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Nadie va a llorar por ellos cuando caigan

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Arturo Soto Munguía

Interesantes señales se enviaron ayer desde diferentes campos de la vida pública en Sonora, a propósito de la construcción de consensos y los necesarios acuerdos para tratar de echar a andar la maquinaria estatal, en evidentes condiciones de chatarra, como la dejaron los que ya se fueron.

No todos, por supuesto, y algunos persisten desde trincheras ciertamente endebles con sus intentos de sabotaje, boicot o de plano, nomás por joder, aunque también, hay que decirlo citando a un veterano panista de reconocida trayectoria en ese partido: “esos son los menos y además, no mueven ni al uno por ciento del padrón del PAN”.

Intuyo que se refería al ala dura del padrecismo, en la que pasan lista Agustín Rodríguez, los Dagnino; Roberto Romero López, entre otros talibanes que siguen operando abierta o soterradamente para mantener un ambiente de confrontación belicosa, hasta ahora con magros resultados. Y no podría ser de otra manera, si lo hacen con los mismos métodos que en el pasado reciente terminaron por revertírseles.

Es obvio que los más belicosos, lo son en sentido directamente proporcional a las posibilidades de que la justicia les caiga encima por las trapacerías cometidas en los últimos seis años y de las cuales fueron los grandes beneficiarios.

 Es obvio que buscan negociar impunidad y por ello, por ejemplo, enderezan una campaña de golpeteo mediático sobre el nuevo fiscal anticorrupción, Odracir Espinoza, cuestionando su fugaz paso por el priismo, pero omitiendo deliberadamente su renuncia y desilusión, así como su acreditada trayectoria en la lucha por la transparencia y la rendición de cuentas, desde organizaciones de la sociedad civil.

 A contrapelo de esa beligerancia, en el Congreso del Estado se avanza en la construcción de acuerdos y se atempera a los más atrabiliarios, y en el Ayuntamiento de Hermosillo se avanza también en las decisiones colegiadas para destrabar la maquinaria gubernamental, seriamente deteriorada, hay que repetirlo.

 Hay, digamos, señales de que las dos principales fuerzas políticas, PRI y PAN tratan de avanzar en las coincidencias, aunque, debe precisarse, los agravios son muchos y algunos muy serios. Tanto, que no habrá manera de pasarlos por alto, sobre todo aquellos que se refieren a la depredación presupuestal, el atraco despiadado a las finanzas públicas y el consecuente deterioro en los niveles de vida de los sonorenses.

 Es decir, por momentos esas fuerzas políticas aparecen como si estuvieran en una luna de miel condicionada, en la que se prueban pero no se tragan; se acercan pero no tanto; se abrazan, pero poquito; se acarician con una mano, mientras con la otra rozan la cacha del cuchillo.

 Ya se acabó septiembre, sigue octubre y con ese mes, las primeras discusiones sobre la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos que habrán de ser aprobados en diciembre.

 Veremos si para entonces sigue la luna de miel. Sobre todo porque para fin de año, el bono democrático con el que comienza este gobierno presentará sus primeros síntomas de desgaste y buscará escalar en su legitimidad, presentando resultados en lo que fue su tema principal de campaña: el combate a la corrupción.

 Eso significa que quizá para este fin de año estaríamos asistiendo a los primeros ejercicios de acción penal, pero al mismo tiempo a la temprana ruptura de esta luna de miel condicionada.

 En todo caso, habría de quedar claro que los saqueadores del presupuesto, aun cuando alcanzaron algunas posiciones de gobierno y legislativas, no son el PAN. O mejor dicho, y citando al veterano panista con el que iniciamos esta columna, no mueven ni al uno por ciento del PAN.

 Es decir, nadie va a llorar por ellos cuando caigan.

II

En casi todas las dependencias (y el ‘casi’ es mero formulismo), recalcitrantes padrecistas que durante la administración anterior se prestaron a todo tipo de maniobras para quedar bien con sus jefes, algunas muy sucias relacionadas con el espionaje y el acoso a cualquiera que apareciera como crítico del gobierno, están cambiando de piel.

Es curioso, pero algunos de ellos, hasta antes de 2009 se asumían priistas de hueso colorado, luego mutaron a azul tatuado y hoy se envuelven en la bandera claudillera y se dicen dispuestos a lanzarse de dónde les digan con tal de permanecer en la suculenta nómina.

Casos hay por todos lados, pero nos reportan dos en la Dirección General de Telefonía Rural, dependiente de SIDUR, donde recién rindió protesta como titular un hombre que viene precedido de buena fama pública, como Ricardo Martínez Terrazas, quien se desempeñara durante una etapa del boursismo como como director del Centro Ecológico.

Los dos personajes en mención hasta hace poco presumían de realizar el trabajo sucio (una partecita, claro) para el entonces director del C4, Javier Dagnino Escobosa, filmando mesas de periodistas, llevándole mitotes y jugando al policía secreto.

Uno de ellos es el subdirector técnico, Sergio Andalón, que presume vida de millonario, cuando percibe un sueldo de 17 mil 550 pesos mensuales. Del otro, mañana les pasamos más detalles.

III

Un asiduo lector de El Zancudo, Herbert Strauss, que sigue el vuelo rasante de este díptero columnista desde Arizona, fue quien en días pasados difundió la imagen de un noticiero de TV gringa, en el que aparecían los señores Vladimir Arzate y José Hernández López, ambos perseguidos por la justicia internacional en 189 países, y sobre los cuales aparecía la leyenda “ARRESTADOS”.

La imagen sembró confusión en Sonora y, al corroborar con fuentes estatales, manifestaron no tener conocimiento de tal arresto. Días después, durante un viaje a Puerto Peñasco, El Zancudo, que inicialmente valoró la posibilidad de que la difusión de esa imagen podría obedecer a un acto de ‘troleo’, observó esa misma imagen en el mismo noticiero. Finalmente todo se trató de una confusión en la televisora gringa.

Valga la aclaración para ‘lavar la honra’ del señor Strauss, que por momentos pasó a ser considerado un troll, cuando en realidad se trata de un sonorense ‘malnacido’, como él mismo se asume por su identificación con la lucha de quienes así fueron considerados en su momento por Padrés al exigir (y lograr) la derogación del impuesto denominado COMUN (comúnmente identificado como ‘tenencia disfrazada’).

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