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Apagón Analógico y el rezago cultural / David Figueroa

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Diálogo

David Figueroa

El tan llevado y traído apagón analógico ingresará a México a la nueva era digital como el resto del mundo, pero esa es la única similitud, pues en términos de contenidos para el desarrollo cultural seguimos siendo un país con notorios atrasos.

Una vez más queda en espera lo importante por lo urgente. La polémica en la opinión pública y el discurso del gobierno se ha centrado en las limitaciones o garantías de continuidad de señal a toda la población, incluyendo a quienes no tienen posibilidad de cambiar sus aparatos.

La distribución de televisiones por parte del Estado a la población en general acaparó la atención, lo cual es una obligación ciertamente garantizar el servicio como lo establece la Ley de Telecomunicaciones, pero de lo más importante, nadie habla: la programación y sus contenidos.

A partir de esta semana y hasta el 31 de diciembre está programado el cese de la señal analógica en México de forma escalonada por ciudades, entrando municipios como Caborca y Agua Prieta en la primera etapa.

Recordemos que en 2004 durante el mandato de Vicente Fox se estableció que el apagón analógico en nuestro país se daría en el 2021, pero seis años después el ex Presidente Felipe Calderón adelantó la fecha para este 2015 como una ‘palanca de desarrollo’ a través de una mayor apertura y competencia.

Según la reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión el Estado tiene la obligación de garantizar estos servicios públicos en condiciones de calidad, es decir, que brinden beneficios de cultura, pluralidad, veracidad y valores de identidad nacional, de acuerdo al artículo 3ro Constitucional.

En pocas palabras, que sea este servicio de información y esparcimiento una herramienta en la educación; el desarrollo del ser humano; la diversidad cultural y el combate a la ignorancia; lo cual quedó prácticamente en el olvido de las reformas estructurales, tanto de telecomunicación como educativa.

Un sencillo ejemplo son los horarios y clasificaciones en la programación de tipo infantil, familiar o para adultos: la clasificación B quedó autorizada a partir de las 16:00 horas.

Cierto que hoy la televisión pública como la radiodifusión han quedado rebasadas por las redes sociales y un contenido infinito en internet.

Es decir, no se trata de rasgarse las vestiduras por una programación  conservadora, pero programas como el de la señora Laura u otros que poco o nada aportan a la educación debería ocuparnos más allá del apagón analógico.

Por ejemplo, la República de Corea es una potencia educativa a nivel mundial, pero en su servicio público de televisión y radio sólo se producen contenidos clasificación A.

Y en otros países como Inglaterra o Francia los contenidos clasificación B comienzan de las 21:00 horas en adelante, no mientras sus niños están expuestos a este tipo de producciones durante el día como sucede aquí.

Se supone que el objetivo de esta transición es que la audiencia pueda gozar de programación con mayor calidad en cuanto a imagen y sonido, pero también convertirla en una palanca de desarrollo a partir de una mejor oferta con contenidos de calidad.

Lamentablemente hasta el momento se ha quedado en un proyecto de modernización y no de desarrollo humano y cultural.

Comenzando por la entrega de pantallas a la población por parte del gobierno como si fuera lo más importante, hecho que se está prestando para un mercadeo entre las personas que tienen necesidad y carencias económicas.

Nos consta y hemos visto cómo su prioridad, es tener el recurso en la bolsa para cubrir otras necesidades y no tener en casa una pantalla plana que ante su realidad pasa a segundo término.

Si eso no es populismo, no se entiende qué otra cosa puede serlo.

Por otra parte no todo es negativo, pues ciertamente abrir la señal a más canales amplía la oferta de programación al televidente, independientemente si es la adecuada; fomenta mayor competencia y puede favorecer el inicio de una guerra de contenidos que también abona al derecho a la información.

Lo lamentable es que se dé como consecuencia y no porque estemos preocupados como país en hacer una prioridad la evolución de contenidos hacia un desarrollo humano integral, con educación de calidad y diversidad cultural.

Ante ello sólo nos resta esperar que una mayor competencia impacten de manera positiva para dar un paso más allá de la era digital.

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