cursamos la carrera de Ciencias de la Comunicación en la década de los noventa son mis compañeros del salón, generación conocida como el G-7, a ellos más que mis amigos los considero como de mi familia, con quienes conviví varias horas, cinco días a la semana durante casi 5 años.

Viene esto a colación respecto a un debate existencial que he sostenido en los días y semanas recientes respecto a lo relativo sino es que utópico de este sentimiento entre la clase política, y sobre todo entre políticos y periodistas.

Abierto y transparente como es uno ahí va por la vida ofreciendo la amistad a quien quiera tomarla, políticos incluidos quienes, debido a la actividad que realizan y han convertido en su modus vivendi, se han vuelto expertos en el arte de la simulación.

Con mayor intensidad en algunos que en otros, los políticos, del partido que sean, se comportan muy buena onda, sobre todo en tiempos de campaña, cuando son una verdadera miel,  reparten apapachos a diestra y siniestra y dan tremendos abrazos que sacan el aire causando sofoco.

Lo que algunos confundimos con amistad no son más que simples intereses, relación que se vuelve mal necesario, en una co-dependencia entre la relativa fuente de información y el eventual escribano; entre el militante que necesita figurar y darse a conocer, y entre el reportero que busca la nota, materia prima de su trabajo.

Luego de un amplio análisis y reflexión he llegado a la conclusión que la verdadera amistad entre un político y un periodista no existe –y que incluso podría ser malsana–,  algo parecido a la amistad pura y sincera que podría llegar a existir entre personas de distinto sexo, especialmente cuando hay una atracción física de por medio.

Ahí la amistad se confunde con el deseo, aunque no lo dudo que existan amistades así de bonitas, que serían la excepción a esta regla no escrita –si acaso hasta ahora–, y que se merecerían un premio y el derecho de ser reconocidas.

Aquí en San Luis he tenido la fortuna de conocer a muchas personas, en todos los ámbitos y estratos de la sociedad, incluso en el terreno de la política y el gobierno. En muchos de los casos hay afecto y buena relación, pero de ahí a que se presente la amistad en la plena acepción de la palabra “Relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia”, hay un largo trecho.

Los amigos son los que están en las buenas y en las malas, no los que solo se reportan cuando necesitan algo; los que se preocupan por ti, te preguntan cómo te sientes y en qué pueden ayudarte y claro, aquellos que se reúnen para echar desmadre y pistear en una carne asada por el solo placer de convivir.

 Desde este modesto espacio les envío un cordial saludo tanto a Víctor “El Búfalo” Islas como a Jaime “Cabeza de Olmeca” Delgado, amigos y periodistas mexicalenses ambos, para invitarlos a que limen asperezas, a que le bajen dos-tres rayitas a su confrontación y a que no se olviden que el enemigo está en otra parte, y que no debería estar dentro del mismo gremio periodístico, donde desgraciadamente existen muchas envidias y golpes de bajos, como en toda buena familia disfuncional.

Saludos a todos y gracias por leer estas líneas.

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