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El Eslabón Perdido / Gracias por participar

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Humberto Melgoza Vega

Para quienes estaban (estábamos) con el pendiente, el alcalde Enrique Reina se encargó de desmentir de viva voz el supuesto distanciamiento con Leonardo Guillén, flamante presidente ¿interino? del Comité Directivo Estatal del PAN.

Fue el pasado martes durante el desayuno-posada con los medios de comunicación celebrado en conocido restaurante de carnes de la avenida Obregón, cuando Enrique se refirió al rumor que ha venido circulando en los corrillos políticos citadinos y de ahí brincado a algunas redacciones y columnas periodísticas.

Lo dijo tan en serio, más bien, con una sonrisa tan franca, que hasta parecía que sus palabras fueran la puritita verdad.

Para que no quedara duda, dijo que el Leo era, es, uno de sus mejores amigos al que le tiene “aprecio, respeto y cariño”.

También comentó que había terceras personas interesadas en hacer ver o creer que entre ambos personajes existe una relación fracturada, quién sabe con qué malsanos propósitos.

Y si el tremendo Kiki afirma y reafirma que él y el joven Leonardo son buti-compas, eso no impide que en el pasado reciente hayan tenido algunas desavenencias, como las hay, disculpen la comparación, hasta en los mejores matrimonios, en donde las parejas se pelean y hasta dejan de hablarse por un tiempo, pero eso no significa que se termine el amor.

Porque de otra forma no entenderíamos a la bola de mitoteros –incluido por supuesto el autor de esta modesta columna–, que decían que antes de la campaña Enrique se molestó porque Leonardo andaba impulsando para la candidatura que fuera, incluida la alcaldía, a su ex delfín Paolo Navarro; o que el Leo se agüitó por la cancelación de la Feria del Algodón, por falta de recursos para hacerla, lo que significaba que había dejado las arcas municipales temblando.

Y que después Enrique se sintió incómodo porque Leonardo seguía muy activo en Facebook y le robaba cámara, sin atender a la vieja consigna presidencialista de “muerto el rey, viva el rey”, que dicta que el presidente saliente debe desaparecer de la escena pública o arriesgarse al exilio; o que no le haya dado chamba a sus fraternos, pues si tampoco es obligación, a solo que se hayan roto compromisos inconfesables.

Qué bueno que siguen siendo tan amigos como siempre y que, si acaso andaban sentidos, pues ya se contentaron, máxime en plena temporada navideña en la que todo debe ser paz y armonía, el tiempo propicio para olvidar viejos agravios, perdonar y amar al prójimo como a ti mismo.

Aparte de aclarar que siguen siendo los mismos cuates de siempre, lo más interesante fueron las porras que Enrique le echó a Leonardo como flamante presidente del Comité Directivo Estatal, designado vía dedazo desde el centro del país por el mismo líder nacional Ricardito Anaya, también conocido como “el chico maravilla”, llamado así en honor a su tocayo Ricardo Tapia, el nombre “real” de Robin, el compañero de Batman (Bruno Díaz, también en la versión latinoamericana).

Enrique aseveró que Leonardo era, es, la persona indicada para recomponer las cosas en el PAN después de la desmoralizante derrota electoral de junio pasado –que dejó convertido en una piltrafa humana a Juan Valencia– y preparar el escenario con miras a los comicios de 2018.

Leonardo, integrante del influyente “Grupo San Luis”, es el tercer sanluisino que se convierte en dirigente estatal del PAN, el primero fue el Chito Díaz Armenta en 2003; luego fue Enrique Reina, quien tuvo el orgullo de ser parte de la hazaña que llevó a ganar en 2009 por primera vez la gubernatura llevando como candidato al entonces carismático Guillermo Padrés, de quien ahora todos los panistas prefieren deslindarse.

Mucho se ha especulado de si Leo Guillén viene solo a cubrir un interinato, lo que indicaría que solo debería ocupar el cargo hasta febrero que es cuando concluía el periodo para el que fue reelecto Juanito Valencia. Pero no, lo que se ha dicho y publicado es que permanecerá al frente del panismo al menos hasta junio o julio de 2016, cuando se hayan renovado todos los comités municipales, de manera democrática, a través de una convención de militantes; o vía imposición, como también lo contemplan los estatutos del blanquiazul.

En teoría, se supone que el ex alcalde sanluisino también deberá sentar las bases para que se lleve a cabo la elección para la presidencia del Comité Directivo Estatal, cargo para el que hay seis o siete tiradores que han manifestado su interés por competir, de ellos los más serios y con más posibilidades son el de Agua Prieta, David Figueroa Ortega y Ernesto Munro Palacio de Puerto Peñasco.

Sin embargo, nadie les asegura que esto será así.

Ya veremos si en el PAN sigue imperando el talante democrático, de permitir que sus miembros participen en elecciones abiertas, con el voto directo de los militantes, de lo contrario ya vemos a David Figueroa convocando a la “rebelión de las bases”, lo que  no hizo cuando Javier Corral pretendió la dirigencia nacional y se plegó a la segura candidatura ganadora de Ricardo Anaya.

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