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Ángeles en el infierno. Las víctimas del abuso infantil

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Abandono, golpes, tortura, agresiones físicas, castigos, palabras hirientes, abuso sexual e inclusive la muerte son una constante para cientos de menores que crecen en hogares desintegrados por las adicciones y la violencia que éstas desatan en los padres o tutores, un cáncer social que sigue escalando y está lejos aún de ser erradicado

Bibiana García Garza 

SAN LUIS RIO COLORADO, Sonora.- En una sociedad tan desensibilizada como en la que estamos inmersos, el infanticidio es todavía uno de los temas que causan el mayor impacto por la obvia vulnerabilidad de las víctimas incapaces de defenderse y, menos aún, de sus propios padres.

De acuerdo con el informe nacional de la organización “Mexicanos Primero” publicado en 2014, en México cada dos días muere un menor de 4 años por homicidio a consecuencia del maltrato físico, además del psicológico y el emocional.

Esos casos por sí solos son los que se denuncian constantemente ante diferentes instancias gubernamentales y judiciales, algunos a tiempo, y otros demasiado tarde.

A principios de este mes, casos como el de los niños Usiel y Diana Mía en el vecino estado de Baja California cimbraron a toda la región por la crueldad en la que los pequeños encontraron la muerte, presuntamente a manos de sus padrastros, así como con el pleno consentimiento y complicidad de las madres.

A estos se suman otros dos en los que las víctimas, entre éstas una bebé de apenas 8 menos de nacida, fueron asesinadas brutalmente, según se presume, también por sus padrastros, además de que sus cuerpos presentaban huellas de abuso sexual.

La otra víctima era la hermana de Usiel de 5 años de edad, quien falleció el 8 de julio por traumatismo craneoencefálico, unos días antes que el otro pequeño, y también se le encontraron quemaduras en las manos, lo que se relacionó a la confesión de la propia madre en cuanto a que acostumbraba castigarla a base de golpes.

Ese tipo de tragedias no son ajenas a esta ciudad, hace tres años una mujer sanluisina de 21 años de edad, Miriam Lizeth “N”, confesó haber matado a golpes a su bebé, Alexander Janeth, quien a sus 2 años de edad murió por estrangulamiento.

En su declaración ministerial, la madre admitió que el día de los hechos -22 de marzo del 2013- se sentía alterada por problemas familiares y económicos lo que la llevó a violentar al infante para “desahogar todas sus frustraciones”, por lo que fue consignada por el delito de homicidio calificado, entre otras agravantes.

Fue ese mismo año que repuntaron de manera alarmante los casos de infanticidio en el estado de Sonora, que durante el 2013 registró hasta 11 casos en este y otros municipios como Hermosillo, Caborca, Sonoyta, Nogales y Guaymas; en todos se vieron involucrados tanto padrastros y tíos como las propias mamás.

Aparte de familiares inmiscuidos, el común denominador de todos los asesinatos fue el uso de violencia extrema en el seno de un descompuesto ambiente familiar, principalmente a causa del abuso de alcohol u otras drogas, a lo que se añade el factor socioeconómico cultural.

Muchos de los indiciados igualmente contaban con antecedentes penales mientras que en otros casos las madres agresivas eran a su vez violentadas, amenazadas o manipuladas por sus novios o cónyuges.

*Albergues al límite de su capacidad

Aunque el número de casos de violencia hacia menores en San Luis Río Colorado no ha incrementado dramáticamente en comparación con cifras del año pasado, los albergues están al límite de sus capacidades por el constante ingreso de bebés, niños y adolescentes.

Las causas del ingreso a los dos albergues disponibles –Niño Jesús y San Judas Tadeo (para jovencitos de 12 a 17 años)- es precisamente el maltrato físico y/o sexual, psicológico y emocional en la mayoría de los casos, así como también el abandono de los padres o la llamada ´violencia patrimonial´.

