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Diálogo – Promesas incumplidas

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David Figueroa

El Salario Mínimo con el que subsisten alrededor de 7 millones de mexicanos en nuestro país se incrementó de 70.10 a 73 pesos este año, mientras que el acabar con incrementos a la gasolina, la canasta básica y la energía eléctrica se suman a la lista de promesas incumplidas.

Bajar el precio de la luz, la canasta básica y detener los incrementos a la gasolina fueron las promesas que hicieron ganar al Presidente Enrique Peña Nieto hace cuatro años. Todas descansaban en sus propuestas de reformas.

Por eso la gente está más que cansada, más que de mal humor…está decepcionada.  El país navega entre promesas incumplidas, corrupción e impunidad.

El Presidente ‘reformista’ no se puede quejar de falta de apoyo, todo le ha sido aprobado por los diputados y senadores, prácticamente nada le ha sido negado en las Cámaras. Las Reformas en las que basó su plan sexenal ahí están todas aprobadas.

Por eso habría que pensar en la evidente incapacidad para mantener equilibrio en el flujo de efectivo y una mala planeación financiera, aunado a la caída del precio del petróleo como el gran factor.

El gobierno no ha sido eficiente; seguimos a la espera de ver trabajar la maquinaria de los millones y millones que llegarían con las Reformas Energéticas y Hacendaria principalmente.

¿Qué ha sucedido? De entrada una Reforma Hacendaria demasiado corta y exclusivamente recaudatoria que aún con el rechazo de la oposición se impuso con el voto de los legisladores afines al gobierno del Presidente Peña Nieto y no a los intereses del ciudadano.

Era cuestión de tiempo para que los efectos secundarios se presentaran como hoy está sucediendo; desde el sector industrial, comercial o empresarial, hasta los hogares más humildes.

No se ve el beneficio de tales reformas en los bolsillos del ciudadano…y hay que ajustarse como sea o atenerse a las consecuencias: no paga su recibo de luz, le cortan el servicio.

No importa si el termómetro alcanza más de 45 grados centígrados, o si el salario mínimo apenas llega a los 73 pesos diarios; o si el aguacate pasó de 20 a 80 pesos el kilo; y la gasolina de 10.80 a 13.40 en lo que va del sexenio.

6.8 por ciento es al aumento en la tarifa de luz para el sector doméstico; de entre 5 y 7 por ciento para el sector comercial; y de entre 2 y 5 por ciento para el industrial.

Por supuesto una cosa lleva a otra: aumentarán los costos y precios en el mercado del a canasta básica, a su vez el aumento de precios provocará más inflación.

La brecha entre lo que gana un trabajador promedio y el costo de vida para subsistir sigue siendo amplia. No hay diferencia alguna. Y no es que tenga que ser de la noche a la mañana, pero si no hay avance tampoco debiera haber efectos contrarios.

Es decir, si por diversos factores no se han podido implementar dichas reformas y sus beneficios, lo menos que espera el ciudadano es no ir para atrás, o de mal en peor como refieren las amas de casa. Y eso es lo que hoy está sucediendo.

No hemos detenido el deterioro constante en el nivel de vida de los mexicanos; hay una desproporción histórica entre los incrementos al salario y el costo de vida.

Traducido en pesos y centavos, ganar en estos momentos 73 pesos al día significa contar con 2 mil 190 pesos al mes, para pagar no sólo la luz, sino el agua, transporte, alimentación, vestido, educación, salud…

Y si revisamos un poco más: en total 6 de cada 10 empleados mexicanos -cerca de 30 millones- viven con menos de tres salarios mínimos, poco menos de 6 mil pesos al mes.

En síntesis, México es el país de América Latina con el salario mínimo más bajo después de Haití, y es también el más bajo de los países de la OCDE.

Menos podemos hablar de condiciones de crecimiento, productividad, promoción de inversión o generación de empleos con anuncios como el que escuchamos esta última semana.

Los ciudadanos están llegando al límite de la tolerancia. Con o sin injerencia en algunos factores hay una responsabilidad clara cuando se gobierna un país y una conciencia plena de dicha responsabilidad, al menos eso se supone.

No caben los pretextos sino la capacidad o la falta de ésta para enfrentar obstáculos que siempre han estado y seguirán estando. Nadie llega a gobernar sobre una cama de rosas.

El ciudadano ha comprendido y empieza a exigir consecuencias para quien crea que una sonrisa y una sarta de promesas son suficientes para ganar.

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