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La clave de la información

Los impuestos de ´la huesuda´

Encima de la pena, el dolor y la aflicción que a su paso deja la inevitable muerte, quienes se quedan en el mundo de los vivos deben enfrentar una serie de vicisitudes y gastos en torno a la despedida final y decidir sobre la última morada del difunto, una que, por cierto, cada año deberá prepararse para recibir el tradicional banquete del 02 de Noviembre

 

Bibiana García Garza

 

SAN LUIS RÍO COLORADO, Sonora.- En la víspera del Día de Muertos de este año y en medio de la última controversia desatada por el Vaticano en relación a dónde deberán reposar las cenizas de los fieles difuntos, el tema de la muerte es tan cotidiano, natural, frecuente y hasta gracioso para los mexicanos como también es tabú e indeseable, no sea que “se le vaya a invocar”, decían las abuelas.

A pesar de que pareciera algo lejano y ajeno, se trata de un proceso del que nadie está exento; a todos nos sorprende pues desconocemos la hora en que llegará, sin embargo, siempre está ahí, agazapada, esperando el momento de hacerse presente en cualquier momento y llevarse a quien guste, bajo cualquier circunstancia… sí, cualquiera.

En efecto, la tan querida y temida Catrina a todos se lleva y no distingue entre edades, estrato social, género, oficio o religión, es más, cada día que pasa nos “perdona” y nos permite vivir para ver un nuevo amanecer pero sólo para acercarnos un poco más a ella porque tarde o temprano arriba y cumple siempre con su jornada diaria.

Aunque la vida sigue para los vivos y no toda la gente se percata de ello, en San Luis Río Colorado mueren entre dos y cuatro personas de diferentes edades por día, una cifra que se incrementa considerablemente durante la temporada de otoño e invierno, y disminuye en la primavera y el verano.

Según recuerda el titular del Registro Civil en esta ciudad, Héctor Buchanan, quien se encarga de la expedición de los documentos del Acta de Defunción, en años anteriores se tiene el registro de que la cifra de muertes aumentaba hasta en un 25 por ciento durante el invierno, es decir, de registrar alrededor de 60 muertos el resto del año, de noviembre a marzo se registraban más de 90.

Por supuesto, las cifras referentes a las defunciones son relativas y van siempre a la par del crecimiento anual de la población generada principalmente por los nacimientos, aunque también por la población migrante y flotante que arriba al municipio.

En 2011 se registraron 826 muertes en todo el año, cifra que en 2015 se incrementó a 974 mientras que hasta septiembre del presente año un total de 858 personas de diferentes edades han cruzado el umbral hacia una dimensión aún desconocida para quienes seguimos en este plano de existencia.

El año pasado fue en el mes de enero en el que se registró la mayor cantidad de muertes (117), y en este 2016 hubo más fallecimientos en marzo y abril, registrándose en ambos meses la cantidad de 118 defunciones, es decir, 236 muertos en 61 días.

No pasa lo mismo en meses como julio, en el que tanto en 2015 como en 2016 se registró la menor cantidad de muertes.

Según la información contenida en los certificados de defunción que entregan al Registro Civil los hospitales o médicos legistas del Ministerio Público, la principal causa de muerte entre los sanluisinos de entre 30 y 80 años sigue siendo los ataques al corazón, enfermedades cardiovasculares o crónico-degenerativas y diferentes tipos de Cáncer así como accidentes automovilísticos y suicidios.

Cabe mencionar que en este último apartado en el que las personas toman la decisión de acabar con su propia vida por diferentes vías el índice ha disminuido en relación a los 25 casos registrados durante 2014, aunque en suma se cuentan poco más de 60 casos sólo en los últimos dos años.

Gastos, ceremonias y última morada

Sin contar lo que pudiera haberse generado por tratamiento médico a causa de una enfermedad o un accidente, el primer gasto al que familiares o amigos del difunto deben enfrentarse es al del Acta de Defunción que expide el Registro Civil tras recibir el certificado del hospital o el Ministerio Público mediante la autorización de un médico legista.