De acuerdo a la titular de la Oficina de la Subprocuraduría del Menor y la Familia del sistema de DIF, Joanna Karina Bautista Arvizu, de enero a junio del presente año han recibido 147 denuncias de violencia doméstica directas por teléfono, por escrito y por comparecencia.

De esas 147, explicó, un total de 108 se refiere al maltrato de niños y adolescentes menores de 18 años, y nueve a casos de mujeres y adultos mayores violentados en sus hogares.

Tras las verificaciones, se confirmó que los casos de abuso infantil perpetrados este año fueron en su mayoría por omisión de cuidados (39) y por abandono (31), mientras que el resto fueron por negligencia, daño psicológico y abandono, además de que en muchos casos se confirmó el abuso sexual.

No obstante, sostuvo que las cifras se mantienen en el mismo rango de acuerdo a los datos que arrojaba el libro de registro de ingresos en el mes de junio del 2015 aunque, reiteró, los albergues están al límite de sus capacidades, lo que demuestra que el índice de casos no ha disminuido en lo más mínimo.

En todos los ingresos es posible observar que el niño o el adolescente sufrió de violencia física, y en muchos casos el menor llega a canalizarse de manera inmediata a una evaluación médica para determinar el grado de agresión y el caso se transfiera a otras instancias.

Ya en el albergue, los niños reciben atención psicológica, servicios médicos, alimentación y educación así como cuidados especiales pues en su mayoría, comentó la subprocuradora, los pequeños padecen del Trastorno de Déficit de Atención con hiperactividad (TDA), además de que se atiende a por lo menos tres niños con otras discapacidades físicas.

El TDA se desencadena por la clase de hogar de la que provienen los pequeños, mencionó, en donde los padres consumen drogas inclusive durante el embarazo, una discapacidad conductual que se debe tratar con el apoyo de especialistas en neurología y pediatría.

“Es todo un trabajo multitudinario para darle la atención a esos niños, así como hay que trabajar en poderlos reintegrar a su familia”, externó.

Y es que la finalidad de DIF y de los albergues es reunir a los infantes con sus familias dándole seguimiento a cada caso, apuntó la directora de la institución, Patricia Noriega Federico.

Sin embargo, eso no siempre es posible cuando los padres tienen problemas de adicción al alcohol u otras drogas y reinciden constantemente, el principal obstáculo con el que se enfrenta la institución y sobre todo los niños, que a final de cuenta son quienes resienten la ausencia de una familia y un hogar en donde se les brinde cuidado, protección, amor y respeto.

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Adicciones, violencia y abandono

En la gran mayoría de los casos, el ciclo de violencia en el hogar que repercute directamente en los niños inicia con las adicciones del padre, de la madre o de ambos, lo que desata tanto maltratos físicos como psicológicos, abuso sexual, omisión de cuidados y abandono.

“Los casos más extremos son las omisiones de cuidados, en los que al no tener los cuidados necesarios con los menores, se les abandona totalmente. Después está la violencia física que va combinada con la psicológica y la emocional, lo que lleva también al abandono”, mencionó Joanna Karina Bautista.

Muchas veces, señaló, los papás dejan al niño solo o con un vecino y simplemente ya no regresan, lo que se relaciona a las adicciones también.

“Tenemos un alto porcentaje de niños que ingresan al albergue cuyos papás son drogadictos, entonces tenemos que trabajar con ellos para romper ese ciclo porque estamos viendo que luego dejan de consumir nomás para culminar o cumplir con proceso de reintegración y luego lo vuelven a hacer”, anotó.

Esa situación atrae siempre otros problemas como el factor económico pues por las drogas los padres dejan de aportar ingresos a la familia para la manutención del niño o los dejan de llevar a la escuela, además de la negligencia de dejarlos solos o al cuidado de cualquier persona.

