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El crimen de Benjamín, olvido e impunidad

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A casi 20 años del asesinato del periodista sanluisino, Benjamín Flores González, la procuración de justicia se dispersa en una nube de amnesia social y mediática en torno al caso mientras los autores intelectuales y materiales del artero crimen siguen gozando de impunidad absoluta, quizás en el anonimato, o quizás desde la palestra pública, especulaciones que cada vez están más lejos de confirmarse, o descartarse…

Bibiana García Garza

SAN LUIS RIO COLORADO.- Al igual que el nombre de su columna “No Confirmado” es como, paradójicamente, permanece el desenlace del caso Benjamín Flores, suspendido en un mar de especulaciones y plagado de irregularidades, como lo estuvo desde el principio.

En San Luis Río Colorado nunca antes había sucedido nada parecido y, hasta la fecha, se puede decir que ha sido la mayor tragedia que vivida por el gremio periodístico sonorense por el tremendo impacto que causó y el eco que hizo a nivel nacional e internacional.

Entonces, enterarse del asesinato de un periodista no era tan común como lo es ahora, en parte gracias a las nuevas tecnologías y en parte porque se han incrementado las agresiones contra comunicadores a nivel nacional.

Sobre todo por la manera en la que fue perpetrado el crimen, a plena luz del día, a la entrada de su periódico, con los compañeros dentro del inmueble, y por la fama que en pocos años había hecho Benjamín en esta, una ciudad pequeña y relativamente “tranquila”.

Flores González despertó su interés por la política y el periodismo desde muy corta edad, fundando además un estilo muy particular que marcó un parteaguas en la historia de los rotativos en la ciudad, empezando su carrera en el vecino estado de Baja California.

Allá escribía en el extinto diario Novedades, luego en La Crónica, y de ahí saltó al Departamento de¿ Coordinación de Prensa de su amigo, el primer gobernador panista en el país, Ernesto Ruffo, esto con apenas 21 años, edad en la que se convirtió después en su secretario particular.

Unos años después regresó de Tijuana a su natal San Luis Río Colorado en donde cautivó a los lectores ávidos de una pluma fresca y atrevida, el sello de presentación de Benjamín, cuyas columnas, reportajes y notas era lo que la gente desayunaba todas las mañanas, eran tiempos en los, según cuentan, “había que llegar temprano a comprar el periódico”.

Sin embargo, aún con todo ese contexto y lo que representó su asesinato para la sociedad sanluisina, a lo largo de 19 años han desfilado procuradores y gobernadores de diferentes partidos sin que se haya esclarecido todos los detalles sobre su caso y sin que se haya hecho justicia cabalmente.

Por el contrario, hoy apenas se recuerdan detalles, esbozos de una realidad aterradora, inclusive entre quienes la vivieron de cerca.

Queda el recuerdo y el dolor de la ausencia de una vida abruptamente apagada, pero sobre todo la huella imborrable de la impunidad, apostada como la estatua que erigieron en la brecha que lleva su nombre, silente y esperando justicia, a esa que de vez en cuando algunos compañeros del gremio y quienes lo conocieron en vida le llevan una corona en este, su aniversario luctuoso.

El día que silenciaron su pluma

Benjamín tenía 29 años cuando fue asesinado a quemarropa un 15 de julio de 1997 justo a las afueras del periódico que fundó cinco años antes, La Prensa, localizada por la avenida Tlaxcala y calle Sexta.

Mientras la ráfaga del ´cuerno de chivo´ escupía las balas que acabaron con la vida del periodista, sus compañeros reporteros apenas atinaron a resguardarse bajo los escritorios esperando lo peor mientras el sonido taladraba sus oídos y el miedo les comía por dentro hasta que, minutos más tarde, ya no había marcha atrás. Estaba muerto y los asesinos se habían dado a la fuga rápidamente.

