Escuelas privadas, en riesgo de cierre pese a mantener cobros y clases en línea durante epidemia

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Nayeli Roldán / Animal Político

Hacer hasta 10 ejercicios de inglés, francés, matemáticas y español a diario cuando comenzó el confinamiento a causa de la pandemia de COVID-19, en marzo pasado, provocó que Lorenza de 7 años protestara. “No somos esclavos, queremos libertad”, fue el reclamo a sus padres en una especie de manifestación que organizó con su hermanito.

Pero la entrega de hasta 50 tareas a la semana que debían escanear y mandar a la maestra no sólo estresaba a Lorenza, sino también a sus padres que seguían trabajando de tiempo completo pero además debían enseñarle diptongos, hiatos del español, conjugaciones de verbos en inglés o multiplicaciones, como estaba previsto en el programa de estudios de la escuela Molière Liceo Franco Mexicano.

Los padres tomaron la decisión de disminuir la carga de trabajo y luego la escuela comenzó a impartir hasta tres clases por zoom a la semana, pero la plataforma no es tan sencilla para una pequeña de 7 años, por lo que necesitaba un adulto a su lado.

Salvador del Toro, su padre, explica que pese al cambio en la modalidad de trabajo, la escuela siguió cobrando la colegiatura de 8 mil pesos mensuales, aunque accedieron a otorgar 10% de descuento ante la contingencia, pero en su caso no aplicaba porque ya tenía una beca de ese monto.

Para el próximo ciclo escolar cobrarán la reinscripción de 14 mil pesos y la colegiatura aumentará 200 pesos, pero los maestros de la escuela tuvieron una reducción de 30% de sus salarios.

Salvador pregunta “por qué la escuela no aprovechó el momento histórico para que los niños reflexionaran sobre solidaridad, aprovechar el entorno de la casa, aprender a manejar el encierro”, sobre todo para estudiantes de esas edad.

Por eso, dice, “mi pesadilla es volver a pasar todo esto hasta enero. Las escuelas privadas tienen que ser reguladas por el Estado, porque hay dueños millonarios, maestros y alumnos pobres, de dinero y preparación respectivamente”.

El secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, aseguró que la dependencia apoyará en algunos temas con “gestoría” con escuelas privadas, “estamos agilizando para que se dé una relación ágil, y, sobre todo, pues que vean como todo el sistema educativo”, pero no existe claridad sobre lo que podría hacer la autoridad con el sector privado.

Lo que está sucediendo en escuelas privadas son acuerdos, cuando se puede, entre los padres de familia y las instituciones para dar ciertas facilidades en el pago de colegiaturas en un escenario en el que muchas familias han perdido sus negocios o trabajos, pero sin ninguna intervención al respecto por parte de la SEP o la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco).

Alfredo Villar Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Escuelas Particulares – Asociación Nacional para le Fomento Educativo (ANFE-ANEP), asegura que 40% de las 47 mil escuelas particulares se encuentran en riesgo de cierre para el próximo ciclo escolar debido a las complicaciones económicas porque siguen pagando renta, servicios y salarios, pese a la deserción de estudiantes o incumplimientos en los pagos.

De hecho, un ejemplo de cierre durante el confinamiento está en Zapopan, Jalisco, donde 5 escuelas de educación básica cerraron porque los padres no volvieron y no fue sostenible pagar renta de las instalaciones sin saber cuándo iban a regresar, comenta Luis Ramírez, director de secundaria privada y entrenador de Google.

Ante el riesgo de cierre de opciones educativas, Villar Jiménez sostiene que los padres “sí deben pagar colegiaturas porque es contrato civil, pero si los padres de familia han perdido el empleo se ha llegado a acuerdos, se están aceptando propuestas, pero la obligación existe porque la escuela no suspendió el servicio, sino el gobierno decidió suspender por contingencia”.

Pero a diferencia de la educación pública, que, según dijo el titular de la SEP, las clases se darán por televisión, en las escuelas privadas le apuestan por plataformas para clases en línea. Aunque hasta el momento la autoridad federal no ha informado a las instituciones privadas cuáles serán los parámetros bajo los cuales les estará permitido trabajar.

“Lo que pedimos es que nos den las facilidades para que podamos regresar en las mejores condiciones, que, por ejemplo, nos permita que el maestro pueda estar en el salón y con alumnos conectados”, porque obligar solo a clases por televisión perjudicará a los estudiantes.

Por eso Villar Jiménez llama a que “el gobierno no esté tomando decisiones unilaterales de acuerdo a sus ocurrencias. Tiene que participar la sociedad” para que todos los actores, incluyendo las escuelas públicas puedan aportar a la solución, insiste.

La distancia afecta igual a escuelas públicas y privadas

Si bien existen claras diferencias entre las herramientas que ofrecen las escuelas privadas y los medios disponibles para familias que pueden pagar una colegiatura que por supuesto impactará en el aprendizaje y ensanchará la desigualdad ya existente antes de la pandemia, las afectación será para todos.

Para la investigadora en evaluación de políticas sociales y educativas, Teresa Bracho, el principal impacto está en la socialización y en la construcción como comunidad educativa porque “la escuela no solo transmite conocimientos, sino socialización”.

En la escuela los niños conocen “los límites y alcances individuales y grupales, la relación con la autoridad y otros compañeros. Lo que importa en la comunidad es la clase de vínculos que alcanzan”, explica Bracho, exconsejera del Instituto Nacional de Evaluación para la Educación.

También la relación de los padres de familia con los maestros y estos con sus alumnos. Por eso, dice, “mantener esa comunidad viva es lo que hace que la educación pueda seguir funcionando. La desigualdad se va a acentuar, pero todos se verán deteriorados en nivel de aprendizaje, no solo los que están en las peores condiciones porque la no interacción es un tema que afecta a todos”.

Si bien “las escuelas particulares tienen más recursos tecnológicos y los papás medio saben, tampoco es una forma completa de dar educación”. Mientras que en las escuelas públicas “pedir que los maestros den seguimiento puntual a todos sus alumnos con evidencias es absurdo. Solo provoca desgaste de los padres, niños y profesores”.

Carmen Ruiz lo ha comprobado con su hijo Isaac de 9 años, alumno de la escuela privada Leonor Baqueriza. “Como mamá me enfrenté a cosas que antes no hacía. Al regresar de la oficina revisaba tareas, pero ahora no solo es ver que lo haga bien sino enseñarle, pero hay cosas que no me acordaba y tengo que buscar tutoriales”.

También ha tenido que hacer gasto adicional a las colegiaturas, como los 11 mil pesos para comprar una computadora y el aumento en el pago de servicios como luz e internet. Sumado a las colegiaturas de 1,720 pesos que no ha variado desde la pandemia aunque reconoce que la directora está consciente de la situación y los padres en situación complicada están acercándose a pedir alguna prórroga.

También pagará la inscripción que asciende a 2 mil 100, un libro de computación de 300 pesos y un pago único por 250 para sostener la plataforma mediante la cual le darán clases que servirá como complemento independientemente a la estrategia que definiera la SEP, según le informaron desde hace un mes.

Humberto Melgoza Vega
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