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Cada vez más cerca

El Eslabón Perdido

Humberto Melgoza Vega

Faltaban unos diez minutos para las 7:00 pm del miércoles cuando llegué al local de una buena amiga que es sin duda de las mejores dentistas de San Luis Río Colorado.

Apenas estaba por tocar en su consultorio ubicado sobre la avenida Hidalgo y calle 7 cuando comenzaron los estruendos.

Se oyeron dos ráfagas nutridas de arma larga y enseguida al menos siete detonaciones en repetición de una pistola.

Aunque el sonido de los rifles de asalto AR-15 es inconfundible, del interior del local se asomaron con la vaga esperanza de que se tratara de una cartera de cuetes, autorizada su venta por la autoridad municipal.

El ataque armado se había registrado en la avenida Madero y 7, a dos cuadras de distancia; sobre la banqueta, afuera de un expendio de agua alcalina quedó tendido sin vida el cuerpo de un joven veinteañero, a escasos metros del edificio que alberga las oficinas de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE).

Una hora más temprano en ese mismo punto del primer cuadro de la ciudad se habían reunido familias enteras para disfrutar del tradicional desfile navideño del Instituto Kino, que incluyó a niños desde preescolar hasta jóvenes universitarios.

Al poco rato cambió el escenario y todo el lugar estaba lleno de patrullas y en redes sociales y grupos de WhatssApp comenzaron a circular todo tipo de informes y fotos demasiado gráficas del mortal atentado.

En un diario de la localidad se manejó la versión que el joven asesinado había comprado flores en uno de los locales instalados en la zona y que iba acompañado de otro amigo, quien alcanzó a escapar, supuestamente herido.

Aunque en la escena del crimen no se miraban flores por ningún lado.

Sin embargo y de manera extraoficial, en el gremio de los abogados se menciona que la joven víctima, pasante de la licenciatura en derecho, estaba laborando como meritorio en la Fiscalía Estatal, edificio ubicado por la avenida Madero entre 6 y 7.

En este nuevo acto de violencia extrema llama poderosamente la atención el atrevimiento de los sicarios que perpetraron el ataque, prácticamente en las narices de la FGJE, instancia responsable de investigar los homicidios dolosos que se acumulan sobre su escritorio sin que se reporten detenidos ni vinculados a proceso.   

Todavía no digeríamos bien la balacera que escuchamos cerquita cuando ayer por la tarde se reportaba la privación ilegal de la libertad de una persona en la avenida Revolución 33 y 34.

 El “levantón”, como vulgarmente se le conoce en el mundillo narco-policiaco y de nota roja, ocurrió pasadas las 6:00 de la tarde, ante la vista de automovilistas y quienes confluyen en esa zona comercial.

Hasta el cierre de esta edición se desconocía la identidad del abducido, solo se sabe que un grupo de sujetos armados a bordo de dos vehículos se lo llevaron por la fuerza quién-sabe-a-dónde.

Luego de unos cinco días de rara calma, en donde autoridades de los tres niveles de gobierno reforzaron su presencia en las calles y bajaron momentáneamente la incidencia delictiva, esta semana las bandas del crimen organizado volvieron a las andadas.

Las autoridades, del nivel que sea, ya no pueden seguir excusándose que se trata de una guerra por la “plaza” entre cárteles de la droga y que su combate corresponde a la DEA y al gobierno federal.

Este mensaje de auxilio es muy sencillo y va a quien corresponda: queremos vivir en paz. 

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