Como pólvora, la noticia corrió por toda la ciudad; la sociedad enmudeció, el gremio trabajaba en estado de ´shock´, y así empezaban a arribar los medios nacionales e internacionales a la ciudad para cubrir la noticia en tiempos en los que no había internet como lo conocemos, ni Facebook ni Twitter pero aun así, nadie hablaba de otra cosa.

Según las primeras versiones policíacas, Flores González fue acribillado con un ´AK-47´ desde un vehículo en marcha en el que viajaban entre tres y cuatro hombres, a lo que el entonces procurador de Justicia Estatal, Rolando Tavares Ibarra, afirmó que se trataba de un ´ajuste de cuentas´.

Ese “ajuste”, se sospechaba, pudo venir también como venganza por alguna de sus múltiples e intrépidas publicaciones en las que exhibía temerariamente a narcotraficantes e inclusive señalaba como mafioso al propio Gobernador del Estado en turno, Manlio Fabio Beltrones.

En el ´97, se hablaba de que un lugarteniente del capo, Amado Carrillo Fuentes, al que le apodaban “El Poni”, lo tenía amenazado de muerte.

Curiosamente, en la última edición de La Prensa en la que participó Benjamín, un día antes de su muerte, se publicó una investigación especial en torno a las propiedades de otro lugarteniente de Amado Carrillo, misma que fue cateada meses atrás y en la que se encontraron dos toneladas de cocaína.

Esa era justo la línea que manejaba Benjamín, siempre a la yugular, lo que a su corta edad le valió un especial reconocimiento de la sociedad sanluisina por su arrojo, carisma, valentía y tenacidad periodística, pero también le fue en ello la vida.

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¿Quién fue?

En gran medida, esa lista de narcotraficantes y políticos que el joven periodista señalaba constantemente en las líneas que escribía también formó, y para algunos todavía forma, parte de la lista de sospechosos como autores intelectuales y materiales del crimen.

La década de los noventa representó para San Luis un periodo muy turbulento en lo que al crimen organizado y escándalos políticos se refiere, sucesos que ventilaba Benjamín sin censura alguna.

Uno de esos casos que el periodista criticó severamente fue el robo de media tonelada de cocaína resguardada en las oficinas de la Policía Judicial Federal -donde hoy es la PGR- y el caso de las pistas y avionetas de Bustamante.

Esas eran sólo algunas de las líneas de investigación de las que se hablaba, las sospechas, las conexiones, pero nunca se ahondó demasiado en averiguar si se trataba de un atentado a la libertad de expresión, o si el crimen tenía algo que ver con la “narcopolítica”.

De hecho, en aquellos años y todavía hasta la fecha hay quienes mantienen sus sospechas en el entonces mandatario, Manlio Fabio Beltrones, con quien Benjamín siempre llevó una agridulce relación (a lo que se sumaba su eterna aversión a los priístas).

No obstante, la investigación se volcó en torno al llamado “Clan de los González”, Jaime, Gabriel e Ismael, ligados al crimen organizado y quienes también fueron señalados por el director de La Prensa, aunque el proceso siempre fue catalogado por quienes lo vivieron en carne propia como mediocre y plagado de irregularidades e imprecisiones.

Al entonces Procurador, Rolando Tavares se le señaló también por sembrar confusión en torno al caso, evadir diversas líneas de investigación y poner trabas en general.

En tanto, la primera página del periódico La Prensa se imprimía diariamente con la interrogante “¿Quién fue?” con diferentes frases alusivas a esclarecer el caso con la advertencia de que se publicaría el recordatorio hasta que se hiciera justicia pero ninguna de las dos cosas ocurrió, ni la página ni La Prensa existen ya, ni se ha hecho justicia.

No fue hasta el año 2000 que se encarceló a Gabriel González Gutiérrez, quien estuvo preso en Estados Unidos por narcotráfico, luego extraditado, señalado como presunto autor intelectual del homicidio junto con otros implicados, como su hermano Jaime y el “Chichi”, entre otros.