El documento en sí es ´gratis´, pero con copia tiene un costo de 84 pesos y si es requerido que se entregue de inmediato, es decir, fuera del horario establecido para las guardias como fines de semana y días festivos, tiene un costo de 838 pesos.

Comúnmente, este trámite lo realiza de manera directa el personal de alguna de las cinco funerarias que existen en San Luis Río Colorado, quienes a cambio del pago total por un paquete de servicio se encargan de todo, desahogando así la carga a los deudos, incluido el levantamiento, traslado y embalsamiento del cuerpo, ya sea si este será cremado o no, más el velatorio y el traslado.

Estos servicios tienen un costo mínimo de 4 mil 600 pesos, que es lo que cobra la Funeraria DIF, aunque en las empresas particulares varían costos que parten de los 10 mil pesos en un servicio básico, que también ofrece capilla de velación, cafetería, servicio de carroza y ataúd o urna, entre otros.

Es ahí donde muchas personas optan por “tirar la casa por la ventana” y no escatimar en gastos de ningún tipo, mientras que hay también quienes en definitiva no tienen para pagar más que lo básico y a veces ni siquiera eso.

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“Hay mucha gente humilde que batalla con el gasto, o también que no lidió a su enfermo y a lo último quieren darle lo mejor, a veces hasta por culpas, como para lavar la conciencia”, relató la legendaria encargada del Velatorio DIF, Yolanda Osorio.

Los precios pueden elevarse mucho con el costo del ataúd, indicó, dependiendo del material del que esté hecho, pues los hay de diferentes tipos de madera, de metal u otros materiales más económicos, así como también existen los especiales para personas con sobrepeso clasificados como “jumbo”, cuyo costo asciende hasta los 18 mil pesos.

El costo también puede aumentar dependiendo del tipo de capilla que los deudos elijan para velar a su difunto, al que posteriormente deberán llevarlo a la Iglesia, en caso de que las personas profesen la religión católica, o bien, al domicilio del fallecido, su lugar de trabajo u otro templo religioso.

De acuerdo a información obtenida por la Parroquia Inmaculada Concepción de María, las misas de “cuerpo presente” sólo cuestan 500 pesos entre octubre y mayo debido a que se tienen que prender los aparatos de aire acondicionado, lo que constituye un costo para la iglesia, por lo que si el fallecimiento ocurre en temporada de invierno no se cobra, aseguraron administrativos.

En medio del acostumbrado ritual de velatorio, comenta doña Yolanda, quien desde hace años ha trabajado al frente del Velatorio DIF en San Luis Río Colorado, muchas familias acostumbran ahogar sus penas con alcohol, otras rezar el rosario y otras llevar conjuntos musicales para despedir a su ser querido, mientras que a las más difíciles de consolar sólo queda abrazarlas.

“Polvo eres…”

 

En el caso de las cremaciones y el destino final de las cenizas, mencionó, es el Órgano de Regulación y Control Sanitario quien otorga el permiso con un costo de alrededor de 400 pesos.

Dicho oficio establece que los restos quedan a disposición de los familiares y que éstos pueden tenerla tanto en su casa como en un nicho, en el panteón o donde mejor les plazca.

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Esto a pesar de que precisamente esta semana el Vaticano dio a conocer que las cenizas de los difuntos católicos no se pueden esparcir, dividir, o meter en una casa, ni tampoco se podrán crear joyas a partir de ellas, una tendencia que, por extraño que parezca, se ha extendido en los últimos años.

Este ordenamiento es meramente religioso porque, según se dio a conocer, fue motivado con el fin de mantener las cenizas de un difunto en un lugar considerado sagrado como el cementerio o la iglesia, pero no tiene nada que ver con razones higiénicas, económicas, o sociales, admitieron.

