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La clave de la información

La Chipilona II

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Arturo Soto Munguía

Bajo los más de cuarenta grados y la pegajosa humedad del verano al filo del mediodía en la zona rural oriente de Hermosillo, la gobernadora llegó con todo.

No es inusual que su arribo a los eventos donde va anunciar buenas nuevas esté signado por el abrazo y la sonrisa, el calor de las palabras cercanas, las miradas que se encuentran.

Sus críticos afirman que todavía anda en campaña, aunque no aciertan a precisar para qué; sus cercanos sostienen que el trabajo de legitimación del ejercicio de gobierno requiere no sólo de la gestión y los resultados, sino de mantener al gobernante -a la gobernante en este caso-, en el plano terrenal, humano; en la naturalidad del encuentro con la gente, el tomarse de los hombros, de los brazos, de las manos. En el intercambio de palabras en corto.

En San Pedro El Saucito no fue la excepción. Claudia Pavlovich se llevó buena parte de su tiempo en cruzar la explanada sobre la que fueron dispuestas cientos de sillas bajo las lonas y al ras de grandes enfriadores de aire  que ayudaban a mitigar el rigor de la canícula sonorense que, a la postre y según reveló, fue uno de los argumentos que pesaron más a la hora de sus gestiones para la noticia que daría a conocer más tarde.

Con la gobernadora, cociéndose en su propio jugo venía el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, que no pudo evitar el lugar común de los funcionarios federales, a la hora de hablar para los sonorenses recién llegados del altiplano, sus fríos de agosto y sus lluvias casi perennes: “Gracias por esta cálida bienvenida”, dijo, aunque quizá hubiera querido expresar lo que dijo alguna vez el recordado Carlos Monsiváis cuando anduvo por acá en unas “Horas de Junio”: en Hermosillo no hay habitantes, hay héroes.

Y eso que a Pedro Joaquín Coldwell le fue bien. A Pepe Calzada, el pasado 14 de julio cuando estuvo en la explanada de la ExpoGan le tocó una sensación térmica de 50 grados a la sombra.

Cosas del verano sonorense y la muy larga lucha de los habitantes-héroes de esta región para lograr tarifas eléctricas más bajas, obligados al uso intensivo de aparatos eléctricos para mitigar las altas temperaturas.

En alguna parte de su recorrido hacia el templete, buscando la foto me topé con la gobernadora. Su sonrisa me estalló muy cerca. A Claudia se le dificulta esconder los sentimientos. Si anda contenta, se le nota. Si anda enojada, se le nota.

Ayer andaba con toda la alegría adentro. “¡Lo conseguimos!”, casi me gritó entre risas. “Van a bajar todas las tarifas, en todos los municipios”, agregó.

Y uno que busca la primicia ya estaba tecleando el tuit.

“No, no tuitees nada todavía. Dame chance a la una, cuando se haga el anuncio oficial”, sugirió.

Y bueno, pasaron los momentos de discursos para anunciar los avances del programa “Ahórrate una luz”, con el que el gobierno federal ha entregado 28.4 millones de lámparas ahorradoras de energía, cinco millones de las cuales serán entregadas en Sonora, en municipios con más de cien mil habitantes. Estas lámparas consumen 75 por ciento menos energía y duran diez veces más que los focos convencionales.

En San Pedro el Saucito se entregaron cinco mil de ellas, beneficiando a mil familias de la zona rural oriente.

De allí, los funcionarios se dirigieron al Palacio de Gobierno, donde se haría el anuncio más importante: a partir de hoy, cada usuario de la CFE pagará una tarifa subsidiada (1F, la menor), y ese beneficio será retroactivo al mes de mayo pasado, de manera que a los usuarios les será bonificado ese descuento en los próximos recibos.

Los habitantes-héroes de todos los municipios de Sonora serán incluidos en este subsidio, que ya aplicaba para 39 de ellos, pero al que se agregan los otros 33.

Pedro Joaquín Coldwell mencionó algo en el evento de Palacio de Gobierno. Dijo que Claudia Pavlovich no había prometido eso en campaña, pero lo está cumpliendo.

Inevitablemente la memoria hizo recrear lo que el anterior gobernador sí prometió: no subir ningún impuesto y mantener los costos de trámites y servicios de gobierno sin aumentos. Claro que todo eso fue otra de sus grandes mentiras, con el agregado de que tuvieron el sello de su acta de defunción cuando Guillermo Padrés quiso revivir la tenencia vehicular, lo que terminó enterrándolo en el panteón de los innombrables.

Lo cierto es que en Palacio de Gobierno estaban, entre otros, todos los alcaldes de municipios incluidos en el nuevo beneficio, donde se cuentan indistintamente de su militancia. Por allí Enrique Reyna Lizárraga (SLRC), Cuauhtémoc Galindo (Nogales), Lorenzo de Cima (Guaymas, medio escondido), Raúl Silva Vela (Navojoa), Héctor Ruvalcaba (Agua Prieta) y otros panistas de ayuntamientos más pequeños.

Día de fiesta en Palacio, y también en los hogares sonorenses, donde encender las refrigeraciones equivale a reagendar todo el presupuesto familiar o prescindir de cosas indispensables, pero no tanto como garantizar un clima amable en el hogar. Entre pagar alimentos, escuelas, vestido, o el recibo de la CFE.

Día de columpiarse, como los diputados panistas que al mejor estilo de Alfredo Castillo quisieron colgarse la medalla de esta gestión porque ellos habían enviado exhortos al gobierno federal en ese mismo sentido, pero olvidando que cuando ese gobierno federal tenía las siglas de su partido, guardaron siempre una actitud timorata.

Ya de salida, le pregunté a la gobernadora si es cierto que, considerando todas las deferencias del gabinete federal para con Sonora, era la chipilona del presidente.

Y su respuesta: “¡Qué chipilona ‘vua’ ser! ¡Hubieras visto todas las puertas que tuve que tocar, todo lo que tuve que hacer para convencer a los funcionarios de que en Sonora hay que subsidiar las tarifas porque no hay de otra!”.

COLOFÓN

Sí. A la gobernadora se le dificulta esconder sus emociones. Cuando anda feliz, se ríe y reparte abrazos y miradas chispeantes. Cuando se enoja, fija la mirada, entrecierra sus ojos, aprieta las mandíbulas, toma aire como si quisiera acumular el oxígeno de todo el mundo y luego lo suelta en palabras suaves, sonrisas no tan naturales…

Así fue cuando le preguntaron, al término del anuncio sobre la ampliación del subsidio en las tarifas para todo el estado, sobre la negativa del ex gobernador a comparecer por un nuevo citatorio de la Procuraduría estatal para responder sobre el caso de Gisela Peraza.

La gobernadora se acomodó un mechón del cabello, tomó aire, procesó mentalmente la pregunta. En su fuero interno y a contrapelo de los clásicos del periodismo, quizá pensó que no necesariamente las malas noticias son buenas noticias.

“El señor tiene un amparo para que no hablemos de él, los funcionarios de gobierno. No voy a hablar de eso. Este día es de buenas noticias y no me va a amargar este día”, dijo.

Y se fue, a seguirle, porque mañana también hay agenda con funcionarios federales por el sur del estado.

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