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La clave de la información

Los falsos africanos, su imperio por un chip

Ramón Santoyo Valenzuela

 

SAN LUIS RIO COLORADO.- Dicen que vienen de El Congo, sin embargo hablan criollo haitiano, dicen que son africanos por su color de piel, sin embargo desconocen la situación real de aquel país del África central y todavía dicen que el pollero les cobró 192 mil 706 Gourdes –nombre de la moneda que se utiliza en Haití– lo cual equivale a 3 mil dólares para llevarlos a Brasil y la prensa local los sigue presentando como africanos.

 

Sí, los chicos negros que llegaron a San Luis están mintiendo. Todos utilizan la misma historia: trabajaron por 2-3 años en Brasil hasta que aprendieron a hablar portugués y otros inclusive español. Cansados de la situación del país de Pelé, decidieron emprender su viaje hasta Estados Unidos en busca de una mejor vida.

 

Muchos se apeñuscaron en la frontera con más cruces del mundo –Tijuana, área metropolitana que alberga a más de 3 millones de habitantes de todas partes. Otros, un poco más cerebrales, decidieron aglomerarse en fronteras más pequeñas como es el caso de los 400 afro-migrantes –número en aumento– que ya se han encargado de ser tendencia en la ciudad.

 

Ahí se les veía a las afueras del hotel internacional, justo frente a la garita añorando  comerse una Big-Mac llena de grasa con una  Coca-cola bien fría. Ahora, después de 6 días y de pagar 440 pesos por noche, sus gourdes cambiados a pesos mexicanos se les acabaron, es hora de ir a la Casa del Migrante en donde se les dará asilo por algunos días.

 

Para el día jueves la Casa del Migrante ya tenía a más de 50 seudo-congoleños acaparando las camas. Un grupo de haitianos tocaban la puerta de herrería cerrada con candado cada hora, cuando una de las mujeres  que se encarga de atenderlos salió y les dijo: “Ya no hay cupo, en verdad no entiendo como el tal Colosio los sigue mandado para acá, eso le corresponde al Instituto Nacional de Migración, nosotros damos asilo, pero ya son demasiados… que haga algo”. Sí, a los pobres negritos les negaron el acceso.

 

Las personas de la Casa del Migrante no se dan abasto con la llegada de tanto afro-viajero, quienes llegan a la frontera con un permiso temporal para estar 20 días en México; los haitianos que se hacen pasar por congoleños solo buscan mudarse a los Estados Unidos, entrar a BestBuy y cambiar ese iPhone 6 gastado que reposa en su mano por el modelo más reciente…

Pero no se trata de contar la historia que ya se ha repetido montones de veces, ni mucho menos de describirles el pollo haitiano que está siendo un hit en Tijuana, o de que hay una red de corrupción, señalada por el Washington Post, dentro del gobierno mexicano que está permitiendo que tantos migrantes haitianos lleguen sin ninguna dificultad hasta la frontera de los afamados 3 mil 815 kilómetros de lámina “impenetrable”; o de que los haitianos trabajaron en Brasil en la construcción de estadios y que cuando se les acabó el trabajo tuvieron que huir. O que se hacen pasar por congoleños porque actualmente Estados Unidos les está brindado asilo a aquellos ciudadanos.

Un dato extra es de que ellos viajan sin documentos, como la canción que Calamaro hizo famosa en los 90’s, para así seguir con su coartada de decir que son originarios de El Congo sin tener para comprobarlo más que su palabra.

El subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Segob, Roque Villanueva, mencionó en entrevista –con Adela Micha para Grupo Imagen Multimedia – que “las autoridades se contactan con el Consulado de su país, para que éste ratifique la nacionalidad (de la persona en cuestión); lo característico de Haití, es que no te responden; y de los migrantes africanos, congoleños en su mayoría, pues ya ni esperes que te contesten la llamada”. No, esta historia no se trata de eso, esta historia se trata de cómo tanto mi compañera y yo nos convertimos en taxistas por un día de los afro-migrantes. En fin

 

 

Ahí puedes ver a un haitiano desesperado haciéndose pasar por africano dentro de la casa del migrante, con sus lentes de pasta, su pantalón ajustado, su barba bien tupida y la misma playera amarilla de hace tres días con el número 10 estampado en la espalda, un iPhone 6 en su mano y sus audífonos blancos que contrastan con el color de su piel. Sí, en definitiva, es el único haitiano hipster que ha arribado al corredor fronterizo San Luis Son-San Luis Az. Él se acerca conmigo y con mi compañera para ver si le puedo hacer una recarga movistar de 50 pesos para así poder continuar whatsapeando con sus familiares que siguen en la frontera sur de México,Tapachula, Chiapas.

 

Son las 13:20 horas, pasados 10 minutos se cerrarán las puertas de la casa del migrante por políticas de que “¡ya no cabe nadie más!”, entonces tanto mi compañera Bibiana como yo debemos apresurarnos a hacerle la recarga al haitiano hipster si es que queremos entrar de nuevo al santuario de los migrantes y poder escuchar su inentendible idioma.

 

Por suerte, mientras abría los candados del coche, otro haitiano salía a caminar un poco “¿A dónde vas?”, le preguntamos, a lo que respondió en un escaso español “chip, celular”. Ahí tenemos nuestra historia. Nos dijimos con la mirada tanto Bibiana como yo. “Te llevamos”. El motor se encendió y nos fuimos en dirección al oxxo más cercano.

 

El hombre parecía desconfiar de nosotros, su mirada la mantenía fija hacia la ventana, desde donde podía apreciar las calles llenas de baches. En uno de esos afamados hoyos nos impactamos, el pobre sedán blanco relinchó como caballo lo que provocó que el afro-migrante se burlara en silencio, con lo que terminó por romperse el hielo con el singular pasajero.

 

“Y entonces, ¿de dónde es que vienes?”, le preguntamos, a lo que nos respondió rápidamente “Congo”. Al llegar al primer oxxo saqué mi smartphone de última generación para activar el traductor Español-Criollo Haitiano.

–Veremos sí lo que nos dice es verdad, pensé.

 

“Entonces, de dónde sacaste ese teléfono celular”, le escribí al traductor, en dónde leyó el mensaje fácilmente, y escribió, “Tapachula”. Bueno, ya sabíamos que él también era haitiano, no trataríamos de debatir su teoría, solo lo ayudamos a comprar su chip.

 

Resulta que en el oxxo al que lo llevamos solo vendían chips Telcel a 150 pesos, el hombre quien utilizaba un español demasiado limitado solo contaba con 100 devaluado pesos. Entonces decidimos llevarlo a una sucursal de Movistar en donde los chips son más baratos. Y ahí, lo hicimos subirse de nueva cuenta al carro, le dimos de reversa para salir del estacionamiento y emprendimos la marcha hacia Movistar.

 

“Vente wey, de seguro aquí te saldrá más barato”, le dijimos, al cabo que no entendía. Entramos a la tienda en donde nos recibió un señor con una amplia sonrisa. “¿A cuánto tiene los chips?”, preguntamos,  contestó que costaban 100 pesos, contenían 1gb para navegar en redes como Whatsapp, Facebook y Twitter, de igual manera mencionó que podía navegar unos 300mb en los exploradores. “Perfecto, dele uno al hombre que no se parece a nosotros”.

 

Como el haitiano no comprendía lo que pasaba tuve que hacer uso de mis artilugios tecnológicos, sacando de nueva cuenta el traductor le escribí exactamente lo que sucedía. El  hombre sonrió exhibiendo su blanca dentadura, rápidamente sacó su móvil de marca Blu y se lo dio al señor encargado de la tienda Movistar, ahí el hombre depositó el chip de la telefonía y casi al instante el celular de nuestro amigo afro-migrante comenzó a vibrar, su sonrisa apenas le cabía en el rostro.

