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La clave de la información

Carlos Zamora se va con la conciencia tranquila

Humberto Melgoza Vega


30091b125e183918aa6c1bfea5f9ceadEn la pasada sesión ordinaria del Cabildo, como último punto del orden del día venía anotada la solicitud para autorizar la jubilación del comandante Carlos Zamora Orozco, luego de 36 años con 10 meses en las filas de la Jefatura de Policía y Tránsito Municipal.

Su salida, luego de toda una vida al servicio de la seguridad pública, hubiera pasado desapercibida de no ser por una notilla por ahí desbalagada, escondida en las páginas interiores de un periódico.

Cero comentarios en las redes sociales, ni buenos ni malos, tampoco un homenaje oficial, cuando menos la entrega de un reconocimiento por parte de las autoridades o el respectivo estímulo económico.

Desde siempre, el poderoso clan de los Zamora ha despertado sentimientos encontrados, tanto en las filas de la corporación como en la sociedad misma, que los ama o los odia, pero nunca han pasado desapercibidos.

Y en esta ocasión no ha sido la excepción.

Es evidente que no son santos de la devoción de los actuales jefes policiacos, conocidos en los corrillos policiacos y periodísticos como “los Vázquez”.

Con solo llevar la Z del apellido es suficiente para traerlos en patrullas viejas o de plano tenerlos en servicios fijos, como dirigiendo el tráfico (vehicular). En los tiempos de Miguel Angel Medrano como jefe de la corporación, en la administración de Rubén Espino, a toda la parentela Zamora los concentraron en la caseta de policía que está en Campamento, la cual ingeniosamente llamaron la “K-Z”.

El caso más extremo fue el del finado Jesse Zamora, a quien mantuvieron prácticamente de velador en la casa de la cultura, en donde lo volvieron blanco fácil de la delincuencia organizada, que le arrancó la vida a punta de bala en abril del año pasado.

Por este hecho atroz y ante la indiferencia de las autoridades investigadoras, desde su retiro en la Academia de Policía su padre Jesús Zamora Orozco ha exigido justicia, pero su voz se ha perdido como un grito en el desierto.

El artero crimen del Jesse no fue la primera vez que la tragedia se ensañó con la familia Zamora. Ya antes, en 1995 la mala fortuna tocó a Marcos Manuel Salcido Zamora, quien recibió un balazo en la cabeza por uno de sus compañeros de los Pepes, de manera accidental, cuando se dirigían a atender un reporte.

En ese mismo año el recién jubilado Carlos Zamora vivió quizás la peor experiencia de su carrera como policía cuando fue “levantado” de su domicilio por un grupo de narcos encabezado por “Mi Niño”, uno de los tantos lugartenientes que ha tenido esta plaza.

Fue gracias a la rápida reacción de sus compañeros quienes, previa balacera, lograron rescatarlo de las garras de los pistoleros, quienes ya lo llevaban hacia un destino incierto…

El fin de semana pasado, para que vea que sí lo quieren, el oficial Carlos Zamora fue festejado por su extensa familia, su hermano Manuel de Jesús, sus hijos Carlos Abraham, Jesús Omar, Luis Alberto; sobrinos, compañeros y amigos del mundo policiaco estuvieron para acompañarlo y felicitarlo.

Ahí, en una pausa de la ruidosa banda sinaloense, CONTRASEÑA charló con él brevemente, parco como es, poco afecto a los reflectores, y esto fue lo que nos dijo:

 

-Luego de toda una vida como policía, ¿qué se siente ahora que llega el momento de la jubilación?

 

Me voy satisfecho, me voy agradecido primeramente con Dios, con mi familia, y agradecido con la vida que me dio esta oportunidad de salir avante. Me retiro como toda persona que le llega el fin de su ciclo en su trabajo, y tiene la fortuna de salir bien, y pues a seguir, ahora me toca compartir y disfrutar más a la familia, a los hijos, a los nietos…

 

-¿Tú consideras que el policía no es valorado por la sociedad?

 

Te puedo decir con toda honestidad que hay policías buenos, hay policías malos y policías regulares, qué más quisiéramos. Yo pienso que no es en la única parte donde sucede eso, yo no me puedo calificar a mí mismo, eso le corresponde a la sociedad, considero que hice bien mi trabajo en la medida de mis posibilidades.

 

-Cuando un elemento de Seguridad Pública se jubila ¿nada más le dan las gracias y que te vaya bien?

 

Hasta ahorita no me han entregado nada, quiero ser honesto, no espero nada, si viene bien, si no, no le daría mucha importancia, para mí lo más importante es estar bien con mi familia, mis amigos. Hay compañeros buenos que estuvieron conmigo en las buenas y en las malas, esas son las personas a las que yo les agradezco. Hay muchos elementos buenos que saben apreciar lo que es el policía y otros que no.

 

Ahorita estoy esperando mi liquidación que me entrega el Municipio por mi tiempo de servicio, hasta ahorita no la he recibido, lleva tiempo, pero yo espero en el momento que digan y yo paso.

 

-¿Cuál es la principal satisfacción que te deja tu carrera de policía?

 

El haber servido a mi sociedad, a la gente, como te dije, hubo ratos buenos y ratos malos, pero tengo mi conciencia tranquila y es lo que yo les deseo a mis hijos, que sean honestos, leales a la camiseta y saldrán bien.

 

-¿Cuál fue uno de los momentos más difíciles de tu carrera?

 

“Tuve varios, uno de ellos cuando en 1995 unos malandrines allanaron mi domicilio y me secuestraron, fue una situación difícil que la superé, no quedé traumado, yo creo que este trabajo es de mucho peligro y a veces sales con alguna lastimadura, pero a veces también en lo sicológico te puede dejar alguna secuela porque son situaciones a veces duras pero yo lo superé; no me he sentido nunca el valiente, pero yo pienso que es una enseñanza en la vida del peligro que corre el policía.

 

Otro fue el trágico accidente de mi sobrino que por desgracia, por manos irresponsables de otro compañero le dio un balazo en la cabeza. En el caso de mi sobrino Jesse él fue un joven ambicioso que eso sí, le gustó la policía, traía la camiseta bien puesta. Vivió una situación muy difícil, le tocó algo que a nadie se le desea, y te lo digo con toda honestidad: no tuvo ningún apoyo de nadie, al contrario, lo pusieron en un lugar donde estaba vulnerable para que pasara lo que pasó.

 

-Tú tienes dos hijos que son policías…

 

Como padre, siempre va a existir la preocupación, y vaya, como compañero por qué no, porque hay compañeros que son buenos para trabajar y se meten en el peligro. Lo único que les deseo es que Dios los proteja, y que se cuiden cuando anden en la calle.

 

-Algo que quieras agregar.

 

A todos los ciudadanos quiero agradecerles, a los que me conocieron como policía, como servidor público, decirles que como todo ser humano cometemos errores, si hubo algo en que los haya lastimado, yo de antemano les ofrezco mis disculpas, soy un policía más y espero la compresión siempre de los ciudadanos para los demás policías. @

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