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Ayotzinapa Herida que sangra

 Para hacer frente a las intenciones del gobierno de cerrar el caso de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, padres de los jóvenes y sobrevivientes buscan rescatar la solidaridad y la memoria de un pueblo que olvida fácilmente, sobre todo, dicen, ante las mentiras de los medios serviles, autoridades que ya se cansaron, y un sistema que procura guardar las apariencias y solapar la injusticia

Bibiana García Garza

IMG_1874Ante la apuesta del Estado a que el tiempo borre la memoria de la gente y deje en el olvido la desaparición de 43 estudiantes campesinos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, la llama de la esperanza y la lucha por la justicia sigue encendida.

Ese fue el mensaje que vinieron a traer algunos de los padres de los jóvenes desaparecidos así como uno de los sobrevivientes en su paso por esta frontera el pasado miércoles.

Esto al cumplirse seis meses de los hechos en los que, según se ha documentado, se registraron detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, tortura y ejecuciones extrajudiciales perpetradas por fuerzas del Estado, en Iguala.

Frente a un grupo de casi un centenar de sanluisinos, la tarde del pasado miércoles tres padres de familia de los normalistas guerrerenses y uno de los sobrevivientes volvieron a narrar de la saga de episodios violentos del 26 y 27 de septiembre del año pasado.

En esos hechos, aseguran, estuvieron involucrados elementos del Ejército, así como policías municipales, dejando como saldo al menos seis muertos, 27 heridos y 43 desaparecidos, de lo que responsabilizan directamente a las autoridades de los tres niveles de gobierno, sin distinción de cargos y mucho menos de partidos políticos.

En ese ánimo, sin descanso y sin tregua reafirmaron que no van a detener su lucha por encontrar a los 43 a pesar de las amenazas que han recibido y, sobre todo, de los intentos de soborno del propio gobierno federal que directamente les ha ofrecido hasta diez mil pesos a cada papá así como otros bienes a cambio de su silencio, de su resignación y, sobre todo, de su dignidad.

La confianza para con un gobierno que no les han cumplido, expresaron, está completamente rota pues encima de que se reprimió a los jóvenes desde el principio, todo se hizo con el fin de ahogar los llamados que se hacen continuamente por sus derechos a la educación, al trabajo y en general a condiciones dignas para vivir en las comunidades rurales de las que provienen.

** “Nos quitaron todo, hasta el miedo” **

Sobre las acusaciones dicen tener pruebas contundentes y testimonios que no temen dar a conocer en ningún momento y sin esconder su rostro porque lo ocurrido ya les ha quitado todo, dicen, hasta el miedo.

Con esa frustración, impotencia y dolor dibujados en el rostro, reiteraron su escepticismo ante lo que les dicen las autoridades, principalmente ante lo que consideran fue un montaje y una burla por parte del Gobierno Federal en torno a los 28 cuerpos incinerados hallados en fosas y que se dijo que eran los normalistas que habrían sido calcinados en un basurero de Cocula.

Esa versión, recordaron, fue desmentida por peritos argentinos que realizaron pruebas de ADN a los restos encontrados, de los que se confirmó que no eran compatibles con los desaparecidos, además del absurdo de que pudieran haber sido incinerados en una hoguera bajo la lluvia.

Aunado a ello, consideran que las pruebas de la PGR sobre las identidades de las víctimas de los cuerpos supuestamente encontrados fueron sembradas, además de que no hay una sola prueba contundente que les confirme que los estudiantes están muertos.

Sobre todo, externan su coraje ante la injusticia de la que los jóvenes fueron víctimas por parte de servidores públicos que deberían tener el cometido de cuidar a los ciudadanos –porque para eso se les paga-, no para maltratar, desaparecer, mentir… o asesinar.

“… los agredieron los que son servidores públicos, que tienen que cuidarlos, porque les pagamos con nuestros impuestos para que nos cuiden, no para que nos desaparezcan, nos asesinen, nos maltraten; en esto acusamos a los tres niveles de gobierno”, aseveró la señora Carmen Cruz, madre del joven desaparecido, Jorge Aníbal Cruz Mendoza, de 19 años de edad.

