El inútil muro de Donald Trump

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La enorme barda metálica que el gobierno de Estados Unidos está levantando en la frontera con México es tema de interés general en el fenómeno de la migración indocumentada en el mundo. Nick Oza, fotoperiodista indio, radicado en Phoenix, premio Pulitzer, estuvo por San Luis Río Colorado para documentar el choque entre ambas culturas.

Humberto Melgoza Vega

SAN LUIS RÍO COLORADO.- Equivalente a la Gran Muralla China o al derrocado Muro de Berlín, el imponente cerco de acero de casi 10 metros de alto que el gobierno de Donald Trump está levantando en la frontera entre México y Estados Unidos, actualmente en construcción en San Luis Río Colorado, no servirá para frenar el flujo de migrantes indocumentados que buscan llegar al país de los dólares.

El levantamiento de este muro, ideado para frenar el flujo ilegal hacia Norteamérica, pero que en realidad representa una afrenta contra los derechos universales, en pleno Siglo 21, y una bandera en la campaña para la reelección de Donald Trump, no ha merecido ni la más leve crítica por parte del gobierno de México, que está haciendo un “magnífico trabajo”, como lo ha dicho el presidente de los EU, para frenar la entrada por la frontera sur, por donde estaban o siguen entrando las caravanas migrantes de Centroamérica, África y otros países.

Orgulloso, Trump anunció el pasado domingo que para diciembre de 2020 su país habrá construido más de 800 kilómetros de este muro gigantesco.

Apenas la semana pasada, el Pentágono informó que destinarán al menos 3 mil 600 millones de dólares para la construcción solo de un tramo de 280 kilómetros en la frontera entre México y Estados Unidos.

Una nota colgada en el portal de Infobae asienta que para poder desbloquear estos fondos extraordinarios el Departamento de la Defensa decidió aplazar 127 proyectos de construcción y modernización de recintos militares en Estados Unidos y otros países de previstos en el presupuesto del Pentágono para 2019.

Actualmente, los tramos que se encuentran en construcción están en Arizona, en la frontera con San Luis Río Colorado; en California, a la altura de Caléxico, en San Diego, frontera con Tijuana; y en Texas, en la zona de Laredo y El Paso.

Hace un año, Donald Trump todavía amagaba que de alguna manera u otra México pagaría por el muro pero en un desplante de dignidad y patriotismo el ex presidente Enrique Peña Nieto le dijo que no, y ahí está Donald, pagando su gran muralla con presupuesto de los Estados Unidos.

Borderline

Nick Oza, el fotoperiodista de origen indio, caballo de batalla del Arizona Republic, premio Pulitzer 2018 (el equivalente al Oscar en el cine), visitó el pasado fin de semana esta frontera, atraído por el famoso muro de Donald Trump.

Vino acompañado de Mikala Morris, ella sí, cien por ciento gringa, estudiante de la maestría en Medios de Comunicación por la Universidad de Arizona y avanzada pupila de Nick.

Por recomendación del afamado foto-periodista “tijuanense” Roberto “Kate” Córdova –en realidad es de Mexicali–, este reportero fungió de guía de los colegas visitantes, para hacer un recorrido a lo largo del imponente muro, para tomar fotos y video de los más íntimos detalles, además de la visita a la Casa del Migrante y una comida enchilosa con cerveza y tequila en el Parianchi.

En la última década, Nick se ha dedicado a la cobertura del fenómeno migratorio en varias regiones del mundo. De facto, él mismo es un inmigrante.

Como residente de Phoenix, Arizona, a diario es testigo del racismo contra los latinos, que representan el 35 por ciento de la población, “donde las cosas han ido empeorando, porque mucha gente está siendo deportada…”.

En entrevista, Nick Oza reconoce que desde el arribo de Donald Trump al poder, el tema de la migración ha sido el de mayor interés periodístico, en especial por la construcción del gran muro en la frontera.

“En mi trabajo como fotógrafo, como periodista y como persona me interesa documentar las atrocidades que genera el racismo, y la violación a los derechos humanos que representa que estén separando familias como nunca había sucedido antes”, estableció.

Hay un gran cerco, que nosotros llamamos la pared, que está reforzando como nunca la frontera, pero no estoy seguro si eso irá a funcionar, es solo otro cerco, aunque más grande; el cerco ha estado ahí desde siempre y no creo que uno nuevo servirá para frenar la migración, manifestó.

“Toda la atención de los medios está enfocada en la construcción del muro, cuánto va a costar y la política que hay alrededor, y si servirá para detener la migración. Si no funcionó antes, no funcionará ahora, no sé si valdrá la pena todo el dinero que están gastando”, estimó.

“Me encanta ir a México, ahora en este caso a San Luis, porque la frontera me parece el punto donde se mezclan ambas culturas, cada vez hay más americanos que se casan con mexicanos o latinos, y viceversa, cosa que me parece de lo más interesante”, manifestó.

“Estuve en Tapachula cuando hacía el trabajo para National Geographic, estuve en Guatemala y me di cuenta que el gobierno mexicano está poniendo un especial interés como no lo había hecho nunca antes”, destacó.

Lo que me pone más triste es este muro es que pone en otra dimensión el tema de la migración, resumió. @

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