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El fraude de las “pirámides del dinero” se dispara en redes sociales

Muy de moda en los últimos meses, las llamadas pirámides que se identifican con diferentes nombres como “Castillo” o “Flor de la Abundancia”, se presentan ante los incautos como una panacea que les hará ganar e incluso multiplicar su dinero fácil y rápidamente, sin embargo, en ellas se esconde un fraude que viene de mucho tiempo atrás y que los podría llevar a los participantes la cárcel.

Bibiana García Garza

Todo el mundo quiere hacer dinero, dinero fácil y, sobre todo, rápido, sin esfuerzo ni paciencia ni demoras en medio de la situación económica que se cierne sobre un país subdesarrollado como México en el que los salarios cada vez alcanzan menos, los insumos son cada día más costosos y, encima de todo, abunda la corrupción.
Es en momentos de crisis principalmente, como la de los “veranos negros” que se viven en ciudades como San Luis Río Colorado, en las que surgen infinidad de oportunistas y charlatanes que encuentran en las necesidades e ilusiones de la gente común el modo de obtener fuertes cantidades de dinero fácilmente y claro, sin pagar impuestos.
Por supuesto, también se le apuesta a que las víctimas, al igual que los organizadores de estas estrategias fraudulentas, querrán de la misma manera multiplicar sus ganancias y pasar de 20 a 200 dólares en un abrir y cerrar de ojos.
Esto aclarando que en muchas ocasiones quienes participan en estas pirámides desconocen que se trata de un sistema que eventualmente colapsará y que, en algunos casos, sólo servirá para despojarlos de una inversión que nunca recuperarán.
Al respecto, el Contador Público con Post-Doctorado en Administración Financiera, Gildardo Linarez Placencia, lanzó un llamado de advertencia a la comunidad para evitar que sean víctimas de un fraude que, dicho sea de paso, no es nada nuevo en México ni en el mundo.
De hecho, explica el profesor, se tiene conocimiento de que este sistema se empezó a utilizar, por lo menos en este país, aproximadamente desde la década de los años cuarenta y que resurge ocasionalmente cuando aprietan las crisis económicas o cada que se presenta alguna oportunidad, en esta caso la tecnología.
En la actualidad, afirma, el resurgimiento de estas pirámides se debe principalmente a las redes sociales y se ha empezado a hacer presente entre círculos sociales de jóvenes universitarios y en personas de clase media.
“Desafortunadamente las personas que se dedican a hacer este tipo de negocios encuentran terreno fértil en las redes sociales para poder difundir el mensaje y poder llegar a una mayor cantidad de personas dándole un efecto relampagueante a las pirámides”, señaló.

Y es que, asegura, las personas que inician estas estafas -llamadas pirámides, flor de loto y muchas otras denominaciones que se adaptan de diferentes maneras para hacerle creer a la gente que no se trata de “aquel viejo fraude”- recuperan su dinero casi de manera inmediata y luego lo re-invierten para seguir, aunque inevitablemente, en los últimos lugares siempre habrá un perdedor (o muchos).

*Consecuencias y riesgos

El riesgo principal para quienes participan en estas pirámides, señala Linarez Placencia, es que puedan perder su inversión, que puede ser de 20 hasta 200 o inclusive mil dólares.
La burbuja termina por reventarse siempre al final debido a que cada participante deberá incluir en el “juego” a dos personas más y a su vez, estas otras dos deberán llevar a otras dos, sin embargo, en algún momento la pirámide colapsa y los de abajo nunca obtienen el dinero que se les prometió que recibirían.
Además de perder dinero, las personas que entran a la pirámide, sobre todo si son los de abajo, corren el riesgo de manchar su reputación y enemistarse con otras personas por haberlos llevado a un sistema que, por mera matemática financiera, nunca podrá ser un verdadero “ganar-ganar”.
“Matemáticamente las pirámides, para que se puedan dar, nada más van a ganar los que las inician, unas diez personas, y luego se hace un cuello de botella en el que las demás personas se quedan enojadas y molestas, y obviamente le van a reclamar a las personas que los invitaron y eso se va haciendo como una especie de cadenita que llega el momento que revienta”, abundó.
Sin duda, agregó, este tipo de situaciones provocan problemas sociales graves en una comunidad, y también económicos por lo que es de vital importancia que se atienda por parte de las autoridades encargadas de advertir de estos fraudes, y que se eduque financieramente a la población.
“Es un foco rojo porque la gente a veces piensa que es nada más el dinero que se pierde pero pueden poner en riesgo su estabilidad social por las enemistades que esto pueda ocasionarles”, reiteró.
Adicionalmente, indicó el maestro, en este país existen leyes contra el lavado de dinero que en el artículo 400 (bis) del Código Penal habla del uso de recursos de procedencia ilícita que, en el caso de las pirámides, en el supuesto de que una persona llegue a obtener el dinero prometido, son recursos que fácilmente se pueden llegar a configurar en ese delito.
Esto porque presumiblemente, apuntó, el narcotráfico pudiera estar detrás de este tipo de cadenas como una de sus operaciones para lavar dinero, delito que se castiga con prisión de cinco a 15 años.
“Esto es un delito que se considera presuntivo porque como la persona no puede explicar el origen de los recursos, entonces ya se configura automáticamente como uso de recursos de procedencia ilícita y con ello la autoridad puede proceder penalmente, no sólo con quien inicia estas cadenas, sino simplemente con que participe”, externó.
Inclusive, también se corre el riesgo de que se haga uso de billetes falsos, que también se cataloga como un delito grave.
En conclusión, se trata de un método muy atractivo que funciona inicialmente, admitió, sin embargo, a segundas o terceras vueltas ya no se encuentra la retribución.
Por este motivo, el maestro Gildardo Linarez refrendó su llamado a la comunidad a tener cuidado con estas pirámides, no inviertan en ellas y cuiden su patrimonio pues, en todo caso, es más confiable un ahorro o cundina, dependiendo claro de quién la organice, aunque es preferible que se acerquen a una institución bancaria. @

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