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EL Eslabón Perdido / Al bat, Leonardo Guillén

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Humberto Melgoza Vega

Desde antes de que Leonardo Guillén terminara su mandato como alcalde de San Luis Río Colorado, encargo que culminó de manera satisfactoria el pasado 15 de septiembre, todos nos preguntábamos cuál seguiría su futuro inmediato, a dónde se iría después de entregar el gobierno a su gran amigo Enrique Reina.

El mismo ex alcalde llegó a comentar al autor de esta modesta columna que ciertamente tenía varias opciones, incluyendo en la iniciativa privada, en donde seguramente pudieron haber aprovechado no solo el talento y la dedicación del joven Leonardo, sino además sus contactos y relaciones públicas.

Una de las primas opciones, llamémosle el Plan A, era integrarse como funcionario de primer nivel en el gobierno del estado, pero como don Javier Gándara no ganó la gubernatura  esa posibilidad quedó enterrada de inmediato.

También había la opción de que fuera invitado a trabajar por el gobernador de Baja California, Francisco Vega de la Madrid, con quien lo une una cercana amistad desde que ambos fueron diputados federales en la LXI Legislatura, se acoplaban en el recinto de San Lázaro y de vez en cuando coincidían en el vuelo de regreso.

Otra posibilidad era tocar puertas en la Ciudad de México, donde tiene excelentes relaciones, las que cultivó desde que trabajó en Los Pinos con Vicente Fox y luego en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

Precisamente fue ahí en el DF donde Guillén se entrevistó con el líder nacional del PAN, Ricardo Anaya, a instancias del también sonorense Damián Zepeda, flamante secretario general del CEN albiazul, quienes lo vieron con buenos ojos como para venir a sustituir al frente del Comité Estatal al buenazo de Juan Valencia, quien obligado por las circunstancias decidió tirar la toalla antes de tiempo, empujado por la dolorosa derrota que les propinó el priismo en las urnas el pasado 7 de junio.

Debilitado, tanto el anímico, como en lo físico, en lo moral y hasta en lo económico, Juanito Valencia dejó de estar a la altura de la ocasión, su voz dejó de tener peso –si es que alguna vez lo tuvo—y su relevo se volvió urgentemente necesario.

Acusado de haber comprado a precios de ganga unos terrenos en el vado del río hermosillense cuando Javier Gándara fue alcalde de la capital sonorense, señalado junto con Guillermo Padrés de ser causantes de la derrota, llegó el momento en que terminó por sentirse vapuleado.

Con un “líder” estatal rebasado y desmotivado, el Comité Nacional tomó la arriesgada decisión de designar a un presidente sustituto, y para tomar esa responsabilidad eligieron al sanluisino Leonardo Guillén, quien previamente había sido mencionado como uno más de los aspirantes a esa posición junto con David Figueroa, si acaso el más visible y resuelto candidato a la dirigencia, larga lista en la que además aparecen Alejandro López Caballero, Ernesto Munro Palacio y ya con menos seriedad ni posibilidades Gildardo Real, Gustavo de Unanue y la diputada Célida López.

La designación de Leonardo Guillén como sustituto de Juan Valencia trae preocupados a muchos panistas que ya tienen varios meses haciendo labores de proselitismo a lo largo y ancho del estado ante la posibilidad de que en lugar de un interinato el ex alcalde sanluisino se quede al frente como delegado, lo que podría ser por tiempo indefinido.

Se corre el riesgo que pase lo que en Hermosillo, donde fue impuesto por la vía del dedazo el joven Eduardo Romero Campa, ante la inconformidad de otros personajes que aspiraban a que esa posición se eligiera de manera un poco más democrática.

En sendas entrevistas que se publican en esta misma edición se nota la discrepancia entre los puntos de vista: por un lado Ernesto Munro Palacio refiere que el “interino” deberá estar lanzando la convocatoria para el proceso de elección del nuevo dirigente a finales de este año o a más tardar principios del próximo; mientras que Guillén dice que no será interino sino “sustituto” y habla de que en el primer semestre de 2016 estaría emitiendo las convocatorias para los relevos en los comités municipales, pero nada dice del Comité Estatal.

Sin duda existe la tentación de dejar a Guillén como delegado, algo que no sucedía desde 1997 cuando enviaron a Sonora al duranguense Manuel Espino y se quedó al frente del partido durante varios años, tiempo en el que impuso su ley y encumbró a un grupo de sanluisinos, proyectándolos a otros niveles en la política.

Aunque ahora en 2015 no son las mismas circunstancias como en el ’97, cuando Manlio Fabio Beltrones pretendió cooptar al PAN a través del Pelón Rosas, en la cúpula nacional podrían alegar que son muchos los aspirantes, que existe el riesgo de división, que no están los tiempos para jugar a la democracia, que Leonardito Guillén es el indicado, por su temple y beligerancia…aunque los aspirantes a la dirigencia se queden con un palmo de narices, como vulgarmente se dice, “haciendo chile con el fondillo”.

Sin duda es una jugada arriesgada, en la que ni siquiera el aún dirigente municipal en San Luis, el cruzazulino Guillermo Carbajal está de acuerdo.

Será bueno saber qué opinan de esta posibilidad cuadros como David Figueroa, el más aguerrido y crítico de todos los pretendientes, y hasta el alcalde Enrique Reina, de quien se dice no trae buena relación con Leonardo por su incesante protagonismo, sobre todo en redes sociales, imagínenselo ahora que en la práctica se convertiría en su líder partidista.

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