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SIN FRENOS / Dos triunfos de la Revolución

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Guillermo pérez díaz    

Por alguna extraña razón, me encanta leer todo lo que me cae, me atrae conocer lo que hacían y decían nuestros hoy laureados héroes, mis abuelos maternos vivieron en su juventud el pleno fragor de la Revolución en las manos y sobre todo los libros que tratan de la Revolución mexicana y sus recuerdos estaban aún frescos en los cuarentas, de modo que literalmente vivieron lo más álgido de la romántica Revolución, pues, frescos en la   memoria hasta los más extraños dichos que usaban los participantes más importantes, mátalos en caliente, término que usaba Porfirio Díaz para que fusilaran de inmediato a los prisioneros; otra orden que también usaba para que uno de sus capitanes apodado “el güero” saliera raudo en su motocicleta a recorrer la retaguardia de su ejército y en plena batalla fuera asesinando a los soldados que no obedecían la orden de avanzar contra el enemigo, claro que todos preferían avanzar inmediatamente.

En la toma de Torreón mandó fusilar a los chamacos de 10 a 12 años “porque si los dejamos vivos en tres o cuatro años más serán nuestros enemigos. Que los soldados recibieran como premio a su valentía la orden de “agarren lo que puedan” y seguía el exceso con las que podían encontrar, en esa gloriosa época las familias tenían que permanentemente vigilar los caminos de acceso al pueblo para alertar a las familias que venían las partidas, ambas, las de revolucionarios o las de soldados para que tuvieran tiempo de esconder a todas las que corrieran peligro, los que podían hacían escondites hasta para la comida porque tomaban por asalto las comunidades y se robaban de todo a don Ignacio Díaz, mi abuelo, le robaron todo su ganadito. Conservó por años unas notas a modo de recibos, que rezaban: Para hacerse efectivos “al triunfo de la causa”, también duró muchos años dando vueltas a Gobernación, a Hacienda, al Congreso y solo obtuvo risas y muecas de burla, tampoco supo cuál era “la causa” o quién la ganó, por algo, en su momento, solo la llamaron “la bola” los hombres de la casa, conseguían una carabina, se robaban un caballo y se iban “a la bola”, en realidad iban a tomar parte en el saqueo, tampoco ganaron nada los revolucionarios, los que tuvieron suerte, regresaron vivos.

También te quiero platicar sobre el revolucionario más admirable de nuestra guerra interna. Para empezar te platico que este improvisado militar decidió entrar en campaña por su cuenta y a su riesgo al enfrentamiento, sin experiencia militar y sin recursos, pensando, como lo informó en sus memorias que deberían de participar todos para evitar la destrucción de Sonora y su patrimonio sonorenses y su estado ante los excesos en incremento que ya se veían, el hombre conformó el primer batallón de Sonora con puros elementos indígenas yaquis, armados con sus arcos y flechas y al cinto con el machete de trabajo, como vituallas una bolsa de pinole, carne seca y el guaje de agua (los yaquis también hicieron historia en la Revolución, ayudando a las tropas de Villa a cruzar la sierra sonorense cuando era perseguido por los soldados americanos). Se trata del personaje reconocido como el más brillante general de la Revolución, el Gral. Álvaro Obregón, sonorense de cepa que pasó a engrosar la fila de combatientes por su fuero y bajo su riesgo, con su batallón de yaquis se dedicó a quitar armas a los soldados del gobierno con tácticas de robárselas cuando pernoctaban, luego pasó a atacar a las pequeñas partidas que descansaban descuidados, con armas y tropa, atacaba los trenes para apertrecharse de armas, alimentos y parque, elementos que consiguió despojar de ellos a la mayoría de las partidas militares que se trasladaban en tren.

En sus memorias (8000 kilómetros en campaña) ese texto aún lo usan en la escuela de guerra de Francia como muestra de habilidad estratégica, además su capacidad estratégica le permitió desempeñarse durante toda la Revolución sin recibir ninguna derrota. Hasta al indómito Pancho Villa (el centauro del norte le ganó la batalla de Celaya en la que Obregón perdió un brazo (pero de la batalla).

Como el general Obregón era una persona instruida y educada lo propuso el general Plutarco Elías Calles para presidente, elección que ganó con amplio margen.

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