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Diálogo – México obligado a competir en medio de la crisis

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David Figueroa

En uno de los momentos político y social más complejos para el país en las últimas décadas, el Presidente Enrique Peña Nieto participará esta semana en la Cumbre de Líderes de América del Norte (CLAN) en Otawa, Canadá junto con el Presidente Barack Obama y el Primer Ministro Justin Trudeu.

De este foro, el de más alto nivel donde los tres países identifican como socios comerciales sus prioridades y definen la ruta para lograrlas, se espera que los tres mandatarios salgan con un “Plan de Trabajo para la Competitividad de América del Norte” bajo el brazo.

Hoy se da en un momento histórico ante la percepción de malos presagios por el rechazo británico a la Unión Europea, y el resurgimiento de tendencias contrarias a la integración económica de grupos específicos con una visión nacionalista.

Estados Unidos enfrentaría de hecho un gran reto de ganar Donald Trump la Presidencia, pues su propuesta de levantar un muro y el rechazo expresado al TLC con México se aproxima a la visión del o sucedido en Gran Bretaña, donde el discurso del pasado y cerrar fronteras se impuso.

También para nuestro país es un momento particularmente decisivo porque seguro habrá mensajes de ida y vuelta con nuestros socios comerciales, velados o claridosos pero los habrá.

México enfrenta circunstancias poco usuales y que hasta hace poco no sólo los mexicanos, sino el mundo entero pensaba que habían quedado atrás:

* Conflicto social en incremento;

* La falta de respuestas ante desapariciones y muertes masivas;

* La opacidad de la Ley Anticorrupción recién aprobada y vetada entre otros.

Pareciera poco inteligente pensar que hay alguna conexión entre una y otra cosa, temas nacionales vistos por algunos como asuntos ‘caseros’, y la visión global de México ante el mundo…pero no lo es.

En este contexto tenemos que pararnos frente a nuestros socios a hablar de competitividad. Por ejemplo, las reformas promovidas por el Presidente debieran ser un campo de oportunidades; debiera ser nuestra carta de presentación, nuestra mejor oferta ante nuestros socios y están atoradas.

Construir un futuro para México está ligado a su pertenencia a América del Norte, asegura Claudia Ruiz Massieu Secretaria de Relaciones Exteriores, pues es la región que en el siglo XXI se proyecta como la más competitiva del mundo.

Pero mientras eso sucede a nivel global, aquí en casa estamos en un momento anti sistémico, donde las instituciones han perdido credibilidad y peso, donde la autoridad es retada por una sociedad cansada ante la falta de justicia y aplicación del Estado de Derecho.

Cansada del abuso de la clase política, de la corrupción y la impunidad. El Gobierno está enfrentado con los empresarios, con una parte del magisterio, con la sociedad en general en casos de homicidios y desapariciones, hasta con representantes de Derechos Humanos Internacionales.

El periodista Raymundo Riva Palacio hace un análisis interesante sobre la forma de gobernar el Presidente Peña Nieto, que de ser cierto ofrece más de una respuesta a tantas interrogantes para saber dónde está México parado frente a sus socios comerciales:

    “Le gusta comenzar tarde y tener acuerdos a media noche. Hay veces que parece ser llevado por ideas espontáneas, o por sugerencias que no fueron procesadas como lo haría normalmente un Presidente. Hay opacidad en su gobierno que no ve el mediano plazo y muchas veces se queda en el inmediato”.

Y añade: “En Los Pinos Peña Nieto ha estado muy lejos de todos, salvo de un pequeño grupo que lo tiene cercado. El aislamiento ha tenido como consecuencia la falta de contacto con la realidad que lo obliga a creer en sus asesores”

Son estos pues, momentos que vaticinan fuertes cambios las crisis de 1994 antesala de la alternancia, y 1988 el inicio de un verdadero equilibrio pluripartidista en el Congreso, por citar las más recientes en la historia.

Y es que sin esperanza nadie puede cambiar las cosas y tampoco surge una necesidad de cambio si no hay insatisfacción. Son la incertidumbre, desafíos y riesgos que hoy vivimos lo que nos ofrece las mayores oportunidades.

Se acabaron pues las horas de reflexión si queremos estar a la altura de países como Canadá y Estados Unidos.

México necesita un Presidente que se siente en esa mesa con la voz completa e ideas claras a hablar de futuro a largo plazo sin estar pensando cómo cerrar tantos frentes para poder ofrecer garantías de competitividad.

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