De los 22 años a los que Gabriel fue sentenciado sólo purgó 17 pues en el 2010 un juzgado penal le dictó una resolución absolutoria por lo que éste salió libre del Centro de Readaptación Social Uno, localizado en Hermosillo.

Gabriel González y los demás implicados siempre alegaron inocencia y para muchos efectivamente se trataba de ´chivos expiatorios´, por lo que de nuevo empezó a permear la confusión y las especulaciones, nunca nada concreto, sólo largos procedimientos que hoy terminaron en nada, absolutamente nada.

Libre como el pensamiento

Hasta ahí quedó el expediente que ni por asomo se revisó durante la pasada administración por parte del polémico ex Procurador General de Justicia del Estado, Abel Murrieta Gutiérrez, ni se manejó por parte de antecesores ni sucesores, al igual que la vida de Benjamín, quedó trunco, pendiente, no confirmado, un crimen sin esclarecer, el precio de la libertad periodística absoluta.

Esa impunidad se asoma muy a pesar de los múltiples señalamientos que en su momento se hicieron por parte de organismos como la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), así como por el propio reclamo de la sociedad y el gremio local que hoy en día lo tiene guardado en el baúl de los recuerdos.

Este año, comentaron algunos reporteros de la localidad, quizás organicen una reunión en memoria de Benjamín, pero hasta el jueves nada estaba confirmado más allá de que se manejarán algunas notas periodísticas sobre el tema este viernes.

Tampoco queda ya nada del periódico que fundó en 1992, La Prensa, que se extinguió unos años después de que fuera adquirido por el ex alcalde priísta, Manuel Baldenebro Arredondo, a unos meses del inicio de su administración (2009-2012), quien utilizó el medio como aparato de comunicación social “de lujo” y como arma para golpear a sus adversarios.

Esto curiosamente con el apoyo de muchos que fueron “incondicionales” del ´Benja´  hasta que la línea oficialista del periódico, su manejo administrativo y la quiebra económica  lo llevaron a su inevitable extinción en 2013, lo que terminó por sepultar aún más el caso en el olvido.

Eso a pesar de que la Sala de Prensa del Estado que, dicho sea de paso, permanece acéfala a ocho meses del gobierno de la priísta Claudia Pavlovich, lleva su nombre, aunque eso también parece haber sido enterrado bajo las líneas del tiempo.

La impunidad, un intento de represión

Acerca de la situación que guarda actualmente el caso, el presidente municipal, Enrique Reina Lizárraga, lamentó que la indiferencia a la procuración de justicia en el caso Benjamín Flores ha quedado por sentado y que hay poca esperanza de que se retome la investigación.

“Imagínate, si en su momento, que se tenían las evidencias y todas las pruebas no se hizo nada, ahora ya qué tantas cosas habrán podido haber cambiado o simplemente las dejarán de lado”, señaló.

Eso, añadió, se percibió desde un inicio con la falta de atención en el caso, fue algo que de inmediato se dejó sentir por parte de las autoridades, una falta de respeto a la libertad de expresión pues no se le dio la atención debida desde un inicio para presentar resultados concretos.

“Desafortunadamente esa fue la única manera con la que lo pudieron callar; esa nula procuración de justicia parece que lo que quiere es tener a toda la comunidad callada y es muy lamentable porque eso no ayuda en nada, menos para el fortalecimiento de la democracia”, declaró el alcalde.

En ese sentido, abundó, la democracia sólo se fortalece cuando se atiende a la libertad de expresión por lo que en este caso se demuestra todo lo contrario al no impartirse la justicia ni procurarse.

Para ello será necesario buscar que se exija la rendición de cuentas al poder judicial, un paso que a nivel nacional se tiene que dar con el fin de que se pueda elegir y renovar a quienes están encargados de impartir la justicia para así luchar contra la impunidad, concluyó. @

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