La señora Yolanda Osorio, quien trabajó durante más de 11 años en el crematorio de esta ciudad, considera que esa medida tiene que ver efectivamente con una disposición de la Iglesia pero que sólo aplica a los católicos que quieran seguir esa regla pues finalmente cada familia decide qué es lo que hace con su difunto.

Esto porque Control Sanitario no tiene ninguna prohibición relacionada a las cenizas y dónde decidan colocarlas las personas una vez que se han colocado dentro de una urna con un previo permiso oficial, señaló.

Además, afirmó, cada vez son más las personas que recurren a este servicio de cremación en la localidad, sobre todo en comparación a la cantidad de servicios de este tipo que se solicitaban hace unos años en los que cremar a un cadáver era considerado tema tabú o inclusive pecado, aunque no fue algo que la Iglesia prohibiera anteriormente.

Inclusive, en la Parroquia Inmaculada Concepción de María dentro de poco se contará con un espacio adicional para nichos en los que se podrán colocar urnas de difuntos como parte de uno de los servicios que para el próximo año se ofertará a los feligreses, lo que seguramente tendrá un costo.

De entrada el servicio de cremación tiene un costo de poco más de 5 mil 200 pesos más la urna, que cuesta entre 800 y mil 200 pesos –mucho más económico que un ataúd-.

Por otra parte, el Panteón Municipal igualmente cobra sus impuestos (para urna o ataúd) por el espacio que se desea utilizar para la última morada de los difuntos en esta ciudad, es decir, el pago que debe realizarse por concepto de inhumación.

De acuerdo al titular de esta dependencia, Jesús Lara, se debe pedir permiso al Ayuntamiento para poder sepultar a un difunto en cualquiera de los panteones municipales, mismo que cuesta 4 mil 146 pesos, lo que incluye inhumación, gaveta (cámara de concreto para dos ataúdes) y derecho de perpetuidad.

En el caso de los panteones de La Grullita se debe pagar mil 259 pesos, mientras que el costo en el Panteón Paraíso es de 1999 pesos por el permiso de inhumación, esto más los servicios que la empresa particular cobre por su cuenta.

Los costos pueden variar dependiendo del tamaño del espacio para el sepulcro, pero en términos generales esos son los costos que se deben cubrir (poco más de 10 mil pesos), a lo que finalmente se adicionaría, dependiendo de la elección que tome la familia, la lápida o construcción que se realice en el espacio.

De acuerdo a don Noel Domínguez, trabajador de uno de los talleres más antiguos de lápidas de granito, ubicado a un costado del Panteón Municipal, propiedad del señor Jesús Albelaiz y fundado por sus padres, las lápidas más económicas rondan los 4 mil 900 pesos.

De ahí el precio se eleva dependiendo del diseño que se solicite, precisó, cuya demanda por lo general ronda en las lápidas de entre los 10 y los 11 mil pesos, aunque se han llegado a fabricar algunas de hasta 28 mil pesos, como el año pasado, aunque eso es lo menos común.

En total, se puede decir que por la muerte de una persona se pagan entre los 10 y los 15 mil pesos por un servicio fúnebre modesto, con la ventaja de que hay pagos que hoy en día se pueden realizar con antelación y en abonos, aunque como se mencionó anteriormente, no toda la gente se está lista para prepararse ante lo ineludible.

“Sale caro morirse, y es tan triste porque es algo para lo que no te preparas”, concluyó la directora del Velatorio DIF, aunque lo más conveniente, dijo, sería prepararse porque al final de cuentas se trata de una situación inevitable para todos los seres humanos y que si se arregla con anticipación se le evitan problemas de todo tipo a la familia así como la toma de decisiones en momentos de alta vulnerabilidad.

“De lo único que estamos seguros es de que nos vamos a morir, ahora o mañana o, no se sabe…”, asentó. @

 

 

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