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[Diálogo] ¿Deuda pública en México nos debe preocupar a todos?

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David Figueroa 

Cuando escuchamos hablar de macro y micro economía, o de millones y billones aprobados en el presupuesto anual en el sector público difícilmente alguien que no es especialista podrá sacar conclusiones o cruzar cifras para conocer el beneficio real a las familias mexicanas, pero vale la pena poner atención en lo que está sucediendo con la deuda pública en nuestro país.

Lo que sí sabe el ciudadano común es que paga impuestos y no recibe satisfactoriamente los servicios requeridos como salud, educación, infraestructura carretera, vialidades dignas, etcétera.

Por eso el tema que hoy nos ocupa es la  ineficiencia en el manejo de las finanzas públicas y su repercusión en el incremento alarmante de deuda que se estima crezca para finales de 2018 hasta un 50% del Producto Interno Bruto.

Cada año se paga del presupuesto federal en México, sólo por intereses de la deuda aproximadamente 500 mil millones de pesos – gasto similar al que se destina al Instituto Mexicano del Seguro Social, para darnos una idea de lo importante de este gasto-.

De una manera más simple significa que una gran parte del presupuesto se tiene que destinar al pago de intereses a los bancos en vez de invertirlo en mejores servicios de educación, salud y vivienda, …vaya! en combate a la pobreza y generación de igualdad de oportunidades para todos.

En un país con más de 50 millones de pobres, cada familia en México debe al menos 300 mil pesos si traducimos el monto de la deuda pública hasta julio de 2015 que era de 7.104 billones de pesos.

Esto es que la deuda consolidada del sector público mexicano está en su máximo histórico al representar el 46.6% del PIB hasta agosto del año pasado. Para darnos una idea, también según datos que arroja INEGI, en el año 2000 el saldo de la deuda económica representaba apenas el 18.31% del PIB.

Es decir, en 15 años el nivel de endeudamiento en nuestro país creció en un 611.2 por ciento, mientras que la economía aumentó nominalmente sólo un 180.9 por ciento.

Sin duda que este ritmo de crecimiento de pago de intereses, de comisiones y gastos derivados de la deuda es preocupante, sobre todo en un contexto de economía despetrolizada, de alza de intereses y un dólar caro.

Por otro lado, una economía que crece a un ritmo más lento que su población está claro que no tiene capacidad para atender las necesidades básicas.

La deuda ha sido el muro que sostiene el gasto público, principalmente gasto corriente que comparando niveles de eficiencia de este gasto ha resultado ineficiente. Y aquí vamos al segundo tema toral: la eficiencia en la administración pública.

Pemex, Imss, Issste, el gasto corriente y el mal manejo de la deuda son ejemplos de la ineficiencia financiera y la falta de previsión  en el sector público.

Ya hay propuestas en el Senado y en la Cámara de Diputados para suprimir el derecho de la Federación, los estados y los municipios a endeudarse más, y obligarlos para que a partir de 2017 presenten presupuestos con déficit cero.

No es fácil, pues el peligro contundente es que sin contratación de más deuda los gobiernos no tendrían ingresos suficientes y se quedarían sólo con el presupuesto que prácticamente está destinado de antemano a gasto corriente, sin capacidad de invertir en obras y servicios.

En Sonora se aprobó recientemente la contratación de un crédito de 5 mil millones de pesos que se sumarán a los 16 mil millones de deuda actual, incluyendo más de 4 mil millones de deudas de los municipios.  En síntesis, la situación en la entidad no es menos preocupante.

La intención de presupuesto base cero planteada también por el gobierno federal al inicio de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto quedó en eso, una intención, pues el sistema de financiamiento público y los compromisos dejan poco margen a la creatividad, sin embargo es el camino en el que se debe insistir.

Difícilmente la inercia de los últimos años se va a detener: despetrolización de la economía, gasto público en pensiones en aumento, ineficiencia en la operación financiera de Pemex, sector salud y otras paraestatales.

El incremento acelerado de la deuda pública nos debe preocupar; ya que no son solo 50 millones de pobres en México, es mucho más que eso.

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