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La clave de la información

La corrupción somos todos

El Eslabón Perdido

 

Humberto Melgoza Vega

 

Para estar acordes con los nuevos tiempos, empujados por el hartazgo ciudadano que exige un alto a los excesos de la clase política y gobernante, en todo el país y a su vez en los estados de la República se han puesto en marcha lo que a nivel nacional es el Sistema Nacional Anticorrupción, en los estados se conoce como Sistema Estatal Anticorrupción.

Mientras que en el centro del país no terminan por ponerse de acuerdo, el jaloneo entre las fuerzas políticas a todo lo que da, todos tratando de tener un aliado que les proteja las espaldas  cuando vayan de salida, tanto en Baja California como en Sonora están tratando de armar su propio sistema anticorrupción, en donde también prevalece la tentación del gobierno por meter la mano y colar a personas que respondan a sus intereses.

Actualmente en Sonora se encuentra en marcha el proceso de selección del Comité de Participación Ciudadana, que será parte fundamental del Sistema Estatal Anticorrupción, el cual será integrado por contralores, fiscales, los alcaldes de los 72 municipios y un amplio etcétera en donde está por verse la independencia de los poderes reales, como el Ejecutivo, el Legislativo, donde fue aprobado por unanimidad en lo general, y el Poder Judicial, y sobre todo, la preponderancia del sector ciudadano, que en esencia fungirán como vigilantes, el contrapeso que regule el correcto gasto de los recursos públicos, de todos los entes de gobierno y organismos para-estatales o independientes como los organismos electorales, defensores de derechos humanos y universidades.

La creación de estos mecanismos que pretenden ponerle un freno a la galopante corrupción que ancestralmente ha frenado el desarrollo del país son de nuevo cuño, apenas hace un par de años, cuando vimos que ni la Contraloría General, la Secretaría de la Función Pública o la Auditoría Superior de la Federación (ASF), mucho menos la Procuraduría General de la República  (PGR) metían orden entre los políticos que se volvieron millonarios, haciendo todo tipo de negocios desde el poder, incluyendo jugosos convenios de protección con los principales narcos.

Mientras que México descendía en la espiral de los países más corruptos del mundo, en un acto de vergüenza, el gobierno, los partidos políticos, aceptaron como una graciosa concesión el surgimiento de una nueva figura, con fuerte inspiración ciudadana, la que participe, para vigilar a los políticos, funcionarios y diputados “uñas largas”.

Estos organismos, por fuerza, deberán estar totalmente alejados de intereses grupales, de poder, empresariales,  un real contrapeso para cuidar que, quienes manejan recursos públicos, que se generan de nuestros impuestos –desde que pagamos una multa o las placas–  no se los claven a lo descarado y si lo hacen, que no se vayan impunes, que paguen las consecuencias.

Tristemente nuestro país, nuestro querido México se encuentra en los últimos lugares de los índices de corrupción, tomando en cuenta que el conteo inicia desde lo más cercano al infierno, donde para tristeza de muchos prevalece la desigualdad, la impunidad, la discriminación, la violencia desbordada.

Aunque las experiencias recientes, tanto en lo federal como en lo estatal han alimentado el escepticismo respecto a estos nuevos aparatos burocráticos creados para investigarse a sí mismos, hay que darles al menos el beneficio de la duda de que serán pulcros y cuidadosos en su conformación, y justos y generosos en su ejecución.

El asunto de la corrupción, especialmente en nuestro país, es un monstruo que a todos asusta, pero que de alguna manera todos alimentamos, así que las sanciones deberán ser de ida y vuelta, en ambos sentidos, tanto el que mata la vaca como quien le agarra la pata.

Ya basta de que hasta locos como los yuotubers canadienses que vinieron a Tijuana nos expongan ante el mundo como una sociedad de transas, donde unos policías locales pretendían dejarlos en paz a pesar de que traían en la cajuela del carro un cargamento de “coke”, que resultaron ser latas de Coca-Cola, una broma de mal gusto que se volvió la locura en redes sociales.

 

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