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[El Eslabón Perdido] El último líder moral de los panistas

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Huberto Melgoza Vega

Con la muerte de don Luis H. Alvarez poco a poco el panismo se está quedando sin sus líderes históricos, próceres de lo que antes era el Partido Acción Nacional, un partido que nació como contrapeso a los excesos del PRI pero que una vez llegado al gobierno cometió los mismos errores.

A los 96 años de edad, Luis Héctor falleció el pasado miércoles en la ciudad de León, Guanajuato. Con él se van toda una historia de lucha por la democracia desde que fue presidente municipal de su natal Chihuahua en 1983, y que encabezó una huelga de hambre que por poco le cuesta la vida para protestar por el fraude electoral de 1986 cuando Pancho Barrio fue candidato a la gubernatura.

A don Luis los panistas siempre lo vieron con reverencia, como un referente ético, figura paternal que le tocaron las etapas difíciles desde que se sumó a las filas del PAN por invitación del fundador Manuel Gómez Morin, hasta que gozó de las mieles del poder en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

En 1989 fue, junto con Diego Fernández de Cevallos, artífice de las primeras “concertacesiones”, en Baja California, tras la llegada de Ernesto Ruffo como el primer gobernador de oposición en el país, y en 1991 en Guanajuato, cuando entró como tercero en discordia Carlos Medina Plascencia.

Como dirigente nacional del PAN, a Luis H. Alvarez le tocó lidiar con Manlio Fabio Beltrones cuando se orquestaron en 1991 los fraudes electorales tanto en San Luis Río Colorado como en Puerto Peñasco.

Luego del conflicto poselectoral en Peñasco, en el que se desató la violencia que incluyó la quema de patrullas, el candidato Ernesto Munro Palacio tuvo que huir hacia los Estados Unidos, también se escondió un tiempo en Baja Califorrnia, considerado el primer perseguido político del régimen beltronista.

Muerto Luis H. Alvarez, el PAN se queda huérfano, sin la presencia de líderes morales.

Acción Nacional ha hecho aportaciones de trascendencia para la democracia de este país, a pesar de su proclividad para negociar con el poder, desde Carlos Salinas de Gortari, con su figura prominente Diego Fernández de Cevallos, hasta con Enrique Peña Nieto.

Mientras que a Diego se le conocía en el ámbito político como la “Ardilla”, porque se la pasaba en Los Pinos, en el reciente libro de Alvaro Delgado titulado “El Amasiato”, el también reportero de la revista Proceso revela el pacto que hizo Felipe Calderón con Peña Nieto para evitar la llegada en 2012 de Andrés Manuel López Obrador, elección presidencial en la que sacrificaron a la candidata Josefina Vázquez Mota.

Líderes como Carlos Castillo Peraza, quien también murió decepcionado de su principal discípulo, Felipe Calderón, y como Manuel el “Maquío” Clouthier ya no se han vuelto a dar en el partido azul y blanco. Ni Pancho Barrio, quien fue presentado durante el foxismo como el secretario de la Contraloría con mano de hierro, quien prometió la captura de peces gordos de la corrupción priista y al último no pescó ni una mojarrita.

De los panistas en activo con proyección nacional los que se salvan son apenas Ernesto Ruffo y Javier Corral, fuerte candidato a la gubernatura de Chihuahua…y párele de contar.

De Vicente Fox, aquel líder carismático que prometía y logró sacar a patadas al PRI de Los Pinos luego se volvió loco con el embrujo de su esposa Martita, permitió que sus hijastros robaran a discreción, haciendo jugosos negocios desde el gobierno, le metieron un “gol” con la fuga del Chapo Guzmán, –aunque un agente de la DEA mencionó en su momento que el ex presidente había recibido 50 millones de dólares por la “fuga”, recientemente la “Reina del Pacífico” Sandra Avila Beltrán confesó que a un presidente se le pagaron 100 millones de billetes verdes por dejar escapar al líder del cártel de Sinaloa, no aclaró si se refería a Fox o a Peña Nieto.

Aun y con todos sus desatinos, el panismo sigue siendo importante para el equilibrio de fuerzas en nuestro país, con todo y sus fallidas alternancias, como la que se dio en 2009 con Guillermo Padrés en Sonora.

Todavía en la actualidad los panistas se preguntan, y ellos mismos se contestan, qué hicieron mal en el pasado reciente que les valió que los sonorenses les dieran la espalda. En la pasada reunión del Consejo Político Estatal, realizada el sábado anterior en Hermosillo,  reconocieron que los funcionarios se alejaron del pueblo y se acercaron peligrosamente al dinero.

Como ya no confían ni entre ellos mismos, para la próxima elección para la renovación del Comité Estatal harán una depuración del padrón, las personas que se reafilien lo harán de manera digital y como árbitro de la elección designaron al Chito Díaz, quien al menos garantiza imparcialidad para arbitrar el proceso.

Nunca es tarde para enmendar el camino.

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