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Más de 15 mil, cifra negra de adictos

La delincuencia y hechos violentos derivados del consumo de drogas duras como ´cristal´ y heroína ha escalado exponencialmente en los últimos años hasta convertirse en una peligrosa problemática social de difícil y costoso tratamiento, sobre todo por la elevada cantidad de personas que han caído en las garras de la adicción y que no se hallan en las estadísticas oficiales

Bibiana García Garza

SAN LUIS RIO COLORADO.- Sin aventurar el cálculo de una cifra que se aleje de la realidad que se vive en esta frontera en relación a las adicciones, es posible que la cantidad de consumidores desde los 11 hasta los más de 50 años de edad supere, por mucho, a las estadísticas que se manejan con base al número de personas que reciben tratamiento.

Esto sin duda, deja al descubierto que la problemática no será fácil de atender y erradicar de un día para otro como se quisiera pues esa “cifra negra” de adictos a las drogas duras como el ´cristal´ y la heroína, en primera, no es fácil de detectar.

Además, ese lado obscuro de las cifras oficiales que, de acuerdo a integrantes del Consejo Municipal Contra las Adicciones ronda los 7 mil 600 adictos, no son el tipo de usuarios que de manera voluntaria aceptarían un tratamiento pues, de entrada, muchas veces ni siquiera están conscientes de su problema.

En la actualidad, sin titubear se podría asegurar de que existen por lo menos 15 mil adictos en San Luis Río Colorado de los cuales, sólo la mitad o menos recibe tratamiento ya sea en centros ambulatorios o de rehabilitación (fijos).

Así lo externó el director del Centro de Atención Primaria para las Adicciones (CAPA) del Centro de Salud, Ramsés Ramírez Clark, quien considera que no es una exageración afirmar que existe esa cantidad de consumidores de droga en la ciudad.

Por el contrario, es posible que en un municipio de más de 250 mil habitantes sean muchas más las personas que padecen de un problema de adicción que las que se piensa pues se estima que sólo se tienen detectados a la mitad de los usuarios porque son aquellos que asisten a recibir tratamiento a alguno de los centros que existen.

“… si hablamos de seis o siete mil atendidos, o identificados que no han sido atendidos, pues estaríamos entonces hablando de una cifra negra mucho más grande, de otro montón que por ahí está, otra mitad, y eso no sería estar hablando un número muy exagerado”, externó.

Eso porque, puntualizó, existen aquellas personas que se rehúsan a buscar su rehabilitación o que simplemente no les interesa.

Prevalece también ese otro porcentaje importante de quienes sí  acuden a los centros y reciben atención pero se mantienen en constante rotación y sólo pasan de un centro a otro repitiendo el ciclo de una adicción a la que no renuncian del todo y, por ende, nunca se reinsertan a la sociedad.

“Tenemos a los que están detectados, que son los mismos que están en los centros y muchas veces nada más pasan de un centro a otro repitiendo el ciclo”, agregó.

Mientras, tanto los usuarios identificados reincidentes que reciben tratamiento, como los que forman parte de la cifra negra, representan un foco rojo para la sociedad pues paulatinamente corrompen el tejido social y generan problemas, el más evidente y preocupante es el que tiene que ver con la inseguridad y la violencia.

También preocupa que una gran parte de los usuarios son menores de edad, que empiezan con marihuana cuando apenas van saliendo de la primaria y terminan usando cristal cuando están en la preparatoria.

“Ahorita nos está castigando mucho el consumo de marihuana, tremendamente, en niños que salen de la primaria, y en la secundaria y preparatoria vemos el consumo de cristal que es tremendamente alto”, anotó.

Entre los usuarios de todas las edades que se atienden en CAPA, precisó, más del 80 por ciento son consumidores de metanfetaminas ya sea ´ice´ o ´cristal´, a pesar de sus efectos negativos en la salud y a nivel social pues el adicto a dicha sustancia se vuelve impredecible en muchos sentidos.

Muchas veces, esas personas se lanzan en busca de dinero para conseguir la próxima dosis que les dará unas cuantas horas de placer y recurren a la delincuencia, mientras que, al mismo tiempo, destruyen a sus familias y hacen lo mismo con su propio cuerpo y su salud mental.

A nivel local, coinciden autoridades, son las adicciones la raíz de la incidencia delictiva y de la violencia de la que la ciudadanía es víctima al igual que los niños y padres de familia cercanos a personas que consumen drogas, sobre todo si se trata de sustancias tan agresivas como el cristal, una droga fácil de conseguir, barata y altamente corrosiva.

A propósito de los últimos hechos violentos registrados en la ciudad, el propio presidente municipal, Enrique Reina Lizárraga, declaró que la causa principal de dichos crímenes es la cantidad de adictos que existe en San Luis Río Colorado.

Sin embargo, admite que el municipio no puede hacerse cargo con un problema tan grande como el de las adicciones por sí sólo y con un presupuesto tan reducido como el que tiene para hacer frente a este problema.

