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La clave de la información

Democracia “Light”

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Por Germán Orozco Mora

Con una participación electoral de poco màs del 30 por ciento de los votantes de Nayarit, Hidalgo, Coahuila y Estado de México “decidieron” quién los gobernaría del 2011 al 2017.

El psiquiatra español Enrique Rojas en uno de sus libros “El hombre light” nos recuerda que así como hay café sin cafeína, cigarros sin nicotina, refrescos de cola sin cola, así también hay un hombre “light”, que no quiere sacrificarse, ni vivir como hombre, sin responsabilidades, sin esfuerzo, sin abnegaciones, sin renunciar; un hombre “lúdico”, hedonista, que busca el placer por el placer.

Por extensión, habría una democracia “light”, indiferente, no participativa, no crítica, que no le gusta lo difícil, los obstáculos, los sacrificios, el heroísmo.

Por eso hemos llegado a ser una caricatura de hombres y mujeres; movidos por lo cómodo, lo más fácil; ¿cómo le hago? ¿Cuál es la forma más fácil de hacer esto o aquello?

Cientos de miles de personas, durante el proceso electoral en Baja California 2007 prefirieron ir de paseo o de fin de semana, renunciando a su responsabilidad de votar. Por cierto en el actual proceso electoral ya no se mencionó lo del “voto en blanco o nulo”.

Los políticos dedujeron que quienes ganaran el proceso electoral por ejemplo en el Estado de México, tendrían el triunfo casi asegurado en 2012.

Anacleto González Flores, abogado jalisciense beatificado por Juan Pablo II el 20 de noviembre de 2005, con muchísima tristeza expresaba la pusilanimidad del alma mexicana. El espíritu derrotista nacional. Patología que se expresa en la indiferencia, la apatía, la cobardía, el desinterés, “valemadrismo” por participar en la construcción de la familia, los sindicatos, la escuela, la iglesia, la política, etcétera.

Que de un 100 por ciento de personas inscritas en el padrón electoral de todos los estados de la República Mexicana, perredistas, priistas o panistas, acudan a votar un poco más del 30 por ciento, es una expresión popular, muy válida, pero muy endémica, famélica, podría decirse que en política los mexicanos estamos anémicos, enfermos.

Los mexicanos estamos adormilados, atolondrados por infinidad de enfermedades que van desde el casino, la pornografía, el alcohol, las drogas, la falta de lectura; preferimos una cerveza que comprar un periódico; una cháchara que un libro; mejor un partido de futbol que visitar un museo.

Nuestra desordenada y estéril forma de vivir se refleja en las miserables recaudaciones de la Cruz Roja, de los grupos de rescate. No tenemos un quinto para ayudar, pero sí para los vicios.

Y para no ser tan drásticos con el alma mexicana, cabe recordar como en Estados Unidos, supuesto paladín de la democracia internacional, el virus de la democracia “light” socavó la verdadera y ejemplar participación política, cuando la televisión se apoderó de la voluntad ciudadana en la década de 1960.

Don Godofredo Méndez, que de Dios goce, tenía un dicho sobre la pantalla chica, “Maestra de horrores, disfrazada de colores”; a sus hijos jamás los dejó ver televisión; junto a ellos estudiaba tres o cuatro horas diarias; a todos ellos mujeres y hombres, por su desempeño académico, el gobierno norteamericano los becó y dio a elegir estudiar en las mejores universidades del mundo. Como así fue, y ahora muchos de ellos dirigen colegios en California.

Más radical que don Godofredo, caborquense avecindado en Caléxico, el pensador y politólogo austriaco Karl Popper decía a sus alumnos que “la televisión no ha entrado, ni entrará en mi casa”. Radical el hombre.

A como sucedieron las cosas en México, ya estamos escuchando mensajes del señor presidente de México, Enrique Peña Nieto. Y luego le cambiaremos para ver el Mundial o algún estreno novelero.

Cuando los italianos despertaron se dieron cuenta que ya era Berlusconi presidente de Italia, y que controlaba como Mussolini los medios de comunicación públicos, y la mayoría privados, eran suyos. Cuánta tristeza para don Giovanni Sartori, si viera que cierto es lo del Homo Videns. Algo que los expertos comunicólogos llamarían la concupiscencia visual, para no olvidar el catecismo del padre Ripalda.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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