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El Papa “Negro” del fin del mundo

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Por Germán Orozco Mora 

El Papa Francisco al referirse a su origen argentino consideraba que sus hermanos cardenales al elegirlo habían ido a buscarlo hasta el fin del mundo, la Patagonia, Argentina.

Como miembro de la Compañía de Jesús, su orden religiosa, es jesuita. Por eso historiadores metodistas como Herbert Bolton, el mejor biógrafo del padre Eusebio Francisco Kino, narra en sus obras históricas sobre las misiones jesuíticas en el mundo, que a estos religiosos les llamaban por el color de su sotana: ropa negras. En Canadá, Estados Unidos, Europa, Africa, China, Japón, a pié, en barco, a caballo, los “ropa negras”.

Hoy, aunque el Papa Francisco sea jesuita, más bien es “ropa blanca”. Se viste de blanco.

Algunos perversamente, como en la Curia Romana, o algunos poderosos, mafiosos, empresarios pseudocatólicos, algún lefevriano trasnochado, más astrológico que astronómico, creerá estar en lo cierto: con la llegada del Papa “Negro” llegó el fin del mundo.

Nadie más acertado que el Papa Francisco, al igual que otros pontífices como Juan Pablo II, Juan XXIII o san Pío X, para anunciar el “fin del mundo”. Teniendo en cuenta una recta interpretación de los textos del evangelista y apóstol San Juan, cuando Jesús expresa la esencia de la Iglesia: “Mi reino no es de este mundo”. Que honesta interpretación, diría el teólogo Jesús Herrera de la Arquidiócesis de México, lo que Jesús considera es que su reino no es del mundo de las transas, del fraude, de la corrupción, de la mentira, de la simulación. Su reino es de la verdad, de la sencillez, del afecto, humildad, fortaleza, libertad, comunicación, oración, de la profundidad, de la misión y coherencia.

El “fin del mundo” en la cosmovisión cristiana de san Juan, no se refiere al cosmos, a la creación, a la naturaleza ecológica; el “mundo”, lo mundano, es lo que éticamente está en oposición o contradicción con lo bueno, lo recto, lo verdadero. Pedro Theilard de Chardin, un antropólogo jesuita reflexionaba sobre la “cristificación” del mundo, la presencia del estilo de vida de Jesús en la humanidad redimida. Lo que dieciocho siglos antes el primer teólogo laico, San Justino, afirmaba de que “las semillas del verbo” ya estaban dispersas en la humanidad, incluso antes de la llegada del Salvador.

El Papa Francisco no desea la destrucción del cosmos, pero sí que se acabe el mundo de las simulaciones, de la hipocresía, de los abusos de los poderosos sobre los humildes, la cultura del descarte por la cultura del compartir. Siguiendo la tradición de las encíclicas sociales de pontífices como León XIII (1880´s), el Papa Francisco ve la naturaleza como lo que siempre ha sido una creación de Dios, en donde el hombre debe administrar recta y justamente las relaciones con las creaturas como el agua, el aire, la flora , la fauna. De aquí su carta inspirada en el amor de san Francisco sobre la creación: Alabado seas mi Señor.

Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, es un jesuita que vive y se llama franciscano. No es “ropa negra” ni quiere el fin del cosmos; viene de la Patagonia, del fin del mundo, de la punta de la tierra. Pero se viste con ropa blanca.

Ofrezcamos nuestra oración por su primera visita a México. En donde sus temas primordiales serán los indígenas, migrantes, presos, jóvenes, niños, enfermos, los derechos humanos, el compromiso de la fe en la política, que los hombres de la administración pública no olviden el reto que todos tenemos de solidarizarnos con millones de mexicanos y de todo el mundo que no tienen lo necesario para vivir dignamente. Lo que representa un compromiso no para el Santo Padre, sino para los seguidores de Jesús.

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