“Esa falta de responsabilidad radica en la necesidad de las personas adictas, ellos se van y primero está la necesidad de ellos por satisfacerse y los niños pasan a segundo término, o cuando no llegan a conseguir dinero para las drogas explotan en contra del niño, lo golpean, le gritan, y ahí viene la violencia”, afirmó.

En otros casos, indicó, si se está bajo los influjos del alcohol u otras drogas es cuando hay posibilidad de que se perpetren los abusos sexuales.

No obstante, todos los casos son el resultado de combinaciones multifactoriales en donde influye el clima extremo en la temporada de verano con la situación económica, que los niños se encuentren de vacaciones, el consumo de sustancias, o la desesperación de las madres por mantener relaciones sentimentales disfuncionales.

Es por eso que no hay diferencia entre padres y madres en cuanto a que ambos pueden infligir maltratos a los pequeños de igual manera, mientras que en segundo lugar la violencia es perpetrada por los progenitores afines (padrastros), y esporádicamente con tíos o abuelos, en el caso de que el niño viva con ellos.

En el abuso infantil se incluye también el tipo de ambiente al que se expone al pequeño y le atrae serias repercusiones emocionales, “… tenemos niños que nos han llegado a describir cómo han visto a sus papás inyectarse o consumir drogas”.

Antes de que sea demasiado tarde

Ante este panorama desolador que se observa en muchos hogares sanluisinos así como en los casos que se han registrado recientemente en las ciudades vecinas de Baja California, las instituciones como DIF están preocupadas por trabajar en la prevención y en promover la cultura de la denuncia.

Esto porque muchas de las tragedias que se han suscitado han sido precisamente porque los casos no se han denunciado a tiempo y sólo hasta que muere un inocente los vecinos y personas cercanas a la familia admiten que ya sabían que algo andaba mal.

En ese sentido, aseveró la directora del sistema DIF en San Luis Río Colorado, es de vital importancia las denuncias que se reciben de maltrato tanto de niños como de adultos mayores se siguen de oficio y de manera inmediata.

Por otra parte se trabaja en la prevención a través de programas como el San Luis Seguro en diferentes colonias de la ciudad mediante pláticas en las que se informa a la comunidad sobre esta situación y, sobre todo, cómo detectar la violencia intrafamiliar, así como que existen instancias a las que pueden acudir para recibir apoyo psicológico y/o asesoría legal.

A través de esta labor se ha detectado que mucha gente desconoce que hay situaciones que son consideradas violencia intrafamiliar o que existen alternativas para encontrar apoyo, como los albergues o el refugio temporal para mujeres ´Casa Dignifícate´.

“Mucha gente tiene aún muchas dudas sobre diferentes situaciones que pueden estar ocurriendo en su familia y pueden estar viviéndola y no detectarla”, advirtió Patricia Noriega.

De ahí el interés, dijo, que tiene DIF para trabajar tanto con víctimas como victimarios con el fin de romper el ciclo pues la situación social actual y las estadísticas son preocupantes, esto también dejando en claro que una denuncia puede salvar una vida.

“Nos preocupa lo que están viviendo nuestras ciudades cercanas y por eso hay que difundir que la denuncia puede salvar una vida y es con lo que nosotros como institución podemos intervenir”, añadió la Subprocuradora de la Defensa del Menor.

Por ello, reiteraron las funcionarias de DIF, se trabaja también con instituciones educativas para que los maestros ayuden a canalizar los casos que pudieran detectar en los niños como bajo rendimiento escolar, cambios de conducta, aislamiento, agresividad o inclusive signos físicos de que han sido golpeados.

La intención es atender esos casos, aseveró Noriega Federico, y sobre todo buscar la reintegración familiar y el rescate de los valores buscando soluciones de fondo, más allá de intervenir superficialmente en los casos.

Por último, recordaron que las vías para denunciar son llamando al número 066 ó 089, así como a las oficinas de DIF al teléfono 534 1430, o bien, al número celular 653 121 0499, que funciona las 24 horas del día y los siete días de la semana. @

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