Aunque se le quebraba la voz y se escuchaba ese nudo de angustia que trae en la garganta desde hace seis meses, la mujer no parecía tener miedo al señalar al gobierno, al Ejército y las autoridades que asegura desaparecieron a Jorge Aníbal y en las que ha perdido totalmente la confianza.

Al contrario, subió el tono de su voz y lanzó un llamado a los presentes a romper el silencio ante las injusticias, pero sobre todo, a no tener miedo y no callar o convertirse en cómplice o víctima de las circunstancias.

“Quiero decirles que no tengamos miedo, que alcemos la voz, que hablemos, que nos manifestemos, a que cuidemos nuestra vida porque esta gente no tiene respeto a la vida, no tenemos que seguirles el juego quedándonos callados, ellos no tienen por qué someter al país y en eso yo creo que tenemos que abrir los ojos todo el mundo”, expresó.

** “No somos ´revoltosos´” **

En el encuentro, uno de los sobrevivientes a los atentados, Miguel Alonso, relató de viva voz cómo transcurrieron esos días hace seis meses en Iguala y cómo logró escapar de entre la balacera y los policías que dispararon contra él y sus compañeros.

También describió el momento en el que vieron a un convoy armado vestido de negro que, literalmente, llegó a “cazar” a los normalistas bajo intensas lluvias.

Las lluvias, según recordaba, también fueron de balas mientras se ejecutaba la persecución de las autoridades que no dejaban de amenazarlos y cerrarles el paso hasta llegar a herir a varios de sus compañeros, entre los cuales algunos perdieron la vida, y otros más recibieron heridas que los marcaron de por vida.

Uno de ellos se encuentra, a causa de las heridas recibidas, en estado vegetativo, mientas que otros perdieron parte del rostro, los dedos u otras extremidades… casi la vida.

Como cada año, mencionó Miguel, los jóvenes de la Normal Rural participan en manifestaciones para exigir sus derechos a la SEP, como estudiantes hijos de campesinos y también como luchadores sociales, un perfil que les ha caracterizado desde los tiempos de Lucio Cabañas.

Ese perfil los ha encasillado, como ´revoltosos´ y grupos problemáticos debido a que sus demandas resultan incómodas para un gobierno que no los escucha y no los atiende y que en esta última ocasión si respondió, pero con tortura, secuestro y muerte.

Es en ese contexto que se cree que, María de los Ángeles Pineda, la esposa del alcalde de Iguala, José Luis Abarca, envió a la policía y a militares a frustrar su camino hacia una marcha del 02 de Octubre, pensando que los normalistas sabotearían el informe del DIF que se pronunciaría esa noche, por lo que también se le considera a la pareja como los autores intelectuales del crimen.

Sin embargo, destacó el joven, aunque ese no era el cometido de los normalistas aquella noche, todo el tiempo han sido tachados de vándalos o ´revoltosos´ por participar en manifestaciones de lucha social en defensa de los jornaleros, los estudiantes y los maestros comunitarios.

Todavía hasta la fecha, y a pesar de las evidencias y los hechos que saltan a la vista, hay quienes desacreditan el movimiento y afirman que los jóvenes normalistas son delincuentes, ´desestabilizadores´ e inclusive miembros del crimen organizado.

“Mucha gente del gobierno nos tachaba de revoltosos, pagaban a periódicos para que dijeran que éramos unos vándalos pero no es cierto, nosotros solamente nos manifestábamos porque necesitamos reclamar nuestros derechos humanos como estudiantes, trabajadores y padres de familia”, externó.

Después de lo ocurrido, lamentó, se quiere seguir afirmando que los estudiantes de la Normal Rural son agitadores y con eso buscan darle ´carpetazo´ al asunto con ayuda de medios de comunicación como Televisa que funge, como desde hace décadas, como esbirro del gobierno.

** “Están vivos… ayúdennos, no nos olviden” **

Nadando a contracorriente, los padres de familia, divididos en grupos para recorrer toda la República Mexicana en la misma lucha, coinciden en que sus hijos están con vida y nada les detendrá, advirtieron, para seguir buscándolos.

