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La reencarnación de Tin Tan vive en San Luis

Los pachucos surgieron en la década de los cuarenta en Los Angeles, inmigrantes mexicanos que buscaban una identidad propia, un reto a la cultura de los Estados Unidos. El primer pachuco mexicano lo fue el gran Tin Tan, quien adoptó ese estilo cuando anduvo en el “otro lado”. Roco, cantante de La Maldita Vecindad, es por ahora el heredero, pero en San Luis también tenemos a nuestro propio pachucote, de carne y hueso. 

 

Humberto Melgoza Vega

 

En el año 2000, cuando Jorge llegó a San Luis, proveniente de su natal Ciudad Obregón, miró una ranflita de esas oldies que usan los cholos, con su pintura reluciente, rines de rayitos, circulando a vuelta de rueda.

De tanto que le gustó aquella nave multicolor, que parecía de otro planeta, su papá se comprometió a llevarlo al siguiente car-show en el Bosque de la Ciudad y ahí terminó por enamorarse de la cholo-cultura.

Tenía apenas 10 años de edad, todavía era un niño, pero desde entonces supo que ese sería su estilo de vida.

Jorge López Gocobachi, apellido que en yaqui significa “Paloma comiendo maíz”, se transformó en otra persona con su llegada a la frontera.

En su mente ya tenía resuelto el problema, solo le hacía falta un pequeño detalle: el vestuario.

“Una vez andaba con mi mamá en una segunda y me encontré una gabardina, lo miré como una señal y dije `de aquí soy´”, recuerda Jorge, el Pachuco sanluisino.

Después, se fue con una costurera y le pidió que le hiciera uno pantalones a su gusto, pegados a la cintura, con la pretina bien ancha, aguados y con pincitas, y cerrados al tobillo, con valenciana.

Ya luego fue consiguiendo las camisas, los zapatos de charol, se compró una cadenita que le colgaba del pantalón y, muy importante, el “tandito”, como se les llama en el argot de la raza a los sombreros del tipo que usaban Los Intocables.

“Cuando estaba morro mi papá me regaló un carrito Escort y yo lo cambié por un Montecarlo, quería traer un carro low rider, como esos que había visto en el car-show, con la pintura bien de aquellas, con el motor cromado, la defensa cromada…”.

Estilo de vida

La decisión de adoptar la cultura de los cholos ha estado llena de vicisitudes, nos cuenta Jorge Gocobachi, desde personas que lo juzgan mal por su aspecto, muchas veces relacionado con vagancia, drogas y delincuencia; hasta quienes lo chulean por su “look” al estilo de Tin Tan y hasta le piden tomarse una foto.

Algo así le pasó cuando entró a la prepa del Cecytes, que hasta le tenían miedo, pero tan pronto se dieron cuenta que era un buen chico, serio, tranquilo, hasta con buenas calificaciones y de pilón, con aptitudes para el baile y el canto, a todos se los echó a la bolsa.

“Esa es una de mis misiones”, confiesa “George López”, como aparece en su perfil de Facebook, “siendo un buen ejemplo lograr que la gente ya no se asuste cuando vea a alguien vestido de cholo, o que piensen que los van a asaltar, que no juzguen por la apariencia porque no todos somos malas personas, pero por unos la llevan todos”.

Fiel admirador de Tin Tan –“el Pachuco de oro”, le llama–, Jorge se metió tan de lleno en el personaje que ya son uno mismo, se acuesta con él y todos los días lo verán vestido así, bien línea, hasta en el trabajo, donde se admiran sus compañeros de la maquiladora Flex.

Creyente mas no practicante, el Pachuco sanluisino, que no usa drogas ni bebe alcohol, a veces se pregunta por qué de repente le va tan mal en la vida. Enseguida reflexiona y siente que están poniendo a prueba su fe en Dios.

El año pasado, exactamente el domingo de Día del Padre, la casa donde vivía con su madre se le quemó con voraz incendio, originado se cree que por un corto circuito. Ahí se fue parte de su vida, sus trajes de colores, recuerdos y fotografías y lo más triste, su equipo de grabación con el que hacía sus mezclas, rapeos y arreglos musicales.

“Lo bueno es que gracias a Dios no hubo pérdidas de vidas humanas, nada más materiales, ahí nos hemos ido levantando, poco a poco”, comenta Jorge López, quien ahora tiene una nueva inspiración con su hija Kendra de 2 meses de nacida.

Hace un par de semanas, el Pachuco estaba programado como el plato fuerte de la exhibición de carros organizada en el ejido Puebla pero de último minuto se le descompuso su lap top en la que ya tenía preparadas sus pistas, mezclas al ritmo de rap, hip-hop, urban style y oldies con las que presenta su espectáculo bajo el nombre artístico de Pachuco Gángster.

“La neta que hasta lloré del coraje”, confiesa y de nuevo se le ponen los ojos rasados.

Pero la vida de un “gangsta” también está llena de buenos momentos y satisfacciones como la vez que conoció en La Feria del Algodón a Roco de La Maldita Vecindad, el Pachucote mayor, donde aprovechó para tomarse la foto del recuerdo, las presentaciones con su ex grupo de rap Intelecto Callejero, el trabajo, el amor de sus seres queridos, el nacimiento de su hija…

Cargado de buena vibra, el Pachuco Gocobachi sueña despierto, confía en que un día será famoso, ganará mucho dinero y podrá sacar adelante a su familia. Mientras tanto, se preparara para un día más de labores en la maquila… @

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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