Esto a pesar de que también hay quienes aseguran que el Ayuntamiento está en obligación de resolver dicha situación pues, por ley, el municipio debe procurar una provisión de recursos adecuada a las necesidades de asistencia para personas con adicción, como lo establece el Artículo 18 de la Ley de Prevención, Tratamiento, Rehabilitación y Control de Adicciones del Estado.

Así lo ha declarado en múltiples ocasiones la presidenta de la Asociación Estatal de Centros de Rehabilitación de Sonora, Laura Martínez Dunstan, aunque ha sido refutada por autoridades municipales que insisten en que eso no es posible sin la voluntad del estado y la federación en lo que a presupuestos se refiere.

Soluciones, a mediano y largo plazo

Para el psicólogo y director de CAPA en San Luis Río Colorado, Ramsés Ramírez, el trabajo debe empezar por sumar esfuerzos y primero prever la certificación de la mayor cantidad de centros de rehabilitación para que sea posible brindar atención a la mayor cantidad de personas con problemas de adicción.

Eso sería empezar a ofertar una solución que será tangible en un mediano o largo plazo, pero no a la brevedad, por lo que es importante que los gobiernos trabajen más allá de colores y partidos por un beneficio que trascenderá para beneficio de la sociedad de manera transexenal.

“Necesitamos unir más esfuerzos y juntarnos con todos los niveles de gobierno, y tomarlo como un proyecto transexenal y a largo plazo, buscando el beneficio de estas personas; tenemos que brincarnos partidos, en esto todo eso es irrelevante porque lo importante es trascender en el sentido de dejar un legado para el bien de la sociedad”, afirmó.

Inicialmente, comentó, se debe empezar por certificar debidamente a los centros que cumplen con una importante labor en cuanto a la rehabilitación de las personas con adicciones para que estén debidamente capacitados en lo que se refiere a la reinserción social de los pacientes.

Esto no sólo quiere decir que se “guarde” a las personas en un centro por un tiempo y luego salga, sino que se le ofrezca a esas personas habilidades para reinsertarse a la sociedad y convertirse en individuos productivos, indicó.

Sobre todo porque, explicó, la adicción es una enfermedad crónica y, como tal, quienes la padecen deben atenderse de por vida para evitar recaídas, un tratamiento extremadamente difícil contrario al mito que se tiene de que “es fácil dejar una adicción”.

Ahí es donde es tan importante que los centros estén certificados, agregó, porque al estarlo quiere decir que contarán con personal profesional altamente capacitado para darle el tratamiento más adecuado a los adictos.

“No es nada más etiquetar a la persona como adicto y guardarlo un ratito y esperar a que solo se cure”, mencionó.

Y es que sólo los especialistas pueden atender una enfermedad como lo es la adicción que además es un problema multifactorial muy complicado, reiteró, las drogas son fáciles de conseguir y muy difíciles de dejar.

Es por eso que se tiene que trabajar de manera interdisciplinaria con profesionistas pues aunque hay centros de rehabilitación que cumplen con su labor de buena voluntad, eso no los hace expertos para seguir ciertos lineamientos y entender la fundamentación teórico metodológica detrás de cada uno de los tratamientos, expresó.

Por el momento sólo existen alrededor de seis centros de rehabilitación certificados y otros doce que están en vías de certificarse, de los 16 registrados en la Unión de Centros de Rehabilitación de San Luis, más los que trabajan de manera independiente y que no están en condiciones de certificarse, principalmente por falta de recursos para cumplir con los requisitos.

Por otra parte, señaló, se busca darle seguimiento a uno de los proyectos que se ha planteado en el Consejo Municipal contra las Adicciones, que es el de crear un instituto municipal contra las adicciones.

“Es una muy buena idea porque así podríamos sumar esfuerzos, por ejemplo, nuestros programas, con su infraestructura, presupuesto del estado o de la federación y sumar, sobre todo en beneficio de ese montón de gente que a veces no tienen recursos para costear un tratamiento”, apuntó.

Ramírez Clark añadió que eso se tiene que sumar a otro tipo de acciones como las campañas preventivas, muy importantes para difundir información fidedigna sobre las consecuencias que atrae el uso de drogas, y también la labor que se realiza de la mano con el sector educativo.

Eso más allá de políticas prohibicionistas, abundó, que a lo largo de los años han demostrado su inefectividad.

“La política prohibicionista no funcionó, ahora estamos informando  y además estamos añadiendo un nuevo factor que es el desarrollo de habilidades en lo tenemos que trabajar con los niños desde primaria”, asentó.

Entre estas habilidades que se desarrollan en niños y jóvenes son comunicación, toma de decisiones, solución de problemas, manejo de las emociones, trabajo colaborativo y control de impulsos mediante actividades recreativas encaminadas al deporte y a las actividades artísticas.

“Todo eso tenemos que trabajarlo para que cuando le ofrezcan la droga al joven puedan decir que no y eso no les afecte”, comentó.

Sin embargo, admitió, se trata de un proyecto a largo plazo pues inmiscuye cambios generacionales y “enquistarse” en el sistema educativo para complementar la formación de esos niños y jóvenes para que en un futuro finalmente sea posible reducir los índices de drogadicción en la comunidad, tanto dentro como fuera de la estadística. @

 

 

 

 

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