En este grupo asignado a la frontera norte, encabezado por don Juan Colón, Cristina Salvador y Carmen Cruz e hijos, así como el joven Miguel Alonso, todos están convencidos de que los estudiantes están vivos por lo que es muy importante que la gente no los olvide.

De ser así, coinciden, el gobierno procederá a cerrar el caso y desecharlo para siempre sin que se aclare nunca la verdad sobre las desapariciones y sobre todo los motivos que se tuvieron para atentar de esa manera contra los jóvenes.

“No nos olviden porque si nos olvidan, ellos ganan, el gobierno gana, da carpetazo y cierra el caso, por eso pedimos por favor que nos sigan apoyando moralmente”, pidió Miguel Alonso a los presentes, a quienes exhortó a ayudar con manifestaciones.

Y es que esas manifestaciones y protestas son las que realmente le calan al gobierno, que en su momento, a través de Jesús Murillo Karam, ex Procurador General de la República, pedía que no se ventilara demasiado el tema.

“Sabemos que eso al gobierno le duele, Karam nos pedía que no saliéramos a las escuelas a decir que el gobierno hace esto, que nosotros no cumplimos, que digan que no trabajamos en sus mítines, que ya llevaba 30 días sin dormir, que ya lo dejáramos tranquilo”, declaró.

Por eso, reiteraron su petición a la gente que desee solidarizarse a que organice marchas, pláticas o conferencias para mantener viva la protesta y que no se permita que el caso se vaya al olvido porque en ese momento el gobierno habrá ganado, como en muchos otros casos en los que la impunidad imperó al final.

Prueba de ello, el caso de la Guardería ABC en Sonora al igual que otras desapariciones forzadas de las que han sido víctimas también estudiantes normalistas en años anteriores y en otras partes del país en donde igualmente se cometen injusticias y atropellos, como el caso reciente de los jornaleros de San Quintín, Baja California.

“Ustedes son nuestra fortaleza, no queremos que esto se olvide, y ahora más que nada, en el presente, tenemos en nuestras manos hacer el cambio, no queremos que al rato quede en el pasado y que digan ´pudimos hacer eso pero ya pasó´, no, ahora es momento de reaccionar y dar a conocer esto a la sociedad y hacer actividades en conjunto para seguir levantando la voz”, asentó.

** Conciencia social **

Entre los presentes al mitin con los padres de los normalistas también se escucharon voces solidarias que llamaron a tomar consciencia de lo que pasa actualmente en el país y cómo lo está manejando el sistema, así como del caso particular de los 43 de Ayotzinapa.

El señor José Ángel Durazo, profesor jubilado, lamentó la tragedia de los desaparecidos y consideró de suma importancia no olvidar que los jóvenes agraviados son mexicanos y estudiantes a quienes se les inculcó que debían ser agentes de cambio.

Asimismo, señaló que a todas luces en el país se cierran las puertas a la justicia por lo que no hay que detener la lucha para no seguir tolerando esos hechos, “… todo lo estamos dejando pasar, como la Guardería ABC, como el 68, como el asesinato de Colosio, ¿se necesita entonces algo más fuerte para que tomemos conciencia y exijamos justicia?”.

Lo más triste, dijo, es que en aras de un piadoso olvido se quiera asentar la paz sobre la injusticia cuando esta debería sustentarse en la verdad, la justicia, y reconocer que ciertamente hay cabezas muy visibles que fueron culpables y otras que se están “haciendo tontas” y no cumplen con su deber, sino todo lo contrario, obstaculizan.

En ese tenor se pronunciaron otras personas del público que se solidarizaron firmemente a la causa, y lamentaron la situación actual del país que, coinciden, tiene pinta de encontrarse al bordo de un estallido social.

Por ello, también se comprometieron a seguir impulsando la lucha desde su trinchera en esta región del país para no permitir que la desaparición de los normalistas quede impune e igualmente reiteraron su apoyo moral y espiritual a los padres guerrerenses que mantienen la fe en que los suyos están vivos y esperando se esclarezcan los hechos de los que parece que todavía no hay culpables, pero sí demasiadas víctimas. @

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