 

Ya más relajado, con su español entrecortado, el hombre nos comenzó a contar que estaba hablando con su familia, pronto nos enseñaría una fotografía de su hija que se encontraba en Facebook, en la que decía como descripción: “c jodia mw resi fè l ale leko men mw pou ko peye pwemye vèsman ki c 900 dola e mw pouko achte liv kap koutem 350 dola.” Algo así como que: “ya le acabo de mandar el dinero para poder pagar las cuotas de la escuela y también comprar los libros que utilizará en este ciclo escolar…”.

 

Sí, el Criollo Haitiano es un idioma difícil de comprender, posee mezclas entre el inglés, francés y español, resulta que ese idioma se lo inventaron los haitianos para poder hablar mal de sus capataces en secreto. Ups.

 

Tras dejar al haitiano cuyo nombre jamás preguntamos, de la Casa del Migrante iba saliendo Adriano, uno de los negritos cuyo español fluido nos hace pensar que no es ni haitiano ni africano. De estatura promedio y aparentemente el líder de los más de 50 migrantes que se encuentran varados en la casa hogar, iba resguardado por tres compañeros suyos.

 

“Hey, ¿para dónde es que tú vas?”, me pregunta con un acento parecido al cubano. “Pues para donde usted me diga”, le respondo, “¿Nos puedes dar un aventón a Migración”. “¡A huevo!” –esto se ponía cada vez más divertido. “Súbanse, nomás no me hagan reguero”.

 

Y ahí vamos nuevamente, Bibiana en el asiento del copiloto haciéndoles preguntas, yo guiando el coche y mirando por el espejo retrovisor para ver sus reacciones, y cuatro negros atrás, dos de ellos con bebidas en mano, otro con lentes de pasta –genial, tenemos otro hipster a bordo.

 

“Es que queremos ir a Migración a hablar con el tal Colosio, porque está dejando entrar a la gente que viene de Tijuana de Mexicali y a nosotros nos están ignorando, soy el número uno en la lista y ya tengo siete días y no he pasado, mientras que a los otros ya los están dejando pasar, eso no es justo, solo queremos una aclaración”, relataba Adriano desesperado.

 

“Oye, ¿y qué pasará sí se quedan en México?”, les pregunta Bibiana. “No, no me digan esto, México no es para nosotros, nosotros debemos y vamos a cruzar…”, respondía el supuesto afro-cubano.

 

Nos estacionamos justo frente a la zona de los antros, a una calle de Migración, acompañábamos a nuestros buenos amigos afro-migrantes, mientras unos niños de la middle school los veían con asombro, una de las pequeñas niñas dice en son de broma “yo quiero tomarme una foto con ellos”, rápidamente volteo a verla, jalo del brazo al compa Adriano y le digo “hey, la niña quiere una foto con ustedes”.

“Pues no se hable más”, respondió el haitiano-congoleño. Los cuatro negros se ponen justo de lado de la niña haciéndola quedar en el puro centro, la pequeña de unos 11 años no puede creer que su comentario se hiciera realidad.

 

Pasamos la zona de los taxis, los aduanales nos gritan de lejos con la histeria que los caracteriza, “¡Hey no pueden tomar fotos aquí!”, solo los volteamos a ver y los matamos con la mirada de la indiferencia. Los cuatro caribeños tocan la puerta en donde se encuentra Álvaro Colosio, director del INM, tranquilos hacen fila, esperan breves minutos hasta que logra pasar Adriano.

 

“Pues solo nos queda seguir esperando, ahorita iremos con los americanos y ver qué está pasando, ya para allá no nos pueden seguir porque son más cerrados. Muchas gracias por el aventón”. Se despiden los cuatro hombres agradecidos mientras que a lo lejos pasa un camión Subur-Baja con seis afro-migrantes adentro. @

 

 

 

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